Luismi y la lluvia que cae

Luismi intenta robar el balón a Fabrinni. /M. Rojas
Luismi intenta robar el balón a Fabrinni. / M. Rojas
JOAQUÍN ROBLEDOValladolid

En uno de esos discursos en los que, ante la mirada atónita de los presentes, pretende explicar el tema del que habla con alguna hilarante alegoría, Mariano Rajoy defendía su gestión ­–si no lo hace él, ¿quién va a hacerlo?– poniendo sobre el tapete algún dato favorable. Es entonces cuando el presidente del Gobierno se creció y, entrando en el territorio literario, quiso apostillar la relación causa-efecto entre su labor y el apunte referido .

–Esto no es porque sí, no es como el agua caída del cielo sin que se sepa exactamente por qué.

Fue entonces cuando los científicos, incluso los amateur, entraron al trapo indicando que son de sobra conocidos los fundamentos por los que se produce la lluvia. Claro, se podría añadir, son de sobra conocido para ese gremio que ha estudiado sobre la materia; pero para ese enorme resto de los que nos limitamos a saber que la lluvia cae para abajo y que nunca lo hace al gusto de todos el proceso continua siendo un arcano.

En esto del fútbol somos más los 'rajoies' que los científicos. De lo contrario no se puede explicar que en las conversaciones entre aficionados, semana tras semana, se cuestione su labor y, a la par, los entrenadores depositen en él la confianza. Desde el lado de los menos entendidos contamos los balones que pierde, nos da la sensación de que se coloca en el punto justo para no recibir el balón... pero ahí sigue, entre los once elegidos, primero con Sampedro y después con González. Algó tendrá el agua, también el de la lluvia, cuando lo bendicen aunque no sepamos explicar por qué cae.

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