Lejos del área

'Game Over'

TONY POLA

De pequeño casi todo resultaba mucho más fácil. Tu reino lo conforman cinco duros (veinte si tenías suerte o quinientas pesetas en ocasiones muy especiales) con los que sentías que podías hacer casi de todo, desde comprar chucherías desesperando al tendero de aquellos míticos despachos de pan y leche (“…Me das una de estas, quita esta otra y pon dos golosinas de las de atrás…”) hasta jugar una partida en aquellos humeantes recreativos de barrio.

Aquella paga(si la había) tenía su ritual y existían auténticos expertos en administrar lo que te habías ganado si querías estirar la semana. Otros éramos de dejarnos llevar y más de una vez dilapidábamos el dinero en un festín de dulces o de videojuegos; atracones de los que solo tenías consciencia cuando te dolía la tripa o rascabas tu vacío bolsillo mientras leías aquello de ‘Game Over’. La dichosa pantallita, después de haber pasado un buen rato soñando con ganar la Copa del Mundo o liberando a la princesa, era casi una bofetada de realidad que nos devolvía a nuestras benditas obligaciones infantiles. Allí estabas tú, feliz entre muñecos pixelados como Ryu, Ken, Shaquille O’Neal o Ravanelli, cuando… ¡Zas, tu crédito se ha terminado y mañana tienes examen de matemáticas!

Algo así debería haber sentido Luis César Sampedro tras la remontada que el Numancia consiguió ante su equipo este fin de semana. El técnico del Real Valladolid, como un niño ensimismado entre ‘maquinitas’ siguió el domingo puliendo el crédito que papá Pucela y mamá afición le habían otorgado. Sampedro, en la sala recreativa del José Zorrilla, se empecinaba una y otra vez en meterle dinero al mismo juego de ataque, desestimando las supuestamente tediosas partidas en las que hay que defender; esas no parecen ser del agrado del gallego.

‘Game Over’, ‘Game Over’… La máquina te ‘mata’, te eliminan de esa fase que no controlas, pero sigues puliendo tu crédito en algo que no dominas. No cambias de juego ni ofreces una explicación clara a tus padres acerca de tu empecinamiento. Tampoco le pasas el mando a algún segundo jugador... Y otra semana más has dilapidado tu crédito. De pequeño la única consecuencia era un bolsillo vacío y quizás una reprimenda sobre la importancia de ahorrar. Ahora, de adulto, la cosa debería ponerse más seria cuando creces y sigues empeñado en derrochar en juegos que siempre acaban en derrota.

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