Dos caras

Óscar Plano y Sulayman luchan por un balón en el Real Valladolid-Almería./G. Villamil
Óscar Plano y Sulayman luchan por un balón en el Real Valladolid-Almería. / G. Villamil
JUAN ÁNGEL MÉNDEZValladolid

Los grupos de WhatsApp son, en muchas ocasiones, un infinito reguero de mensajes sin demasiado contenido, pero el viernes recibí uno que define la realidad que vive el Real Valladolid. Lo reproduzco. «Tengo dos entradas para el Pucela. No sé si es un regalo o una faena (omito el taco) la invitación». Es lo que hay. La afición de toda la vida aguanta en la butaca con resignación, pero muchos ya han perdido la esperanza y cuando les ofreces una entrada para acudir a Zorrilla, declinan el detalle sin pensárselo dos veces. Nadie levantó el índice para aceptar los tickets, cuando en otras épocas habría habido tortas por hacerse con ellos.

La verdad es que no me extraña esta huida del estadio, porque no vive momentos de excesiva brillantez el cuadro castellano. Eso sí, al menos superó al Almería y sigue a bordo del autobús de los posibles candidatos al ‘play off’, aunque para no bajarse antes de hora deberá revisar sus planteamientos y esquivar fiascos como el que firmó en el primer acto.

Esta vez, Luis César reaccionó a tiempo, pero estuvo a punto de ganarse el portazo que le vienen ofreciendo Suárez y Gómez en las últimas semanas. El primer episodio del duelo ante el Almería resultó bochornoso. Desde el gol de Sulayman hasta la desnudez de su dibujo cuando el contrario hilvanaba un par de combinaciones. Con Mata aislado y las líneas separadas por kilómetros, el conjunto de Alcaraz lo tuvo muy fácil para llegar y acongojar. Su realidad ofensiva salvó al Valladolid de una goleada. Faltó intensidad y orden, algo impropio de un equipo que sueña con el ascenso. La circulación del balón careció de velocidad, la sorpresa murió en el limbo. No hablemos del juego coral, que ha dimitido, porque a pesar de la mejoría tras el descanso, el equipo pucelano subsistió por la calidad individual de sus futbolistas más creativos.

Míchel y Plano cambiaron el guión. Es difícil comprender por qué el primero no tiene hueco en el cuaderno de Luis César. Sus razones tendrá el técnico, pero aporta pellizco y resta distancia entre Mata y los demás. Soy optimista por naturaleza y prefiero quedarme con la victoria, pero tanto el entrenador como sus jugadores no deberían dejarse engañar por el tanteo. Que la calidad individual prime sobre el aspecto colectivo te da triunfos como el del domingo, pero también te envía a la cuneta si no sabes gestionar tu bipolaridad. Es la misión que tiene Sampedro esta semana para no regresar de Lugo con un nuevo sopapo.

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