Un canterano en las oficinas

JAVIER YEPES

Reconozco que en la presentación de José Moro, el exitoso bodeguero de la Ribera del Duero, como nuevo dirigente ‘de facto’ del Real Valladolid, el pasado día 3, hubo dos cosas que me llamaron positiva y poderosamente la atención.

La positiva, sin duda fue la presencia de los dos Josés; uno, García Calvo, un extraordinario jugador al que la condición humana le acompaña en la misma proporción, y el otro, José Moro, al que tenía solo por gran aficionado.

La que llamó mi atención poderosamente, fue sin duda alguna, la foto que este último portaba en su mano. ¡Coño, una foto en blanco y negro del Pucela juvenil, pensé! ¿De que año puede ser? ¿Y, en que equipo jugaba?

Uno que ya no tiene la vista de antes –la presbicia y el calendario han hecho su trabajo– no tuvo más remedio que llamar al periódico para decir que quería ver esa foto. Y ahí surge esta historia.

Yo ingresé en el club en el verano de 1980, tras la llamada del presidente Gonzalo Alonso y del secretario técnico Ramón Martínez. El encargo era entrenar al Real Valladolid Promesas, hoy Real Valladolid B, y la intención: que el mayor número de futbolistas llegasen a jugar cuanto antes en el primer equipo.

Para entonces, el club ya tenía unas categorías inferiores estructuradas que por encargo del anterior presidente, Fernando Alonso, el auténtico padre de este invento, gestionaba en toda su amplitud Ramón Martínez con la ayuda inestimable de Santiago Llorente. La RFEF creaba en la temporada 1976/77 la Liga Nacional de Juveniles y Fernando les había encargado a Ramón y Santi la organización de este equipo; y en ese intento de escalonar por edades y condición técnica a los futbolistas del club, se crearon posteriormente los diversos equipos juveniles propios y filiales.

Uno de los equipos emblemáticos de entonces en esta categoría era el Cristo Rey, vivero de grandísimos jugadores, y filial del Real Valladolid en la temporada 1977/78 donde aparece nuestro protagonista. A Manolo Manrique, Tomás, Juan Carlos Díez, Patri y Pablo Martín Sáez les llegué a dirigir en el Promesas e incluso en el primer equipo del Pucela.

A ese Cristo Rey que entrenaba Antonio Galindo Rincón, y en el cual José Fierro y Miguel Hernández eran almas mater, llegaron Manrique, Mariano y Moro cedidos por el Pucela. José era un 8 técnico con llegada y gol, que ‘se manejaba’ bien fuera del campo.

Amigo José, permíteme el trato, tienes que enmarcar esa foto y colocarla en la mesa de tu despacho en las oficinas para que se sepa quiénes somos como club y de dónde venimos en esta casa. Como la condición de canterano suele unir, si te parece, nos tomamos un café y charlamos.

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