José Moro rectifica y dice que no quiere presidir el Real Valladolid

José Moro/
José Moro

El bodeguero, que en un primer momento no descartó entrar en el club si fuera comprado por Ernesto Tinajero, ahora afirma que no tiene intención de asumir responsabilidades directivas en la entidad blanquivioleta

Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISA

Jose Moro, que fuera vicepresidente y consejero del Real Valladolid hasta el pasado jueves, ha cerrado la puerta a presidir la entidad blanquivioleta en el caso de que se materialice una venta de las acciones del club.

El bodeguero y empresario había mantenido a media tarde esta conversación con este diario a través del servicio de Whastapp: «Si, finalmente, Ernesto Tinajero adquiere el Real Valladolid ¿entraría a participar del proyecto?, ¿tendría un cargo de responsabilidad o de representación o es algo que descarta completamente?» A lo que él respondió: «Nadie puede decir nunca de este agua no beberé, pero ahora mismo no es mi intención en absoluto». Si bien añadió: «Tengo un gran defecto, no saber decir no a buenas causas». Posteriormente, y ya en conversación telefónica, se contrastó con él personalmente que la información que se publicaría daría importancia al hecho de que, como puede deducirse de su mensaje, él no descarta ser presidente. En ese momento no puso objeción. Tres horas después, cuando la información se publicó en la edición digital de El Norte, Moro contactó de nuevo con el periódico para rectificar y señalar expresamente que «descarta presidir algún día el Real Valladolid»

El Real Valladolid es, en estos momentos, un club en venta. El ascenso a Primera División y la saneada economía que posee después de dsacar adelante el concurso de acreedores e ir cumpliendo religiosamente los pagos pactados, le han convertido en una sociedad muy asequible para los inversores. De hecho casi cada día se escucha que se ha producido un nuevo interés de compra. Primero fue el brasileño Ronaldo, después un fondo de inversión estadounidense y en los últimos días un empresario mexicano, Ernesto Tinajero, vinculado al Necaxa y consejero y accionista de Liberbank. Incluso ayer mismo surgió el rumor de que una conocida firma de refrescos con intereses en la F1 y en varios equipos austriacos estaba también interesada. Pocas horas después de que saltara la información era negada desde la sede central del supuesto interesado.

Lo que sí está confirmado por este periódico es que entre el Real Valladolid y el empresario Tinajero se firmó en su momento un preacuerdo de compra de acciones. Según publicó 'El Mundo' en su edición del viernes, ese documento reflejaba un precio de 12 millones en el caso de que el equipo estuviera en Segunda División, que se incrementaría en 15 si el club lograba el ascenso.

El hecho de que la noticia del interés del empresario norteamericano saliera a la luz pública con apenas 24 horas de diferencia sobre el anuncio de José Moro de su salida del club albivioleta hizo que inmediatamente se dispararan los rumores sobre que el bodeguero era uno de los impulsores de esa operación de compra.

Lo que desmintió tajante y vehementemente Moro es estar detrás del proyecto de Tinajero, del que dijo que se había enterado de su existencia a través de las informaciones periodísticas. Y mostró su absoluta perplejidad por que se le vinculara directamente con él, ya que ni siquiera conoce al propietario del Necaxa.

Un nuevo modelo de club

Moro nunca ha ocultado, y lo dejó claro en su época directivo del Real Valladolid, que los tiempos en el mundo del fútbol han cambiado radicalmente en los últimos quince años y que la sociedad y el modelo de negocio que impera ahora mismo requiere hacer las cosas de una manera diferente. En este sentido, Moro mantiene que para un club de la dimensión del Real Valladolid es necesario que se capitalice con cierta urgencia para que las correspondientes aportaciones económicas puedan destinarse a consolidar el equipo en la máxima categoría, ya que un descenso en las actuales circunstancias podría ser fatal para el futuro del club.

Esa necesidad de capital perentoria se explica fundamentalmente por los compromisos con Hacienda y los acreedores, que hay que cumplir de manera ineludible. Unas obligaciones que restan potencial a la entidad en lo económico y le cercenan en gran medida su capacidad de crecimiento por cuanto limitan notablemente la contratación de jugadores que puedan contribuir con mayores garantías al crecimiento deportivo del Real Valladolid, que debe ser el objetivo principal de todo proyecto que se incorpore a la entidad blanquivioleta.

El Real Valladolid debe abonar a Hacienda en los próximos cuatro años alrededor de 19 millones de euros, una cantidad que se supone cubierta por los ingresos de televisión que se cobrarán en Primera División, pero cuyo abono merma la capacidad económica del club y sus posibilidades de competir en igualdad de condiciones con otros clubes en el mercado futbolístico. La deuda con la Seguridad Social, por contra, ya está saldada.

En los diversos escenarios de una posible venta que se han barajado en estos años, porque los rumores son más o menos recurrentes y suelen saltar por estas fechas, siempre se han diseñado dos situaciones.

En la primero de ellos, Carlos Suárez vende parte de sus acciones de propiedad y se queda al frente del club como propietario minoritario pero controlando una cantidad relevante de títulos. Suárez regresaría en ese hipotértico caso a la condición de empleado –la que tuvo entre 2001 y 2011, año en el que compró el club a las hermanas Saralegui–, pero sería el responsable del día a día de una entidad que estaría capitalizada y que por lo tanto dispondría de liquidez y márgenes de maniobra. Algo que hasta ahora no ha ocurrido tanto por las obligaciones derivadas del concurso de acreedores como por las dudas que siempre tuvieron los propietarios anteriores a Suárez sobre la viabilidad del Valladolid como negocio.

La otra opción es que Suárez venda todos sus títulos, algo que está en función de la valoración que pudiera hacer del club el supuesto comprador, y se retire. Es lo que quiere el empresario mexicano, que acostumbra a situar en sus empresas a sus hombres de confianza y no suele contar con nadie de la dirección anterior.

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