¡Al loro!

A banda cambiada

Reclama el autor del artículo más compromiso y respeto por parte de algunos jugadores a la historia del Real Valladolid

¡Al loro!
JESÚS MORENO

Escuchar las respuestas de Hervías a la prensa, una vez concluido el último partido de liga en Pamplona, incómodo, casi enfadado con el periodista que le apretaba, me trajo a la cabeza aquel mitin de Joan Laporta ante su militancia pleno de fervor y énfasis en el que, acosado por opositores y aspirantes al Trono de Hierro blaugrana, trataba de convencer a los peñistas que le escuchaban espetándoles que no estaban tan mal. ¡Al loro!

Hervías, porque en eso también hay diferencias entre los equipos poderosos y los más humildes en lo económico, no tuvo tanta vehemencia a la hora de señalar que el décimo puesto que ahora ocupa el Real Valladolid no era como para dramatizar. Le faltó despejar la incógnita de si no lo era porque esa posición en la tabla es la máxima hazaña a la que puede aspirar esta plantilla, por lo que, quizá, deberíamos empezar a pensar en engalanar la Plaza Mayor para recibir a los héroes de confirmarse una permanencia holgada, o si, por el contrario, lo que quería decir es que nos guardáramos la histeria para cuando vengan tiempos peores, en una suerte de apocalíptica profecía, y en vez de estar en mitad de la tabla nos veamos peleando por salvar la categoría y, con ella, la subsistencia misma de la entidad.

Lo de Hervías no es más que una nueva prueba de ese desarraigo que se viene detectando en las últimas plantillas hacia lo que significa el Real Valladolid. Mitad por puro desconocimiento del club en el que militan –más todavía cuando a las prolongadas estancias en ese limbo llamado Segunda División se le une el estruendo que siempre provocan las noticias que rodean a los dos grandes del fútbol nacional lo que empequeñece, cuando no silencia, la actualidad del resto de conjuntos–, mitad porque el Real Valladolid se ha convertido en una suerte de ciudad dormitorio. Un sitio de paso para tantos jugadores que obliga a reinventar la plantilla cada 30 de junio e impide que los diferentes futbolistas puedan sentirse partícipes de la propia historia de la entidad.

El Real Valladolid tiene la obligación de intentar, año tras año, volver a la categoría que le corresponde más por pasado que por presente. Y los que no lo sientan así por conformismo, desidia o ignorancia, que sean honestos con el club que les paga y con ellos mismos y den un paso al costado.

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