Real Valladolid

Iban Salvador, camino de la redención con el Real Valladolid

Iban Salvador se dispone a rematar el pasado sábado durante el Real Valladolid-Granada. / Ramón Gómez

El atacante empieza a destapar su talento con la camiseta blanquivioleta, aunque asume que debe controlar su carácter para evitar problemas en el campo

Arturo Posada
ARTURO POSADAValladolid

Iban Salvador quiere madurar en el Real Valladolid. El internacional ecuatoguineano sabe que posee las condiciones técnicas para brillar como futbolista, pero un coro de voces le ha ido diciendo desde hace tiempo que su carácter descontrolado supone un problema. Iban, de 21 años, escucha las advertencias repetidas y piensa que, sí, tal vez, sus interlocutores anden en lo cierto. «Tuve muchas charlas con Braulio [Vázquez], con Paco Herrera, y las tengo ahora con Miguel Ángel [Gómez] y Luis César. Cuando te lo dice una persona, vale. Cuando te lo dicen dos, piensas ‘bueno...’. Pero cuando te lo repiten tres, cuatro o cinco empiezas a pensar que es algo más serio», relata Iban Salvador, cuyo carácter indómito ya se refleja la grafía heterodoxa con la que escribe su nombre.

Iban Salvador es un chico joven, con talento... y con el asterisco constante de sus problemas con las tarjetas. Brilla en sus asociaciones en ataque, encuentra soluciones a los desafíos defensivos, pero también acaba enredado en las telarañas del juego subterráneo, las faltas a destiempo y los enfrentamientos innecesarios con rivales y árbitros. Luis César, técnico metódico y hábil para frenar descarríos, detectó pronto el talento de Iban Salvador y la necesidad de aplicarle una terapia de firmeza, pero también de confianza. El futbolista achaca su proceso de redención al buen trato del entrenador.

«Creo que ha sido la cercanía que ha tenido desde el primer día. Habla conmigo y me dice las cosas claras. Por ejemplo, me dijo que, ante cualquier cosa como la del año pasado, no iba a dudar en cederme. No quería eso de mí. Al final, hablando se solucionan las cosas. No hace falta llegar a ningún otro sitio. Hablando, vamos por el buen camino», dice el jugador.

Iban necesita que le digan las verdades, pero también ciertas dosis de cariño. Cuando se le pregunta si, tal vez, la pasada campaña no gozó de demasiadas oportunidades para crecer en Zorrilla, responde: «Al final, soy un jugador joven, que tiene mucho que mejorar. Lo que necesita uno es sentirse querido, entre comillas, si no juega, que le den ánimos. Lo del año pasado fue... pffff... no tengo una palabra para definirlo. Cada entrenador toma su decisión. La acepto, pero no la comparto», dice sin citar a Paco Herrera, el técnico blanquivioleta la pasada campaña.

El delantero sabe que nadie regala nada y recuerda que la pasada temporada también inició la Liga como titular, aunque fue desapareciendo rápidamente hasta que se cerró su cesión a UCAM. «Una lesión de Juan Villar en la pretemporada me permitió empezar jugando. Al quinto partido dejé de hacerlo. Empecé como ahora y mira cómo acabé. No me puedo relajar. Debo mantener los pies en el suelo».

Competitivo por naturaleza, Iban Salvador comprobó el sábado que sus compañeros no dan tregua. «Ya he visto que no me puedo relajar. Salió Giannis y tardó siete minutos en marcar su primer gol. Él quiere demostrar que puede jugar. Y también los otros suplentes o los que se quedan fuera de las convocatorias. Todos están ansiosos por entrar».

El juego ofensivo que propone Luis César siempre agrada a los atacantes. Iban no es una excepción: «Nuestra idea provoca que generemos muchos centros laterales y muchas ocasiones. Luego, hay que aprovecharlas y lo estamos haciendo. Mata lleva los mismos goles en cinco jornadas que en toda la temporada pasada. Hablo mucho con él, nos llevamos bien. Comentamos que ahora la flecha está para arriba y el balón entra. Luego no entrará. No podemos obsesionarnos. Yo nunca lo he hecho con los goles: quiero buscar lo colectivo. Por mí, que marquen 15 tantos cada uno de los centrales y subamos. Si yo doy goles, también me sentiré bien».

Iban nota que va madurando y quiere seguir en ese camino. «Debo cambiar porque quiero quedarme aquí y no ir a otro sitio de inferior categoría. Quiero crecer. Supongo que la paternidad también ha sido positiva para mí. Cada vez que juego pienso en mi hijo Hugo. Eso me ha ayudado».

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