Fútbol Moderno

A banda cambiada

El articulista muestra su sopresa porque las profundas contradicciones que se producen entre los aficionados a la hora de valorar los movimientos del club

Fútbol Moderno
JESÚS MORENO

Cuando el Real Valladolid anunció el domingo pasado la contratación del jugador internacional por Arabia Saudita Nooh Al-Mousa, las redes sociales -tan dispuestas siempre a rasgarse las vestiduras- se convirtieron en un ejercicio de énfasis e indignación impostada e hipócrita. Golpes de pecho virtuales por un fichaje en el que, y como si eso fuera malo, no veían otra cosa que una operación de marketing.

La situación del equipo ahora mismo provoca tanta depresión en una buena parte de aficionados que es incapaz de dar, siquiera, el beneficio de la duda a cualquier maniobra que se realice desde la dirección de la entidad. Así, de un tiempo a esta parte, cualquier noticia que genera el club se puede retorcer lo suficiente como para desnaturalizarla, primero, y ser utilizada después como arma arrojadiza con la que golpear la gestión del presidente Carlos Suárez. De esta forma, en una nueva versión del espíritu de la contradicción, no es difícil escuchar o leer críticas hacia la maltrecha economía del club y, al mismo tiempo, reproches por buscar financiación a través del precio de los abonos, de los traspasos de futbolistas, de las televisiones o, como es el caso, mediante la contratación de un jugador por el que un país entero está dispuesto a ofrecer una suma para que comparta vestuario con los componentes de la primera plantilla del Real Valladolid.

No, el fútbol actual, no es tan diferente como ese de otra época, más añejo, de medias caídas y bengalas en la grada por el que tanta gente suspira. Entonces el dinero dirigía los destinos de muchos profesionales que cambiaban, como haría cualquiera, de club según el color del billete que se ponía sobre la mesa. Los traspasos de los jugadores más importantes ya existían y los dirigentes, tan obligados como ahora a confeccionar una plantilla con garantías suficientes como para alcanzar los objetivos mínimos marcados, no tenían más remedio que agudizar el ingenio para conseguir financiación suficiente que permitiera firmar un equipo competitivo.

Quién sabe, quizá, de haber existido Twitter hace 40 años, los aficionados de los distintos equipos habrían clamado contra esa locura que suponía mancillar la camiseta llevando en el pecho la publicidad de una casa comercial. Desde la comodidad del hogar habrían escrito aquello de ‘odio eterno al fútbol moderno’ y se sentarían a esperar la aprobación de los suyos ante aquella manifestación de rebeldía… O, quizá, no.

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