Real Valladolid

El césped de Zorrilla fue una fiesta

Los jugadores del Real Valladolid mantean al técnico Sergio González. /G. Villamil
Los jugadores del Real Valladolid mantean al técnico Sergio González. / G. Villamil

El equipo celebró el ascenso con un Zorrilla entregado

J. A. Pardal
J. A. PARDAL

Por fin, después de muchos años de travesía por el desierto, el estadio Nuevo José Zorrilla se sintió absoluto protagonista del planeta fútbol. Lejos de la fría Rusia, donde centenares de jugadores sueñan con convertirse en campeones del mundo. 25 futbolistas, un entrenador y su segundo, todo un cuerpo técnico, un club y una enorme afición se sintieron los mejores no del planeta tierra, sino del universo.

Los noventa minutos de trámite en los que terminó por convertirse la vuelta de la final del 'play-off' no hicieron más que alimentar con gasolina la hoguera que llevaba días fraguándose en la ciudad pucelana, donde el ascenso se tocaba con la punta de los dedos desde la victoria por 0-3 en Los Pajaritos.

Más información

A eso de las 22:20 de la noche, la olla a presión reventó por fin y lo hizo con el estallido de todos los presentes en el coso vallisoletano y con la alegría que seguro disfrutaron los miles de seguidores del equipo que no pudieron estar en él.

Saltando sobre el carrito

Toni Villa saltando sobre el carrito de los sanitarios, conducido por el médico del equipo Alberto López Moreno, los familiares de los futbolistas corriendo en manada hacia ellos o la multitud de banderas que vistieron las espaldas de los futbolistas (Gianniotas, Anuar o Deivid lucieron la griega, la ceutí o la canaria, respectivamente), no fueron más que algunos puntos de atención a los que mirar ante la detonación nuclear que acababa de revolver la ciudad. El Pucela ya era equipo de Primera y nadie quería perdérselo.

Todas las galerías de fotos

No faltó a la fiesta ninguno, ni siquiera Míchel y Luismi, ambos en muletas por sus respectivas lesiones de tobillo; ni Cotán, operado hace unas semanas de su rodilla. Lukas Rotpuller, que no ha jugado ni un minuto desde que llegó a Zorrilla en febrero, cantó el ¡Pucela, Pucela!, como si hubiera nacido en La Rondilla, e incluso se arrancó a coger el micrófono y alcanzó a decir en castellano un atropellado «Buenas tardes amigos» y otro «hoy fiesta y nada más».

Otros, como Sergio, estuvieron más comedidos a la hora de tirar de micrófono desde el centro del campo y se acordaron de la afición, a la que le pidieron seguir apoyando el equipo el próximo año. El más gritón fue también el que más veces ha chillado a lo largo de la temporada. Lo ha hecho en 34 ocasiones, tantas como goles ha anotado. Jaime Mata ha reventado los registros goleadores y ha firmado con oro sobre una portería (la del fondo norte) donde terminó fotografiándose con toda su familia. Si él arrancó su intervención en el centro del campo con un sonoro «¡Buenas noches Pucela!», el público la remató cantando el «Mata, quédate», que se convirtió en la frase más repetida de la noche vallisoletana.

Mucho más calmados estaban otros como el lateral Nacho, que en la bocana de vestuarios, antes de que el 'speaker' glosara su figura y las gradas corearan su nombre, se situaba el último de la fila, tras sus compañeros, observando con ojos privilegiados todo lo que ocurría sobre el césped. No es que estuviera tranquilo, sino que reconocía que lo que había era soltar «poco a poco» toda la tensión acumulada en las últimas semanas.

No faltaron las fotografías con los hijos e incluso Sergio posó con sus dos retoños, la segunda de ellos recién nacida hace menos de un mes. Para demostrar la enorme familia en la que se ha convertido este equipo en las últimas semanas, solo cabe decir que la foto de familia del técnico catalán con su mujer y sus dos pequeños la tomó el director deportivo del Real Valladolid, Miguel Ángel Gómez, con el teléfono móvil del primero de ellos.

Tanto Sergio como el delegado del equipo, Paco Santamaría, fueron los manteados, en un cierre de fiesta en el que todos demostraron su implicación con los colores blanquivioletas, más allá de los minutos de los que hayan disfrutado a lo largo de la temporada.

Si el Real Valladolid está en Primera es gracias a la unión de un equipo que nunca las tuvo todas consigo hasta que consiguió clasificarse para el 'play-off', en el que, como reconoció Jaime Mata, tuvieron tiempo hasta de disfrutar, porque llegaron a él muy fuertes. La noche arrancó con la ilusión por las nubes y prometía que nadie se iba a bajar de ella en muchas horas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos