El fin y los medios

Justifica el articulista el poco vistoso partido del sábado en que hay ocasiones en las que es necesaria jugar a ser práctico más que bonito

Luis César da instrucciones a sus jugadores ante la mirada de Nacho. /G. Villamil
Luis César da instrucciones a sus jugadores ante la mirada de Nacho. / G. Villamil
JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

Mi hijo (9 años) es un ‘loco’ del fútbol. Le da igual quien juegue, incluso la categoría. No se pierde un partido. Es tal su pasión por el balón que solo le falta dormir abrazado al esférico. Bien. El sábado, después de la victoria del Real Valladolid ante el Oviedo, me llama y me pregunta el resultado. «Papi, no sé cómo han quedado porque he aguantado media hora y era tan aburrido que lo he dejado de ver». Esta conversación refleja el cortocircuito que sufrió el estilo alegre y dinámico del cuadro castellano, guardado en la taquilla del vestuario para dejar sitio en el césped a un fútbol inconexo, sin elaboración y aéreo. Una mutación que, si no hubiera sido por el resultado, habría terminado de encender todas las luces de alarma.

Pero esto es el fútbol. Si dentro de unos meses Luis César empuña el micro en el balcón del Ayuntamiento para desatar las gargantas de la hinchada en la celebración del ascenso, nadie se acordará de aquel partido insufrible que quebró la sequía de triunfos del conjunto albivioleta. Mi hijo tampoco recordará que un día se tuvo que levantar del sofá para esquivar el sopor. En Segunda, prima más el contenido, en este caso la victoria, que el envoltorio, ante el Oviedo desconchado y sucio. El fin puede justificar los medios.

Si partimos de la premisa de que practicando el antifútbol es complicado que la flauta suene afinada todos los días, está claro que Luis César necesita encontrar el equilibrio para no confundir la solidez defensiva con los patadones sin criterio. No es lo mismo defender bien que quitarse la pelota de encima. Y esto es lo que hizo el Real Valladolid el sábado. Fue incapaz de empalmar dos pases seguidos, ni siquiera para aprovechar los huecos al contragolpe, su seña de identidad esta temporada. Cada vez que el Oviedo se asomaba al área blanquivioleta, parecía que era la última jugada del partido para los defensas pucelanos. Es como si el balón se incendiara al acercarse a Masip. Y lo peor es que entre tanto despeje, ninguno fue orientado para buscar un ataque coherente. Todo lo contrario.

En tiempos donde el #XIIPucela va cogiendo forma, es vital que los triunfos, a poder ser, lleguen a través del buen juego. Un aspirante al ascenso no puede vivir del pelotazo y eliminar de golpe sus argumentos futbolísticos para guardar su meta. Hay muchas fórmulas para divertir y defender. Solo hay que encontrarlas.

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