Ambición, criterio

Hervías se lleva el balón ante dos rivales./M. Rojas
Hervías se lleva el balón ante dos rivales. / M. Rojas
JUAN ÁNGEL MÉNDEZValladolid

El Real Valladolid por fin salió del armario. El conjunto blanquivioleta recuperó la ambición, el ritmo, la presión, la personalidad. El libro de Sergio encontró la tecla en el segundo envite. Y eso que su debut no invitaba precisamente al optimismo, pero en Oviedo el cuadro castellano se desgarró la camisa y se liberó. Por momentos, recordó al equipo que deslumbró en los albores del curso y desmontó el ímpetu como local de su adversario con empaque y criterio. Justo lo que le había faltado en los últimos compromisos.

Las bajas obligaron a Sergio a cambiar el paso y romper la monotonía del primer capítulo. El técnico apostó por apretar las líneas e inyectar más de una velocidad a su equipo. La fórmula funcionó porque el dibujo resultó mucho más dinámico. Luismi se encontró cómodo al lado de Míchel, con más imaginación que Borja, y el cuadro castellano exhibió un repertorio más amplio. El balón ganó velocidad. Por fuera, por dentro. El fútbol fue algo más que desplazar el cuero de una banda a otra sin más ambición que esperar al robo del contrario. Ayer no. Toni, Plano, descomunal en la media punta, y Hervías metieron la quinta marcha, desbordaron y presionaron como si cada jugada fuera la última. Dinamitaron el entramado defensivo de Anquela. El Real Valladolid volvió a presentarse como un grupo solidario, con fe para contener, bien armado, y con desmarques de ruptura que partieron en dos las líneas ovetenses hasta que Mata hizo diana y el conjunto azulón se autogoleó dos minutos después. Fin.

Esta vez no hubo miedo. Dos goles y a seguir jugando. Nada de esconderse en la frontal del área propia esperando el golpe de gracia. El Real Valladolid aprendió a sufrir sin pánico, demostró ese aplomo que se le venía reclamando desde hace meses, el gen de un equipo que necesitaba pasar del verbo al sacrificio. Por fin cambiaron el 'tenemos que' por el 'vamos a'. La victoria ante el Oviedo no sirve para llegar a la promoción, pero sí para suturar heridas y soldar grietas. El abrazo con el que despidieron el encuentro muestra que los puntos pueden representar el impulso que se requería. Ante Cádiz el técnico tendrá que volver a recomponer su esquema y no podrá contar con su mejor pieza. Si hay vida más allá de Mata, entonces volveremos a confiar en la fuerza del grupo para pelear de nuevo por el sueño.

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