La invitada no deseada en la fiesta del pucela

La lluvia se cuela en la celebración del Real Valladolid y suspende el concierto sorpresa de Café Quijano

Los invitados durante los primeros momentos de la cena / A. Mingueza
El Norte
EL NORTEValladolid

Ni se la invitó ni se la esperaba, pero la lluvia tampoco quiso perderse la fiesta del 90 cumpleaños del Real Valladolid y, como suele pasar con los que llegan cuando no se les quiere, su presencia tuvo consecuencias poco deseadas para el evento.

Por partes.

El Real Valladolid había montado una espectacular carpa y un gran escenario con pantalla gigante para conmemorar su cumpleaños y el ascenso del equipo a Primera División. La carpa, de unos 5o metros de largo y 20 de ancho, estaba situada en el centro del terreno de juego de Zorrilla y el escenario en el fondo norte. Todo bien organizado. Los más de 450 invitados distribuidos ordenadamente en sus mesas, servidas por La Criolla y con vinos de Cuatro Rayas, todas redondas para facilitar las conversaciones, una megafonía perfecta para oir el discurso de Carlos Suárez y los cantantes del restaurante madrileño 'Castafiore', en el que se come con arias de ópera interpretadas en directo, creando un ambiente totalmente distinto a lo que se acostumbra en este tipo de acontecimientos.

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Pero cuando el presidente blanquivioleta estaba presentando el que es el escudo que conmemora el ascenso y efemérides, a las nubes les dio por descargar todo el agua que transportaban. Y aquello fue como el diluvio. Ni el excelente drenaje del césped de Zorrilla pudo por momentos con la tromba de agua y empezaron a formarse charcos que amenazaron con ocupar la zona del verde que ocupaban los invitados. Pero lo que sí provocó fue la suspensión del concierto sorpresa de Café Quijano. El trío leonés, que habían llegado desde Miami esa mañana, se quedó con las ganas de tocar. La cantidad de agua impedía de todo punto activar toda la potencia eléctrica que requería el concierto. El de ellos y el de Happening, que también iban a actuar.

Así que, a falta de música, se trasladaron las barras al interior de la carpa y comenzaron los corrillos y las conversaciones. Jugadores al fondo, Suárez de un lado a otro, representates de instituciones mezclados con aficionados... La familia blanquivioleta solventó con sobresaliente el contratiempo del agua.

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