Manías en el Pucela, del abrigo a la camiseta

El presidente del Real Valladolid gusta de repetir prenda si con ella ganó el equipo. El entrenador se suma a esa costumbre

Suárez con el abrigo que ha lucido en algunos partidos, no necesariamente invernales/
Suárez con el abrigo que ha lucido en algunos partidos, no necesariamente invernales
JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

La vida está llena de rituales, manías que uno adquiere con el firme propósito de convertir aquella rutina que le generó buena suerte en una especie de amuleto del día a día. Todos tenemos alguna, aunque muchas no son visibles y forman parte del ecosistema interior de cada persona, de la esfera más privada. Posar el pie derecho nada más abandonar la cama por la mañana, repetir atuendo, escuchar una determinada canción, caminar sin pisar las líneas, rezar las oraciones en el mismo orden o colocarse alguna prenda del revés son algunos ejemplos de rarezas que no representan más que un refuerzo mental para afrontar con garantías de éxito cualquier misión que nos proponga nuestra existencia. Estas extravagancias son una especie de red que nos sirve para caminar con seguridad sobre el alambre, aunque en muchas ocasiones su eficacia únicamente tiene el reflejo mental que el interesado busca. El resultado no siempre es el esperado. O sí.

El deporte es un estado de ánimo. Y como tal, está plagado de este bucle de rituales mediante el que los protagonistas buscan un mundo mejor, la gloria, el reconocimiento, la victoria. En el Real Valladolid, uno de los principales valedores de esta teoría de la repetición de hábitos como sinónimo de éxito es Carlos Suárez, el presidente que exhibía abrigo y bufanda en pleno tránsito entre la primavera y el verano, con el mercurio asomando por encima de los 25 grados, como salvaguarda de los intereses de su club. El dueño del club entendió un día que ese atuendo le iba como anillo al dedo a sus jugadores, al menos en el plano de su psique, y cada jornada lucía la vestimenta talismán, convencido de que el embrujo podría influir en el resultado de su equipo.

La realidad es que todo pertenece al micromundo del cerebro de cada persona. Es un vínculo entre lo posible y lo irreal. El problema viene cuando tu rival también repite los rituales que le han fabricado victorias. Ahí viene el lío. El cara a cara entre las supersticiones que cada uno asume como infalibles y que trocan su uniformidad por las hendiduras de un colador cuando el resultado no es el esperado. ¿A quién hace caso el destino? ¿Qué rutina es la más poderosa? Bromas aparte, este tipo de acciones sirven para ratificar el ánimo y elevar la confianza que uno tiene sobre sí mismo cuando se enfrenta a un reto.

«Supersticiones tenemos todos, aunque no lo queramos decir. Siempre hay alguna cosa con la que has ganado y quieres repetir». Son palabras de Mendilibar, que se hizo famoso por portar el chándal de la suerte cada vez que se asomaba al banquillo para dirigir al conjunto blanquivioleta. Sergio, sin embargo, es más elegante. Su amuleto es la camisa que no se ha quitado desde que sumó su primer triunfo como técnico del Real Valladolid. El entrenador del cuadro castellano acompaña la prenda con una camiseta interior blanca. De ahí no se mueve hasta que sus futbolistas obtengan el pasaporte para cambiar de categoría. Son manías, simples rutinas que para muchos son una anécdota pero que para la persona que lo pone en práctica supone un plus de motivación para conseguir el objetivo.

Sergio siempre viste igual en el campo
Sergio siempre viste igual en el campo

Póngase en situación. Imagine a Rafa Nadal, el deportista más maniático, sin los tics que le sirven para estabilizar su estado de ánimo en cada partido. Un drama. Botellas en el sitio preciso, delante de su banquillo, el raquetero siempre en la misma posición, saltitos intimidatorios en el sorteo de saque y un esprín en zigzag antes de comenzar el peloteo de calentamiento. Son rituales que complementa con la parafernalia que hace sobre la pista cada vez que saca. Limpia la línea, descarta una de las tres bolas que tiene en la mano, calzoncillo fuera, hombro izquierdo atusado, le sigue el derecho, oreja izquierda, nariz, oreja de derecha y repetición. Ahora sí. A sacar. Tiene más, pero no es cuestión de llenar siete páginas.

El mejor tenista español de todos los tiempos es el claro ejemplo de las rutinas como vehículo para conseguir el éxito. El Real Valladolid tirará de las suyas para superar el órdago que tiene encima de la mesa. El Numancia también apostará por sus rituales. En la guerra por una butaca en la Liga Santander todo vale. No sobra un tic. Desde el presidente al último de los aficionados, todos recurrirán al amuleto de la suerte, a la camiseta de los ascensos, a los hábitos que siempre han funcionado como embrujo para terminar el día con una sonrisa. Pocos confesarán el truco y menos si esta vez no funciona (esperemos que el disgusto recaiga en Soria), pero las supersticiones librarán su particular batalla en la final del domingo. Vaya desempolvando su prenda fetiche que hará falta.

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