Distorsión de la realidad

A banda cambiada

Las críticas a los futbolistas en las redes sociales están a la orden del día, pero las rectificaciones brillan por su ausencia

JESÚS MORENO

Acercarse a Twitter en este inicio de temporada, aun cuando la felicidad es generalizada, supone hacer un ejercicio similar al que hacía la Alicia de Lewis Carrol cuando miraba a través del espejo. Una realidad, por momentos paralela, fantasiosa, unas veces enfática y, otras, demagoga.

Como si parte de la masa social hubiera desarrollado una suerte de síndrome de Estocolmo con el pesimismo, hasta el punto de sentirse incómoda con las victorias, con la tranquilidad que aportan los resultados –con un inicio de temporada tan vistoso que algunos minutos de los partidos del Real Valladolid podrían visionarse en un museo–, y tuviera la necesidad de clamar a los cuatro vientos de las redes sociales su malestar por cualquier circunstancia en torno al equipo, por tangencial o ajena que pudiera resultar.

De esta manera, la libertad que otorga Twitter para interactuar entre todos los usuarios, anónimos o conocidos, es en ocasiones el cauce ideal para canalizar filias y fobias. Una herramienta para ajustar cuentas de la manera más descarnada.

Esa distorsión de la realidad, esa forma en que ha calado la idea de que saber de fútbol consiste en estar siempre enfadado, en no dar tregua jamás a los propios prejuicios, es la que impide felicitar a Iban Salvador por el sobresaliente partido realizado y provoca que el futbolista se encuentre en la necesidad de responder al insulto que le habían proferido en aquella red social. Es la que considera pura coincidencia que Borja pueda completar un buen partido, pues su fichaje hace un par de meses vino marcado por un pecado original que provoca que siempre juegue mal hasta cuando lo hace bien. O la que priva el derecho a que Javi Moyano se defienda de una información que considera no ajustada a la realidad simplemente por ser quien es, porque para los paladines de la pureza futbolística, para los guardianes de las esencias, el lateral es el único culpable de los males de un club que practica un deporte que se juega en equipo. Despojado no solo de la cualidad de futbolista, sino también de persona, por aquellos que le increpan de la misma manera tanto su intención, supuesta, de querer abandonar el Real Valladolid como su manifestación de continuar en la disciplina del club.

Nunca sabré si aquellos que aprovechan la mínima ocasión para reírse de sus jugadores en redes sociales, prefieren que el equipo gane o tener razón.

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