'Se non è vero, è ben trovato'

El fútbol es realidad, pero en ocasiones ejerce de mala ficción

'Se non è vero, è ben trovato'
JOAQUÍN ROBLEDO

A lo largo de la historia, la mentira siempre fue utilizada como arma de guerra. Tan es así, que ya en los inicios de la Grecia clásica, y hace de ello más de dos mil quinientos años, el dramaturgo Esquilo de Eleusis dejó escrito que «La verdad es la primera víctima de la guerra». La mentira bélica tenía como objeto que el enemigo tomase decisiones erróneas al creer que las cosas eran de manera distinta a la que en realidad eran. Con engaños de este pelo, Alejandro Magno cruzó el Hidaspes y venció a las tropas del rey Poros o las tropas aliadas pudieron desembarcar en las playas de Normandía.

En la época actual, con una sociedad de masas consolidada, los campos de batalla se han extendido a todo el territorio, el tiempo de pelea es todo el tiempo. De esta forma, la mentira como instrumento se ha generalizado. Desinformar con el objeto de desprestigiar al rival o enaltecer a los propios para obtener un beneficio político o económico es moneda de uso corriente en el bolsillo de quien tiene el poder o de quien aspira a tenerlo. Debido a ello, y a que vivimos en la era caracterizada por la brutal proliferación de medios y formas de comunicar, estamos expuestos a recibir aparentes informaciones que nada tienen que ver con la realidad pero que corren como la pólvora.

En tiempos se llamaban bulos, hoy se denominan ‘fake news’, mentiras que nos cuelan como verdades. Para cumplir con esta malévola meta, las trolas deben ser creíbles. Juegan, como en cualquier obra literaria, con la verosimilitud, con la apariencia de verdad. Lo escrito en una obra de ficción es obviamente falso. La diferencia es que cuando leemos ‘El Quijote’ somos conscientes de que Alonso Quijano no existió.

«Existe una actividad que tiene capacidad para escribir un relato atractivo escapando de lo verosímil:el fútbol. Nos creemos lo que pasa porque lo vemos. De no ser porque lo tenemos delante, este cuento no habría dios que se lo creyese»

En ambos territorios, el de la falsedad interesada y el de la mentira ficcionada, la verosimilitud mide la relación entre la descripción de los personajes y sus palabras y actos. Una apostilla atribuida al filósofo italiano Giordano Bruno define a la perfección este concepto: ‘se non è vero, è ben trovato’, si no es verdad, está bien encontrada.

Existe una actividad que tiene capacidad para escribir un relato atractivo escapando de lo verosímil:el fútbol. Nos creemos lo que pasa porque lo vemos. De no ser porque lo tenemos delante, este cuento no habría dios que se lo creyese. Veamos. Sulayman es un chico gambiano que llegó este verano al Real Valladolid. Imaginó que se vestiría de blanquivioleta y soñó con anotar algún gol en Zorrilla. En cinco meses no jugó ni un minuto en la Liga. Se marchó a Almería. Pues bien, vestido de blanquirrojo consigue anotar su primer tanto y va a ser en Zorrilla y ante el Pucela. Sigamos. Mata, al que vemos desgañitándose en la foto, el que muestra su dedo índice a algún compañero reclamándose vaya usted a saber qué, anota el gol del triunfo cuando el partido agonizaba. Un gol que alimenta la esperanza y permite al Pucela seguir caminando en ese alambre del estar casi siempre ‘a punto de’. Con este van ya veinticinco. Pensar en cómo estaría el Pucela sin la participación de Mata produce vértigo. Y sin embargo, en los primeros pasajes del libro de la temporada, por los recuerdos de la anterior, parecía un personaje secundario. Solo apareció en escena cuando Jose Arnáiz, el protagonista esperado, tomó las de Villadiego. Menos mal. Pero vamos, que si nos lo cuentan en septiembre... Y aquí estamos, creyéndolo porque lo vemos.

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