El cofre del tesoro

Partido de vuelta

Pese a los problemos defensivos que acusa el Real Valladolid, el articulista confía en la labor del entrenador para subsanar un problema que lastra el juego alegre del equipo

JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

La Segunda División es como una isla desierta que guarda en sus catacumbas un cofre secreto lleno de monedas, el oro que conduce a un mundo mejor. El problema que se encuentran los equipos que caen en este laberinto reside en que no sólo basta con elegir bien el mapa y llegar al baúl. Ni siquiera abrirlo, sino tener la paciencia para recoger todas las monedas y salir pitando sin que los doblones se pierdan en la huida.

Y en esta encrucijada sigue inmerso el Real Valladolid. Luis César ha encontrado la llave que descorcha el cofre, lo revienta y las monedas vuelvan como si empleara dinamita. El problema viene cuando tiene que guardarlas para escapar de las penurias y vivir en el paraíso. El saco sigue agujereado. El técnico ha explorado todas las vías para que su sistema defensivo, ya no tanto la retaguardia, tapone las autopistas de agua que halla el enemigo para perforar con facilidad su meta, pero hasta la fecha, sobre todo a domicilio, las ocasiones rivales se convierten en gol con una facilidad preocupante. De hecho, es el segundo equipo que más encaja.

Hay dos asignaturas clave en el expediente académico de un equipo que quiere cambiar de código postal. Una es la eficacia, una materia en la que el Real Valladolid va camino de la matrícula. La otra reside en convertir su área en un campo de minas para el contrario, algo que todavía se encuentra en suspenso, lo que hace que la calificación sea de un bien raspado, pero con la puerta del sobresaliente abierta a poco que Luis César consiga afilar el lápiz y dar con la fórmula que convierta su arco en un búnker.

Ante el Reus, el cuadro vallisoletano salió con energía y mando, con llegadas y firmeza en defensa, pero el muro se estremece cuando el contrario pisa su zona erógena. Y no es tanto por un desequilibrio general, sino por errores puntuales que al final desestabilizan al resto de las líneas. ¿Qué puede hacer el técnico para corregir esto? Es complicado, porque muchas veces interviene más el error humano que el colectivo, pero hay que preguntarse si el gazapo singular aparece por algún desajuste coral. A pesar de todo, no hay motivos para desconfiar de un equipo que siempre da la cara y hace disfrutar a su hinchada, al menos con su juego. Ahora, solo falta encontrar el botón para que la afición también goce con las vistas que ofrece la azotea de la tabla.

Fotos

Vídeos