Cuatro errores y cuatro aciertos de la temporada del Real Valladolid

La gestión de la sustitución del técnico no fue la más acertada, pero a cambio se logró devolver la ilusión a una afición que siempre creyó en el equipo

Sergio da instrucciones a sus jugadores en el encuentro ante el Osasuna del pasado sábado./G. Villamil
Sergio da instrucciones a sus jugadores en el encuentro ante el Osasuna del pasado sábado. / G. Villamil
Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISA

El Pucela pilló el tren de la promoción de ascenso justo en el último partido. Una situación que llena de ilusión a toda la ciudad, pero que no altera sustancialmente el balance final de la Liga. Se suba o no se ascienda, es la hora de la reflexión y del análisis y de ver lo que se ha hecho bien y menos bien desde que en julio empezara el trabajo. Al fin y al cabo, lo hecho durante estos diez meses no va a variar pase lo que pase en el 'play-off'

Los errores

1.-

Indecisión

. Es quizá el gran baldón de la temporada, la falta de decisión para ejecutar el cambio de rumbo en el banquillo. Una decisión que se tomó pero que se estropeó y que, después, se tornó en muchas dudas. Entre dimes y diretes se perdió un tiempo que pudo ser precioso. O no. Que vaya usted a saber lo que hubiera deparado. El caso es que cuando Caparrós dijo que no al Pucela en el minuto final, con todo atado y pactado, tanto Miguel Ángel Gómez como Carlos Suárez se quedaron descolocados. Tan descolocados que la incendiaria rueda de prensa de Luis César Sampedro no encontró respuesta decidida desde el club. Presidente y director deportivo entraron en una especie de bucle en el que el convencimiento de la decisión a tomar chocaba frontalmente con la ausencia de candidatos de garantías. Y cuando se dio el paso, en el momento en que se conjugó una derrota con el sí de un Sergio algo remolón hasta el momento, habían pasado más jornadas de las aconsejables.

2.-

Jerarquía

2.- Jerarquía. Las victorias sobre Lorca y Zaragoza justo antes del parón navideño dieron tranquilidad aparente al entorno social, pero no a Gómez y Suárez. En las oficinas del club se seguían viendo victorias mentirosas en casa, y se era muy consciente de que el equipo se partía constantemente. El director deportivo defendía públicamente en esas fechas que las conversaciones con el técnico habían surtido efecto, pero a la vez era consciente de que el recauchutado que había aplicado el entrenador podía picarse de nuevo en cualquier momento. Y así fue el día de Reyes en Pamplona. Gómez, hombre dialogante, muy poco dado al comentario hiriente y a elevar la voz, intentó una y otra vez hacer ver a Luis César que el equipo necesitaba la presencia de los hombres de calidad que el gallego había relegado al banquillo y le explicó la necesidad de que los futbolistas que se sentían apartados percibieran cariño por parte de su técnico. Todo en vano. Enrocado en su sistema, Sampedro consideraba que los ajustes que hizo eran suficientes. Y el club no se supo imponer con la necesaria contundencia.

3.-

Vaivenes

El mercado de invierno resultó un tanto caótico para el club. Es cierto que llegaron dos delanteros, pero también que el equipo se quedó descompensado en la posición de central. La salida de Gutián fue un error, independientemente de que Deivid se lesionara luego. La de Sergio Marcos fue más comprensible y la de Ángel un empecinamiento del técnico, que perdió la confianza en el madrileño como antes la había perdido en Nacho. Al final pareció que las decisiones sobre las salidas las tomó un técnico que entonces ya estaba en la cuerda floja, cuando quien debía tomarlas era la dirección deportiva.

4.-

Los capitanes en rueda de prensa

Tres derrotas consecutivas (Cádiz, Numancia y Albacete) provocaron la salida a la palestra de los cuatro capitanes. Uno de ellos no habló (Míchel) y de lo que se escuchó a los otros quedó el poso de que la comparecencia no había sido muy voluntaria. Aquel día se escenificó una situación extraña, en la que entre líneas se leyó un distanciamiento entre vestuario y oficinas. Pese a que la iniciativa fue de los jugadores, sin que el club interviniera en momento alguno, la ausencia de un mensaje claro acabó siendo más perjudicial que beneficiosa y en nada calmó los ánimos de los aficionados.

Los aciertos

1.-

El entrenador

Hasta que perdió los papeles y el rumbo, Luis César demostró que era un entrenador bueno para el Valladolid. A ojos de los aficionados, el equipo jugaba muy bien, era alegre, se divertían en los partidos y, durante los primeros meses, existía el convencimiento de que el problema defensivo terminaría por arreglarse. Luego pasó lo que pasó, pero mirando con perspectiva estos meses, no puede decirse que su contratación no respondiera en los primeros compases a lo que se esperaba de él. Fue un acierto que acabó tornándose en error, algo que sucede muchas veces en la vida por diversas circunstancias. Pero no puede olvidarse que sus manera de jugar ha propiciado la explosión de Mata y que ha dado la alternativa a cinco canteranos.

2.-

Mantener la ilusión

Por primera vez en mucho tiempo, pese a los vaivenes del equipo, la comunicación con la afición se ha mejorado, aunque esta temporada haya cobrado más fuerza que en años anteriores el 'Suárez, vete ya'. Buena parte de culpa de esa mejor comunión entre grada y césped la tiene el proyecto XIIPucela, una inicitaiva que pese a teminar diluyéndose fue un factor aglutinador en muchos momentos. Que hasta este sábado la mejor entrada fuera ante el Sevilla Atlético por lo que tuvo de acción solidaria es un ejemplo claro.

3.-

La plantilla

Miguel Ángel Gómez ha sabido formar un grupo de profesionales con mucha calidad, muy unido y con un gran ambiente interno. La labor del director deportivo es muy amplia, y la principal de todas es formar y fortalecer la primera plantilla. Gómez ha sabido hacerlo. Su filosofía de fútbol se ha plasmado en un equipo con mucha calidad, bastantes alternativas y unas cuantos diamantes por pulir., Y junto a ello ha sabido maniobrar para lograr cesiones de jugadores importantes.

4.-

La estructura

Es uno de los puntos vitales que quizá hayan pasado más desapercibidos. El Valladolid ha invertido mucho tiempo a lo largo de estos meses en reforzar la estructura interna del club para prepararlo para los retos del futuro. Y esos retos son tanto un posible ascenso como el soportar la presión de más temporadas en Segunda con el progresivo descenso del tope salarial y el endurecimiento de las condiciones del concurso de acreedores en lo relativo a Hacienda y a la Seguridad Social. El club necesita un andamiaje sólido para soportar con garantías ambas circunstancias, que aunque aparentemente son muy diferentes, curiosamente someten a la entidad blanquivioleta al mismo grado de tensión.

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