De Jorge a Jaime

Jaime Mata celebra uno de los tantos que consiguió ante el Sevilla Atlético. /LOF
Jaime Mata celebra uno de los tantos que consiguió ante el Sevilla Atlético. / LOF
JAVIER YEPESValladolid

Que los males de nuestro equipo caigan de forma permanente sobre el aspecto defensivo del mismo puede darse durante un tiempo limitado; pero que estos sean una constante a lo largo de todo lo que llevamos de campeonato ya no es fruto de algo casual.

Como tantas veces hemos repetido, marcar gol puede ser el comienzo de una victoria o simplemente la anécdota de una derrota o, valga el caso del último domingo en Pamplona, marcar incluso dos no te garantiza nunca nada definitivo de cara a la conquista de los puntos.

Sin embargo, es palmario que el dejar tu portería a cero te proporciona como mínimo un punto que a veces se te queda pequeño para los merecimientos y otras resulta valiosísimo a la vista de los acontecimientos.

En fin, como verán, nada nuevo salvo un pequeño detalle, que en nuestro caso ni es menor ni deja de ser lamentablemente llamativo: Jaime Mata. Ese nueve, al que se le fichó por ser el nueve de aquel emergente Gerona y al que aquí le quisimos reinventar de once para su disgusto y el del fútbol en general, es actualmente el líder de la categoría de los goleadores, con unas cifras amenazantes de traspaso a equipos superiores. Y ese dato, no deja de ser la gran paradoja de este equipo. Si ustedes recuerdan (¡como no hacerlo!) a Jorge ‘el Polilla’ Da Silva, lo asociaran de inmediato a un equipo fuerte, bien armado desde atrás, talentoso en el medio campo y con jugadores definitivos en la punta del ataque. Estamos hablando de un Pucela en Primera División, allá por los años 1983/84 con el uruguayo como pichichi de la categoría.

Un equipo que jugaba tres competiciones en el año y que contaba con catorce canteranos en su plantilla. O en la siguiente temporada, la 1984/85, jugando las tres competiciones nacionales y la europea. Pues bien, aquellos años de bonanza deportiva se saldaban con un equilibrio importante entre defensa y ataque. Con más goles encajados que marcados, ciertamente, pero en una categoría en la que la mitad de la tabla suponía, junto al juego desplegado, la alegría de la afición.

Es obvio pues que, estando en una categoría sensiblemente inferior, jugando de manera exclusiva con la mirada puesta en la Liga, el balance de 36 goles encajados en 21 encuentros te llevaría, de no mediar mejoría defensiva, a unas cifras de 72 goles en contra al final del campeonato. De igual forma que siguiendo el ritmo goleador nos plantaríamos en 80 goles a favor. Con estos guarismos, y el pichichi viviendo en Valladolid, urge restaurar esa endeblez y meterse en cifras lógicas. Si no, el ridículo está asegurado.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos