Real Valladolid

Luis César: «Me preocupa mucho el aspecto mental de los futbolistas»

Luis César, en su presentación como entrenador del Real Valladolid el lunes 26 de junio.
Luis César, en su presentación como entrenador del Real Valladolid el lunes 26 de junio. / Ramón Gómez

El nuevo entrenador del Real Valladolid quiere un «equipo competitivo con unas señas de identidad constantes»

ARTURO POSADAValladolid

A Luis Ángel César Sampedro (Villagarcía de Arosa, Pontevedra, 1966) el fútbol le ha dado muchas alegrías, pero lo que más le gusta es superar dificultades. El entrenador cree que contará con un buen bólido en el Real Valladolid y espera acelerar desde el inicio.

¿Está más ilusionado que nunca al frente del «mejor coche» que ha tenido en su carrera?

–Estoy muy ilusionado, sin duda. Tengo una plantilla para pelear con los mejores de la categoría. Pienso que es más sencillo luchar con buenos jugadores que con peores recursos.

¿Qué impresión le ha causado el Real Valladolid y sus instalaciones?

–Se nota que este es un club de Primera. Tiene herramientas suficientes para hacer bien las cosas. Sé adónde llego y cuál es el objetivo. Creo que podremos hacer un buen trabajo y pelear con los mejores cada jornada.

«A los jugadores buenos los quiere todo el mundo, pero el Real Valladolid tiene marca»

En una entidad como el Real Valladolid, la idea de volver a Primera siempre va a estar presente.

–Es evidente. Pero hacemos un flaco favor hablar siempre del desenlace, del final. Faltan 12 meses. La liga es un proceso de pequeños logros cada jornada, todos en la misma dirección. La clave es insistir, perseverar un poco más y no detenerse nunca. A partir de ahí, iremos avanzando. Pasarán las semanas, el primer mes, el siguiente... Usted sabe que para ascender directamente hay que lograr más de 70 puntos y para jugar el ‘play-off,’ más de 63. Eso no se consigue en el último mes. Hay que acumular puntos tras haber acumulado méritos, con un equipo competente y competitivo, que muestre unas señas de identidad constantes. Quiero que la gente que vaya a ver al Real Valladolid sepa lo que se va a encontrar. Habrá días buenos y malos, pero no quiero que un aficionado acuda con la idea de ver una película de policías y que se encuentre con un melodrama, y al domingo siguiente con una de vaqueros. Luego, todo dependerá de los jugadores, que son los que hacen buena la manera de jugar.

¿Esas señas de identidad van más allá de una formación táctica, del dibujo sobre el césped?

–El estilo de juego no tiene nada que ver con la formación, que es solo la disposición de unos jugadores, la manera de atacar y defenderse. El estilo es diferente: se trata de cómo quieres ganar, si buscas ser protagonista o no. Se puede vencer de las dos maneras. A mí me gusta ser protagonista, ya se lo anticipo. Y lo he hecho con el Albacete y con el Lugo, equipos que no tienen los recursos del Real Valladolid, así que imagínese aquí. Trataré de serlo mucho más.

¿Qué papel tendrá en la confección de la plantilla? ¿Está en contacto con el director deportivo?

–Hablo con Miguel Ángel Gómez dos o tres veces al día y comentamos los avances que van sucediendo a lo largo de las horas. Miguel Ángel tiene claro lo que queremos y yo también. Hay que sustituir jugadores que se han ido, como dije el día de la presentación. Hay prioridades en cada puesto. Buscamos lo mejor. Competimos en un mercado duro, con 17 equipos que quieren subir a Primera. Los que han bajado presentan un potencial importante por las ayudas al descenso. A los jugadores buenos los quiere todo el mundo, pero el Real Valladolid tiene marca. No es lo mismo que te llame este club que otros. El Real Valladolid es de los mejores clubes de la categoría en cuanto a pedigrí y estatus.

«Quiero que la gente que vaya a ver al Real Valladolid sepa lo que se va a encontrar»

¿Llama usted directamente a los jugadores para convencerlos de que vengan?

–Lo hago. De hecho, ya he llamado a alguno [ríe].

¿Y qué les dice?

–Ante todo trato de ser sincero. Les digo lo que quiero del proyecto y lo que persigo en ellos, qué capto en sus potencialidades. Luego depende del mercado del chico. Si tiene tres o cuatro equipos que también pelean por el ascenso, decidirá el aspecto económico. A clubes semejantes en cuanto a magnitud, uno suele decantarse por el dinero, como en cualquier puesto de trabajo. También puede influir el estilo de juego y el conocimiento del entrenador, pero si existe una diferencia importante, el jugador irá al equipo que más dinero le dé aunque el estilo de juego le guste menos.

¿Cómo es su trato con los futbolistas en el día a día? ¿Es un técnico cálido o guarda las distancias?

–Soy una persona muy cercana, pero también exigente. Los jugadores tienen mi puerta abierta para hablar y comentarme todas sus inquietudes. Los que jueguen y los que lo hagan menos. Después de tantos años en el mundo del fútbol he descubierto que siempre están contentos los que salen de titulares. Los que sustituyes no están contentos porque los cambias y los que dejas en el banquillo tampoco porque no aparecen en el once titular. Al final, solo están contentos ocho: los que juegan los 90 minutos. Lo importante es no confundir a los jugadores. Soy una persona recta y directa, y no me contradigo. Me preocupa mucho el aspecto mental de los futbolistas. Las personas tenemos nuestros pensamientos negativos habituales. La mente de cada uno es controladora y descontrolada a veces. Pensamos que está de nuestro lado y a veces nos confunde. Me preocupa la cabeza de los futbolistas, que va a su aire. A veces hay que silenciar la mente de los jugadores que se sienten insatisfechos y también la de aquellos a los que les van bien las cosas. Hay que echar agua en esas mentes en ebullición.

Veo que concede mucha importancia a la parte psicológica...

–Yo también tengo mis pensamientos negativos habituales, como los tendrá usted. La mente va a su aire. Piensa sin parar, cavila mucho, se preocupa, genera malestar y nos chupa gran cantidad de energía. Necesitamos esa energía para mantener el control sobre nosotros y ser competitivos cada domingo. ¿Me entiende? La cabeza es el motor. El rendimiento de un futbolista es el potencial que tiene menos las interferencias. Esas interferencias empiezan en la cabeza. A veces nos preguntamos por qué un futbolista no rinde. La gente va al recurso fácil y al topicazo: le falta confianza. ¡Pues claro que le falta confianza! Debe silenciarse un poco y que todo fluya. No pensar ni en el pasado ni en el futuro.

«El estilo es diferente: se trata de cómo quieres ganar, si buscas ser protagonista o no. Se puede vencer de las dos maneras. A mí me gusta ser protagonista, ya se lo anticipo»

¿Cómo estructura las semanas de trabajo? ¿Le gusta hacer muchas sesiones de vídeo?

–El primer día curaremos las heridas del partido anterior y habrá vídeo de refuerzo o de corrección de errores. Después pasaremos al partido siguiente. Los jugadores saltarán al primer entrenamiento fuerte de la semana sabiendo ya, en términos generales, cómo juega el equipo rival. Entrenamos para reforzar nuestros principios y para contrarrestar las ideas que utiliza el contrincante para ganarnos. A finales de semana habrá un poquito de vídeo para observar el balón parado de los contrarios. Prepararemos el partido y crearemos los escenarios simuladores que sucederán el domingo. Luego llegará el tiempo de los artistas, que son los que tienen que estar acertados en el campo. Hay equipos que preparan mal los partidos, pero los ganan. Es el hombre contra el hombre. Dependemos de la buena o mala versión de los jugadores y por eso es tan importante la cabeza.

Contará en su equipo de trabajo con Daniel del Valle, un analista procedente del Sevilla, para diseccionar a los rivales. ¿Delegará totalmente en esta parcela?

–Estará el analista, pero hay cosas que yo no puedo dejar de hacer. En Lugo no tenía analista. Éramos dos personas, Juan Iglesias Paz y yo, para ejercer también de analistas, hacer el ‘scouting’, entrenador, segundo entrenador... Tiempo hay. La semana tiene muchas horas. El analista hará un trabajo importante y me ayudará, pero si hay algo que no dejaré de hacer será ver los tres o cuatro últimos partidos del rival al que me enfrente. Me siento mal si no lo hago.

¿Quiénes le han influido más en su formación como entrenador?

–Desde jugador uno va cosechando y desechando entre lo que ve. Como entrenador también. Yo he jugado a muchas cosas. Hace muchos años lo hacía de una manera y ahora de otra. Evoluciono. Bebo de muchas fuentes. Veo cómo ganan los mejores, el Madrid, el Barcelona... Y trato de captar si ganan porque son buenos entrenadores o porque tienen buenos futbolistas. Porque hay entrenadores que ganan, y son buenos, pero tienen futbolistas cinco veces mejores que los rivales cada semana. Debo observar a los demás con cuidado, no puedo confundirme. Todas las experiencias forman parte de mi almacén de recursos y voy utilizándolos a medida que atravieso etapas. Si no fallas, no aprendes y si no aprendes, no evolucionas. Así me manejo. Cualquier fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender. Soy más completo ahora que antes.

«A veces hay que silenciar la mente de los jugadores que se sienten insatisfechos y también la de aquellos a los que les van bien las cosas»

¿Añora sus tiempos como portero?

–No, no los añoro. No, no. Dejé de ser futbolista de manera instantánea. El presidente del Racing de Ferrol quiso que me retirase y cogiese el equipo. No me dio tiempo ni a pensarlo. Empecé a ser entrenador a los 34 años, tengo 51. Llevo 17 años como técnico. Reviso algunas cosas que hice y me digo a mí mismo ‘¡Luis, qué malo eras! ¿Cómo entrenabas tan mal?’. Pero no era capaz de verlo. ¡Yo pensaba que trabajaba bien! Uno evoluciona y descubre cosas. Mis gustos futbolísticos han cambiado, como en otras facetas. Ahora me visto de manera distinta a la de hace doce años. Tomo comida diferente. Y mis criterios futbolísticos también han cambiado. El pelo no, ya era calvo. Un buen entrenador tiene que ser como un buen ‘chef’: ha de saber cocinar muchos platos, no solo arroz con bogavante. ¿Qué harás el día que no tengas bogavante? ¡Tendrás que saber hacer tortilla de patata! Yo he hecho mucha tortilla de patata, lamentablemente. No he tenido bogavantes. Un entrenador ha de saber jugar a muchas cosas, no solo a una. Yhacerlo bien.

–¿No se le quedó clavada la espina de debutar en Segunda como portero después de haber logrado el ascenso con el Racing de Ferrol?

–Pues sí, pero me pilló con 34 años y no había vuelta atrás. El presidente, Isidro Silveira, que en paz descanse, quiso que fuera entrenador. A los 15 días me dijo lo que me iba a pagar y ya está. No había vuelta atrás. El tren pasa una vez en la vida. Él me convirtió en entrenador de Segunda División, en una liga importantísima en la que estaban Rafa Benítez, Fernando Vázquez, Caparrós, Luis Aragonés... Aprendí mucho de enfrentarme a ellos, con toda la ilusión del debutante.

«Hay equipos que preparan mal los partidos, pero los ganan. Es el hombre contra el hombre. Dependemos de la buena o mala versión de los jugadores y por eso es tan importante la cabeza»

El mayor éxito de su carrera hasta ahora ha sido el ascenso del Nàstic a Primera. ¿Cuál fue el secreto de aquella temporada?

–Mis mejores plantillas para la categoría han sido en Segunda B: Racing de Ferrol, Albacete... En Segunda he contado con plantillas que nunca han sido de la ‘pole’. En Tarragona hicimos las cosas muy bien, muy bien, muy bien y hubo muchos equipos que las hicieron muy mal, muy mal, muy mal. Éramos la plantilla 14ª y quedamos segundos. Ha sucedido esta última campaña: equipos que aspiraban a subir como el Mallorca o a jugar el ‘play-off’ como el Elche acabaron descendiendo a Segunda B. O el Zaragoza, que optaba a ser primero o segundo y fue el quinto por la cola. Usted sabe la complejidad de la categoría. Aquel año en el Nàstic fue fantástico: empezó mal y se fue enderezando todo. Para que nosotros subiéramos con la plantilla 14ª, hubo equipos a los que no les salieron las cosas. Aquel año hicimos un gran trabajo, pero fallaron otros. Los equipos con buenos jugadores están arriba año tras año. Vea al Real Madrid y al Barcelona. Creo en la figura del entrenador: a una plantilla que es décima un buen técnico la deja quinta. Un entrenador que no sea bueno a una plantilla décima la deja décima o duodécima. Pero no restemos protagonismo a los jugadores. Creo en la figura del entrenador y soy un obsesionado del trabajo, pero reconozco que es mejor ir a la guerra con pistolas que con flechas. Por eso prefiero ir con pistolas, aunque haya que matar mucho.

¿Qué es lo que menos le gusta del fútbol?

–Los factores incontrolables, lo que no puedo manejar. El componente arbitral, por ejemplo, a favor y en contra. A veces alcanzas un título porque un árbitro se confunde a tu favor en el día tal a la hora equis. Los factores incontrolables me molestan, ¿entiende? Hay demasiada incertidumbre. Me gustaría tener todo mucho más controlado, pero el fútbol es como es. No por trabajar más que los demás consigues más. A veces trabajando menos, se consigue más. Eso me incomoda un poco.

«Un entrenador ha de saber jugar a muchas cosas, no solo a una. Y hacerlo bien.»

Una vez pasado el sarampión de la primera destitución, ¿un entrenador consigue inmunizarse cuando es despedido?

–Uno nunca acaba de acostumbrarse. La ley del fútbol se ha establecido así. Cuando las cosas van mal se buscan cambios, aunque sean para peor. Todo el mundo los demanda. Es el topicazo de ‘no vamos a cambiar a 25, hay que cambiar a uno’. A lo mejor ese uno es el menos culpable de lo que sucede y luego contratas a un entrenador peor, pero cambia la suerte un pelín. Al acabar las ligas, todo el mundo coincide en que el 85% de los cambios de entrenador han sido malos, pero al año siguiente lo vuelven a hacer [ríe]. Hay que elegir siempre un buen entrenador, no de manera aleatoria, y saber qué te dará. El camino es largo y está lleno de tropiezos y de dificultades. Hay que superarlo. Yo las he pasado canutas y espero seguir pasándolas, porque una de las cosas más gratificantes del fútbol es superar dificultades. Más que ganar tres partidos seguidos.

Oiga, una curiosidad. ¿Cómo surgió la idea de crear su página web,

–Le cuento. Fue en una época de mi vida en la que no tenía equipo. Creo que empecé en 2010. El día tiene muchas horas, ¿entiende? Decidí hacer algo y con el paso del tiempo fui cambiándola. Me gusta centrifugarme un pelín, ¿sabe? Cuando alguien pone ‘Luis César Sampedro, candidato al Valladolid’ dice ‘¡mira una web!’. Y ya buscan ahí. Me gusta escribir de vez en cuando, cuelgo una rueda de prensa.... Ya sabe usted, momentos de ocio.

¿Qué otras aficiones tiene?

–Me gusta hacer deporte. Ahora empezaré otra vez, porque he estado mal de la cadera y me operaron. Podría no haber pasado por el quirófano, pero no me permitía correr, andar en bici, darme grandes paseos... También me gusta leer y bucear por Internet para ver qué hacen los demás entrenadores con los jugadores que tienen. Soy un cotilla. Y saco mis conclusiones. Cuántas victorias ha conseguido, pero con qué futbolistas. Cuántas derrotas, pero contra quién se enfrentó. No es una cuestión de si uno gana mucho. ¡Sí, gana mucho, pero porque va con artillería el cabrón!

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