el compromiso (y IV)

el compromiso (y IV)
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JAVIER YEPESValladolid

Puesto el foco de atención en las diversas competiciones deportivas y complementarias, sin olvidarnos de las lúdicas discotequeras, que al personaje se le ofrecen a lo largo de todo el fin de semana, se hace imprescindible valorar el o los porqués de las elecciones realizadas.

Es justo en este punto donde toma cuerpo el titular, vamos pues a hablar del compromiso personal. En mi largo recorrido como médico de pueblo una de las frases aprendidas que mas me llamó la atención fue la de «no se puede repicar y estar en la procesión».

Algo que los chavales de hoy en día, quizás en base a una educación permisiva y poco estricta en la obligación del cumplimiento del compromiso, no tienen asumido.

Oigo con frecuencia a padres decir que «¡Los chicos son jóvenes!, ¿Que quieres?» Y siempre les respondo, «¡Que cumplan!, ¿O es que a ti no te obligaban tus padres?» Y la respuesta que define el problema es siempre la misma, «¡Son otros tiempos!».

Ahí, en esa aceptación de que, por mor de los tiempos, el compromiso se diluye en aras de la juventud, ahí, reitero, radica la muerte de la ética en la relación.

En las odiosas horas de WhasApp que preceden al comienzo del entrenamiento, voy contemplando con estupor como se esgrimen las mayores estulticias para argumentar la ausencia al mismo.

Un tratado de catástrofes sanitarias familiares, una montaña de consultas en horarios imposibles de asumir por la sanidad pública, el enésimo cumpleaños familiar, clases prácticas surgidas por ensalmo… Toda una retahíla de sandeces para justificar lo injustificable. Algo muy antiguo por conocido... Y alguna vez realizado.

Algo que, en definitiva, lo que trasluce es la insoportable levedad que se posee acerca del compromiso. Si antaño dar la palabra y estrechar la mano con un apretón era sinónimo de aceptación definitiva de lo pactado… Ahora es milonga.

Ahora el compromiso es dinero y por ello vamos a trabajar, pero no es compromiso dar la palabra a otros veinte compañeros para estar con ellos. Ahora el compromiso con mi chica, antes era mi novia, es sagrado… ¡Como si antes no lo fuese!

Tengo la sensación, oyendo a veces estas disquisiciones, que no argumentos, de que nunca hubiésemos sido jóvenes, ni estudiado, ni jugado en un equipo, ni de haber tenido novia, luego mujer, ni de haber pisado Cerebro, Beverly o Charlot. ¡Es para morirse!.

Sin embargo estos chavales, poco o nada a veces, comprometidos, conviven con otros cuantos mucho más en sintonía con el mundo real del laburo, la universidad, el terreno de juego y la discoteca. Gente que estudia, trabaja, juega, se enamora y se divierte. Y, sobre todo, cumple sus compromisos.

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