Real Valladolid

El gran salto de Iban Salvador en el Real Valladolid

Iban Salvador celebra el gol que marcó el pasado sábado ante el Córdoba. / Ramón Gómez

El atacante, que comenzó como jugador de fútbol sala, destapa su talento como blanquivioleta

Arturo Posada
ARTURO POSADAValladolid

La historia de Iban Salvador Edu (L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona, 11 de diciembre de 1995) muestra cómo se abre paso el talento futbolístico. De niño, Iban no tenía ídolos, más allá de cierta admiración por Eidur Gudjohnsen, el delantero islandés que militó en el FC Barcelona entre 2006 y 2009. El actual atacante del Real Valladolid se limitaba a desarrollar su pasión infantil por el balompié en el colegio público Ramón Muntaner, en L’Hospitalet, donde hacía auténticas diabluras con el balón como jugador de fútbol sala.

«Yo salía al patio y bajaba corriendo para formar los equipos cuantos antes. Si podía, los decidíamos diez minutos antes de acabar la clase. En Educación Física estaba esperando el tiempo libre para jugar al fútbol, aunque fueran 10 o 15 minutos. Todos los que iban a mi clase me decían lo mismo: que iba a jugar al fútbol durante mi vida», relata Iban.

El fútbol sala era su pasión... hasta que se cruzó su amigo Jordi. «Era un año mayor y ya jugaba al fútbol 7. Habló con el coordinador de L’Hospitalet para que viniera a verme. Lo hizo y habló conmigo. Yo tenía siete años y me fui para allá».

El campo del L’Hospitalet le pillaba a cinco minutos a pie de su casa. En el Alevín A empezó a jugar como mediocentro ofensivo en una formación 4-4-2. En el Cadete B, el entrenador consideró que su velocidad y buen uno contra uno encajaban mejor en la banda derecha. Cuando llegó al primer equipo de L’Hospitalet, el técnico, Kiko Ramírez, le ubicó como delantero centro y, en esa demarcación, le fichó el Valencia Mestalla en 2014.

El cambio en la delantera

«En L’Hospitalet vieron que mi virtud como delantero era que siempre estaba corriendo a las espaldas de los centrales. En Segunda B no todos los equipos tocan: muchos juegan con balón arriba, balón a la espalda y a esperar la segunda jugada. A mí eso me daba la vida: me la tiraba el central, rompía a la espalda y me la quedaba, o sacaba una falta. Pero en el filial del Valencia sucedía lo contrario: yo rompía y los centrales tocaban al pivote, al lateral. Entonces pensaba que sería mejor jugar como extremo. Cuando vine al Real Valladolid, Paco Herrera me puso en la banda, pero no jugábamos por allí. Luis César sí las utiliza ahora y podría tocar más el balón, pero creo que lo mejor para mí es estar en el medio. Yo me siento más cómodo como mediapunta, o en punta, que en una banda».

Iban es hijo de Vicente Salvador y Martina Edu. Su padre comenzó como repartidor y ahora es el jefe de la empresa. Su madre trabaja como portera en una finca. «Se separaron cuando yo tenía tres o cuatro años. Al principio, yo estaba en custodia compartida. Cada 15 días, iba con mi padre y él estaba deseando que llegase el fin de semana. Él es catalán y de familia catalana».

La sangre africana de Iban Salvador llega por vía materna, concretamente a través su abuelo Benjamín, nacido en Guinea Ecuatorial. «Mi abuela Aurora iba a visitar a una amiga al hospital. Yallí le conoció. Vio que no tenía a nadie al lado y le preguntó si necesitaba que le planchase la ropa, o algo de comida. Le dijo que no, pero mi abuela, que es muy buena persona, lo hizo igualmente. Al final, iba a verle a él más que a su amiga. Salieron, se conocieron y empezaron una relación. Esto ya era en L’Hospitalet», narra.

El 'shock' de Martina

A los 17 años, Iban Salvador recibió la llamada del Valencia para incorporarse al filial che. Martina, su madre, se quedó en estado de ‘shock’ porque no se imaginaba aún a su hijo fuera de casa y lejos de ella. «Me plantearon si quería estar en una residencia o en un piso. Elegí la residencia porque no me veía capacitado para vivir solo. No tenía carné de coche y todo era demasiado difícil para mí. Mi madre no entendía muy bien adónde me iba porque no conoce mucho lo que sucede en el mundo del fútbol a esos niveles. Al principio, lo pasó mal. Además, acababa de tener un bebé. Lo que más lamento es haberme perdido toda la infancia de mi hermano Iker».

AIban siempre le había fascinado la parte ecuatoguineana y soñaba con profundizar en sus ancestros. «Creo que nunca se lo dije a mi familia, pero pensaba en cómo sería ir a Guinea Ecuatorial y encontrar, por ejemplo, el lugar donde vivía mi abuelo».

El fútbol le sirvió para cumplir sus anhelos: recibió la llamada de la selección nacional para la Copa África de 2015, que se celebraba precisamente en Guinea Ecuatorial. «Llegamos un poco como el hazmerreír. Éramos los anfitriones y teníamos que jugar el torneo. El primer partido nos enfrentamos a Congo. Pensaban que nos ganarían fácilmente. Empatamos a uno. Luego, ante Burkina Faso igualamos a cero. Quedaba la todopoderosa Gabón de Aubameyang y estábamos obligados a vencer. Empezamos ganando 1-0 y yo marqué el 2-0, el gol de la tranquilidad». Aquello convirtió a Iban en una celebridad nacional. Guinea Ecuatorial eliminó a Túnez en cuartos y cayó en semifinales ante Ghana.

En el verano de 2016, Braulio Vázquez, a la sazón director deportivo del Real Valladolid, quiso pescar en la cantera del Valencia, club del que había salido en noviembre de 2013. Iban Salvador era su objetivo prioritario... y el más complicado.

«Yo no conocía a Braulio, no sabía quién era porque cuando yo llegué al Valencia él ya trabajaba aquí en Zorrilla. Un día me dijeron que me quería el Real Valladolid. ‘¿Sabes quién está allí, no?’, me preguntaron. Luego hablé con él y me dijo que venía prácticamente cada semana a vernos.Me quería fichar a mí y a dos o tres compañeros más. Lo más difícil parecía lo mío. El entrenador del Mestalla [Curro Torres] me quería, pero me pareció una buena oportunidad. Yo creo que me vino bien dar el salto de Segunda B a Segunda. Hay quien dice que podía haber llegado al primer equipo del Valencia, pero no me arrepiento», señala ahora.

Una opción de recompra

El Real Valladolid anunció su fichaje el 20 de julio de 2016, con un contrato hasta 2019, aunque el Valencia se guardó una opción de recompra las dos primeras campañas. «El primer año ya ha pasado. El segundo es este. No sé si estarán interesados en mí. Yo sigo centrado. Si se da, será por algo bueno. Si no, seguiré aquí sin ningún problema. Pienso que si me vendieron fue porque no creían tanto en mí. Si no, habrían hecho un esfuerzo para que me quedase».

En el Real Valladolid las cosas no le salieron bien el pasado curso. «Amí me firmó Braulio, pero creo que Paco Herrera no me conocía. Sí, le contaron cómo soy y lo que quieras, pero la gente puede exagerar o decir cosas que no son correctas. Creo que el año pasado jugué los cuatro primeros partidos porque no había más futbolistas. Lo pienso ahora y lo pensaré siempre. Volvió Juan Villar [que había estado lesionado] y yo fui el primer cambio. Si te ponen porque no quedan más, es que no confían en ti. Qué se le va a hacer».

Iban Salvador, del que siempre se destacaba su carácter descontrolado en el campo, fue cedido en enero a UCAMMurcia y, tras su vuelta a Zorrilla, pocos pensaban que podría explotar como blanquivioleta. Luis César pertenecía a esa minoría perspicaz.

Iban Salvador, en una fotografía de su infancia / Instagram

«Hablando se solucionan las cosas y el entrenador fue muy claro conmigo. Me dijo que no quería nada de mí que no fuera jugar al fútbol. Yo no iba a cambiar de la noche a la mañana, podía tener algún desliz, pero él no se iba a andar con tonterías. Empezaría como un jugador más, no iba estar en el hilo, pero dependería de mí».

El atacante respondió a la perfección: fue titular y marcó ante el Barça B. También lo hizo frente al Tenerife y la pasada jornada con el Córdoba. En este último partido, se le vio especialmente comedido en su comportamiento. «Ya dije que estaba cambiando, pero es que no me queda otra si quiero seguir jugando. Tengo cuatro amarillas. Si me sacan la quinta, sale otro compañero y lo hace bien, quién sabe si jugaré en el siguiente partido».

El nacimiento de Hugo

La vida de Iban ha cambiado mucho en los últimos meses. El nacimiento de su hijo Hugo el 17 de diciembre de 2016 le puso súbitamente ante los retos de la paternidad. «No había hablado nada de esto con María, mi chica. Un día me llamó llorando para decirme que estaba embarazada. Yo acababa de volver del entrenamiento y estaba jugando a la ‘Play’ ‘on-line’ con unos futbolistas del Nàstic. No me lo esperaba. Era una noticia buena, pero me impactó. Pensamos en lo positivo y en lo negativo y decidimos seguir adelante. Estamos muy bien, encantadísimos. Es verdad que no duerme mucho por las noches y antes del partido ante el Córdoba yo no descansé todo lo que debería. Pero qué le vas a hacer. Hay que apechugar», dice con una gran sonrisa. Para terminar, Iban explica la peculiar grafía de su nombre. «Desde pequeño lo escribo de esa manera por un conocido mío que se llama así de verdad. Que quiten o no el acento me da igual, pero le digo a la gente que lea esto que, por favor, me pongan la be», finaliza entre risas.

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