Jóvenes demasiado adultos

Toni celebra con Borja el tanto del orensado que supuso el empate. /Pascu Méndez-LOF
Toni celebra con Borja el tanto del orensado que supuso el empate. / Pascu Méndez-LOF
JOAQUÍN ROBLEDOValladolid

Miro atrás, quizá colocándome como hijo; observo ahora, tal vez con disposición de padre, y encuentro diferencias sustanciales entre las actitudes de la chavalería que fuimos y la que en estos tiempo es. También, salvando los diferentes contextos y lógicas sociales en que se desarrollaron ambos momentos, muchas semejanzas. Pero estas me interesan menos, es lo que nos separa lo que nos permite comprender la evolución. Pues bien, percibo un cambio que, al menos a mí, me ha sorprendido: una buena parte de esa generación que hoy rodea por arriba y por abajo la veintena son, comparada con la que viví, muy formalmente responsables. También parece cierto, como contrapartida, que otra buena parte mantiene actitudes más hostiles y es esta la que genera una peor imagen que es la que se generaliza. Los medios ­–ya saben: la noticia es que el hombre muerda al perro– dan más cancha a estos que a aquellos. Esos hiperresponsables me parecen cuerpos extraños, jóvenes que se salen de los prejuicios que uno tiene al respecto. Han asumido que el mundo es como es, que no cabe la rebeldía con, ni sin causa, que su labor consiste en prepararse para moverse bien dentro de él. Pueden mostrar su desacuerdo en lo concreto, hasta ahí, no más. Mi sorpresa llega al paroxismo cuando compruebo que, en algunos casos, actúan como padres de sus padres: les reprenden por salir, por fumar, por sus heterodoxas relaciones. Es como si lo que les indicaron como pauta para su adolescencia hubiera sido tan interiorizado que pretenden imponerlo.

Toni, mi Toni, nuestro Toni, es demasiado joven, tanto que casi podría ser hijo de Borja. Por supuesto, por edad, pero también por actitud, puede encuadrarse en este grupo generacional. En el campo vemos que realiza todo lo que el cuerpo le permite: nos quedamos con lo que nos deslumbra pero no escatima una cobertura. Pero es que, además, sin arrugarse, toma el brazo de su sorprendido padre para que no se distraiga, le muestra la perspectiva y le insta a seguir peleando. Borja mira y asume. Chavales.

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