GOL DE MATA

GOL DE MATA
JESÚS MORENOVALLADOLID

Hay algo en nosotros que nos impide disfrutar de las victorias del Real Valladolid. Algo que repele la euforia o la alegría de la misma manera que Álex aborrecía la violencia y el sexo una vez sometido al 'Método Ludovico' en La Naranja Mecánica. Una forma artificial de mantener el perpetuo estado de enfado, de todo mal, una manera de lavar una conciencia por haber celebrado el gol de la victoria porque el equipo aún no se ha hecho merecedor de una mueca de satisfacción. En el fondo, cuando el relato se asienta sobre un criterio esnob de mostrarse eternamente insatisfecho ni la realidad, ni –menos aún– los resultados suelen ser obstáculo que impidan mantener el 'sostenella y no enmendalla', el 'ya lo dije yo en verano', o el 'así no vamos a ninguna parte, ya veréis cuando venga por Zorrilla el líder de la categoría'.

A estas alturas del campeonato, y casi de la historia reciente de la entidad, no cabe duda de que cualquier acontecimiento que surge alrededor del club, por aparentemente bueno que pudiera resultar a simple vista, es una nueva prueba que sirve para demostrar la mediocridad en la que se ha instalado el Real Valladolid, desde las oficinas hasta el césped. Así, el acierto goleador de Jaime Mata, en realidad no es otra cosa que un nuevo botón de muestra de la vulgaridad del juego realizado por la plantilla y el técnico a los que se les niega incluso –y degradando su categoría– el papel de meros siervos trabajadores para el pichichi de la categoría, pues se podría decir que los tantos de los que vive el equipo aparecen como por arte de magia, sin un trabajo de todo el plantel detrás.

En este teatro del absurdo, el gol de Mata ya no tranquiliza, al contrario, es la excepción que ratifica el nerviosismo, de manera que cuantos más anota, más se confirma la preocupación, más se intensifica la sensación de que el equipo va a la deriva. El gol de Mata, si no viene precedido de una jugada coral plena de pases y armonía, debería ser anulado por indigno, por obsceno y por tramposo. Porque un club como el Real Valladolid, que ha hecho tantas cosas mal, no se ha ganado el derecho a cobijar en sus filas al máximo artillero de la categoría. Créanme si les digo que nunca hasta ahora me había sentido sucio por celebrar un gol suyo.

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