Cholismo ilustrado

Sergio da instrucciones a sus jugadores durante un entrenamiento. /G. Villamil
Sergio da instrucciones a sus jugadores durante un entrenamiento. / G. Villamil
JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

Escribía en este mismo rincón la semana pasada que era el momento de la ciudad, de la afición. Y Valladolid respondió con vigor a la llamada. La hinchada marcó el primer gol y descosió las costuras de Zorrilla para arrinconar al Osasuna. Es el camino. El barco ya está lleno y no puede bajarse nadie hasta que Sergio y sus futbolistas lleven la nao a puerto. El fútbol ha vuelto para quedarse. La grada y el equipo por fin avanzan juntos, pero la comunión no solo responde a la euforia que siempre desatan los buenos resultados, el juego también influye y ahora el cuadro castellano gana y entretiene, engancha, lo que ha convertido su anterior serpenteo en una llana autopista sobre la que ha iniciado el despegue hacia una vida mejor.

El deporte es un estado de ánimo y el Real Valladolid tiene la adrenalina desbocada. Todo lo contrario que su primer oponente, el Sporting, que todavía se encuentra en plena digestión del sopapo que significó no poder cambiar de categoría por la vía rápida. En el fútbol, las dinámicas marcan la pauta, pero las trayectorias no son eternas, el blanco que hoy deslumbra puede pasar al negro más opaco en cuestión de minutos. Por eso, el conjunto blanquivioleta debe mantener las señas de identidad que le han guiado hasta la puerta del paraíso y no fiarse de los mensajes de inestabilidad que llegan desde Gijón.

Sergio y los suyos deben apostar por el 'cholismo ilustrado'. La filosofía del 'partido a partido' tatuada en el corazón. Todo lo que sea pensar más allá de 90 minutos dará acceso a la especulación y el Real Valladolid necesita mantener la ambición en el punto álgido, sin pensar en el duelo de vuelta. Con inteligencia, sí, pero sin trasladar la mente al segundo embroque antes de resolver el primero.

El Real Valladolid ha llegado al vestíbulo del ascenso con argumentos que recuerdan a épocas de gloria pasadas. Sergio ha dibujado un patrón de juego que sus futbolistas escenifican sobre el césped con contundencia y brillantez. Ha vuelto la solidaridad, Mata sigue a lo suyo y el técnico ha encontrado, por fin, un equilibrio entre la garantía defensiva y la creatividad ofensiva. El balón, ya era hora, busca los espacios que genera el acompasado movimiento de todas las líneas blanquivioleta en el dibujo del adversario, al tiempo que Plano, Hervías y Toni son el hilo conductor de una sinfonía que ya suena afinada. Estás en tu momento, Pucela. La ciudad quiere más y todos nos merecemos más. #NoAflojes.

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