Golpe en la mesa

El partido ante el Nástic es la primera final de verdad que ha de jugar el Valladolid, porque una derrota sería empezar a decir adiós a los objetivos

Los jugadores del Valladolid se dirigen al centro del campo después del gol logrado por Mata ante el Reus. /A. Mingueza
Los jugadores del Valladolid se dirigen al centro del campo después del gol logrado por Mata ante el Reus. / A. Mingueza
Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISA

Decía Luis César Sampedro hace un par de semanas que el choque ante el Lugo no era una final, que ya llegarían partidos que só lo serían. Pues bien, aquí está el primero. Este domingo, a las 12:00, primer partido determinante para el Real Valladolid en esta temporada. No para el entrenador, no; para el equipo, para la plantilla, para el club.

Los 90 minutos que han de jugarse ante los de la esplendorosa Tarraco son una final por el sencillo hecho de que van a marcar mucho lo que venga después. Ante el Nàstic no se va a lograr ningún ascenso ni ninguna clasificación para el ‘play off’, pero se puede perder la posibilidad de alguna de las dos. O de las dos. Que se lo digan al Lugo, al que la derrota del domingo en el Nou Estadi deja tan tocado que es difícil hasta verlo como equipo en la pelea por algo; o al Granada, que puede pagar los tres puntos que se dejó en Lorca a precio de oro.

Cuando se alcanzan los diez últimos encuentros de la temporada es cuando no se puede fallar. Y no se puede fallar, especialmente, ante los que están por debajo en la tabla, los que no están tu pelea. Una derrota ante el Sporting o el Cádiz o el Zaragoza tiene solución por la sencilla razón de que los de arriba se tienen que pegar entre ellos. Pero a los de abajo hay que ganarles. Es obligatorio. Quizá Luis César debería dejarse de vídeos tácticos y ponerles a los chicos ese en el que Luis Aragonés repite incansablemente «y ganar, y ganar ya ganar. Y luego ganar y ganar y ganar.»

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