Fútbol ficción

Ontiveros intenta marcharse de dos jugadores del Córdoba. /LOF
Ontiveros intenta marcharse de dos jugadores del Córdoba. / LOF
JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

El Real Valladolid cada día se parece más a una parodia de José Mota que a un equipo que va en serio a por el ascenso. Póngale el gracejo del humorista. «Si no es por no ir, si hay que ir, se va». Pues no, el conjunto castellano ni quiere ir, ni va. Es más, cuando parece que sí, resulta que vuelve a ser que no. Pasan las jornadas y la pereza resulta interminable. El conjunto blanquivioleta se ha convertido en un holgazán. Me recuerda al adolescente que tiene la habitación enfangada y que cada mañana, cuando se levanta, se promete a sí mismo que luego pondrá orden y dejará el cubículo como los chorros del oro. Al final, la galbana le puede y el propósito se convierte en quimera. La suciedad le come y cuando quiere reaccionar es tarde.

Es lo que le ocurre al equipo vallisoletano. De repente quiere. Tiene vestuario para ganar a cualquiera. Borda el fútbol durante media hora ante el líder, pero llega a la casa del colista y cuando todo parece indicar que por fin se va a enganchar a la pelea por el ascenso, comienza una sucesión de desgracias concatenadas y los deseos se van por el sumidero. La pelea aún no está perdida, pero el Real Valladolid se ha enredado en las cuerdas del cuadrilátero y no tiene pinta de poder escapar pronto. Ni siquiera saber que tiene el mejor gancho del momento le permite estabilizar su paso para no escalar dos metros y estamparse contra el suelo cada vez que parece que va a llegar a la cima.

Y además de las excusas que quieran poner Luis César y sus futbolistas, el problema, a la vista de la trayectoria, es más profundo que confundir defender con meterse en área propia como un alevín que da sus primeros pasos balompédicos. El crédito del Real Valladolid está ya junto al finiquito. Hay tiempo y la distancia con el ‘play off’ es asequible, pero no tengo claro que la voluntad del técnico y los jugadores se encuentre alineada. Y si lo está, las sensaciones que emiten no representan, ni de lejos, las señales que destila un candidato a cambiar de categoría, al menos por arriba. En la primera vuelta, los vallisoletanos dejaron grogui a su hinchada al paso por este tramo del campeonato. Una ronda después, aún no se han levantado. O cambian la dinámica con premura, o la temporada estará ya a punto de echar el telón para ellos.

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