30.000 personas abarrotan el centro de Valladolid para festejar el ascenso a Primera

30.000 personas se dieron cita en la Acera de Recoletos para festejar el ascenso con los jugadores. / G. Villamil

Mata se convirtió en absoluto protagonista de la fiesta final antes de su inminente marcha del club

J. A. Pardal
J. A. PARDALValladolid

Seguro que Jaime Mata lo había pensado y repensado decenas de veces. Llevaría muchos días dándole vueltas a la cabeza sobre el modo en el que se iba a despedir de la que durante dos temporadas ha sido su afición.

La emoción, para nada contenida, le puso muy difíciles las cosas. Tuvo que tragar, empuñó el micro con fuerza, pero cuando fue a hablar sobre el escenario ubicado en la Acera de Recoletos no pudo hacerlo. Primero porque los más de 30.000 asistentes a la fiesta final del ascenso a Primera se lo impidieron con un sonoro '¡Mata quédate!', y después porque fue incapaz, abrumado ante tanto cariño por parte de la afición blanquivioleta. Los compañeros corrieron a abrazarle y Borja se encargó de intervenir, para rebajar la tensión del momento, que amenazaba con desbordar el corazón de más de uno.

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Durante el momentazo de la tarde, cuando sonó 'La senda del tiempo' de los Celtas Cortos mientras todos los aficionados exhibían sus bufandas y banderas del Real Valladolid, se le vio interviniendo en televisión y esos instantes de resuello parecieron darle fuerzas.

La música se cortó de sopetón y el autor de 35 goles en esta temporada con el equipo arrancó su alocución, con las lágrimas brotando de sus ojos. «Simplemente agradeceros tantísimo cariño desde el primer día. El año pasado, cuando estaba en banda corriendo como un pollo sin cabeza, estabais animándome y valorando el trabajo. Eso ha llevado a lo que tenemos hoy. A disfrutar de Primera, que nos salvemos cuanto antes. Aúpa Valladolid. Os quiero con todo mi corazón».

Para cuando finalizaron las palabras del punta, que dejaron una sensación agridulce en la calle y que terminaron por encumbrarle como un ídolo que pasará a los anales de la historia blanquivioleta, el subidón de la fiesta ya se había dejado notar.

Los futbolistas fueron presentados uno por uno y muchos de ellos se atrevieron a coger el micrófono. El portero del filial Guille Lara, al más puro estilo de Pepe Reina, se atrevió a contar un chiste, Ontiveros se limitó a corear un cántico secundado por la afición y Antoñito, entonó un 'leonés el que no bote' de dudoso gusto, pero eso sí, «sin ánimo de ofender a nadie», como él mismo dijo en el arranque de su intervención.

Hubo tiempo para todos. Para Becerra, que se acordó del trabajo del preparador de porteros, José Manuel Santisteban, para Álvaro Rubio, al que Borja obligó a intervenir, o para el médico Alberto López, entre cánticos de 'Alberto habilidoso'.

Más allá de los discursos más o menos eufóricos y más desenfadados, Sergio, uno de los más aclamados de la tarde, volvió a restarse protagonismo, recordando a todos que él solo es «la cabeza visible de un gran cuerpo técnico» y que «los futbolistas son lo más importante. Ellos se lo han dejado todo», afirmó ante una afición entregada.

Mejoras en el estadio

El primero en intervenir en la fiesta fue el alcalde de la ciudad, Óscar Puente, que aseguró que, aunque todos piensa en el dinero cuando se reflexiona sobre el ascenso, «lo más importante es la alegría de la gente, que no tiene precio». El primer edil aprovechó para realizar dos anuncios. Por un lado, la firma el miércoles de un decreto «para que el Real Valladolid tenga una calle en la ciudad». Por otro, afrontar un «cambio importante y profundo del estadio» que tendrá que acometerse pronto, puesto que la Primera comienza en dos meses.

Como no podía ser de otra forma, hasta el primer edil tuvo que interrumpir su discurso ante los '¡Mata quédate!'. Él no será el único que deje el club este año, pero sí uno de los más recordados. Pucela no quiere despertarse de un sueño en el que él madrileño es su pichichi.

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