Leo

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JAVIER YEPES

Cuando Marcelino Martínez, aquel inolvidable 21 de junio de 1964, le metió el segundo gol a Lev Yashin en el estadio Santiago Bernabéu, otorgándole la primera Eurocopa de selecciones al fútbol español, nuestro personaje se debió de mover inquieto dentro del seno materno.

Tanto que, apenas diez días después, asomaba la cabeza y tomaba posesión de la cuna en su Torrecilla del Valle natal, para regocijo de toda la familia.

Tres meses antes (13/04/1964), Eusebio Sacristán, quinto suyo pues, nacía en La Seca y con el paso de unos pocos años coincidirían ambos en el equipo cadete de Los Pavonianos. Fue, sin duda, un buen año futbolístico.

De igual modo, los galgueros de las tierras de Medina alumbraban a uno de sus mayores adictos. Aficiones ambas que, a día de hoy –¡ahí reside la gracia!–, nuestro personaje ejerce con sencillez y elegancia como carta de naturaleza.

Porque estamos hablando de Juan León Pocero Pérez ‘Leo’ (03/07/1964), 1,59 metros y 58 kilos enfundados en un castellano recio, rubio y recogido en carnes. Un caballero deportista y un ejemplo a seguir en el singular y complejo mundillo futbolístico.

De los 10 y hasta los 16 años, juega en los equipos de la Inmaculada, momento en el que cesa su actividad con el balón. Algo que solo interrumpe en Sevilla mientras sirve a la patria para destacar como ‘Gordillo’ en el equipo militar.

Recuperada la afición, vuelve a calzarse las botas, pero esta vez las del fútbol sala que entonces empezaba a pegar fuerte. Entre Valladolid y el Comarcal de Medina consume trece años, momento en el que vuelve al fútbol once porque su memoria del tiempo perdido le obligaba a recuperarlo.

A sus 36 años y a modo de fichaje invernal ingresa en el CD Rueda –estamos en el año 2000–, recién refundado. Antes, una lesión inoportuna le había impedido jugar con la Gimnástica en su única temporada histórica en Segunda B.

Y en ese «su equipo» continúa a día de hoy, jugando de lateral derecho o donde le pongan («aunque empecé de extremo izquierdo») 17 temporadas después de aquello. Antes Javi y José Manuel, como entrenadores, y ahora José Luis Garrido –«un fenómeno que me mantiene la afición»–, han disfrutado con él, mientras reconoce que en la actualidad el fútbol ha cambiado a mejor porque los entrenadores han evolucionado en todas las facetas. Y Johan Cruyff se lleva la palma.

Aficionado a todos los deportes y seguidor del Pucela –«desde que en mi casa se empezó a leer El Norte, porque lo llevaba mi padre»–, en Torrecilla sigue viviendo con su familia y su ganado.

Me lo dijo Rubén Reguera. «Míster, hazle un artículo a Leo, es un crac». ¡Acierto pleno!

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