La montaña rusa

Luis César, durante el entrenamiento del pasado lunes/Rodrigo Jiménez
Luis César, durante el entrenamiento del pasado lunes / Rodrigo Jiménez
CARLOS PÉREZ

Decía Jorge Valdano que el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes. Es por eso que vemos actitudes ligadas al fútbol que en cualquier otro contexto nos parecerían ridículas. Nadie sale a la calle a bañarse en una fuente de una plaza pública por un Oscar ganado por nuestro actor o actriz fetiche, por un premio Nobel o por la finalización de las obras del soterramiento de las vías del tren. Pero el fútbol tiene ese algo que saca al otro yo que todos tenemos dentro. Y concretamente al otro yo oscuro. Al malo.

Me llama la atención por ejemplo el estado de histerismo en que hemos vivido las dos ultimas semanas. Nuestro diccionario de la Lengua tiene una acepción dentro de histeria que es la histeria colectiva. Y la define como «el comportamiento irracional de un grupo o multitud producto de una excitación». Me llama la atención porque alguno no se enfada tanto el día que su hijo llega con 7 suspensos a casa como lo que hemos vivido las dos ultimas semanas sólo porque un jugador ha fallado un penalti. Es más, tengo la sensación de que algunos de los que pusieron la cruz a Luis César en diciembre, llegaron a celebrar la derrota en Córdoba.

La semana pasada acusé al club de no haber defendido al míster durante los dos días anteriores por los ataques y rumores que le ponían fuera. De ahí viene el ataque de cuernos que le entra a Luis César y la escena que monta en la sala de prensa. Muy maduro todo.

¿Y la prensa? La prensa está subida en la misma montaña rusa en la que está subida la afición, el club y el entrenador. Las prisas en dar noticias hacen que se airee una bronca a las puertas del estadio que no existió, por no hablar de la veintena de nombres que se han soltado sin ningún criterio.

Nos reímos y hacemos chistes de la afición del Valencia pensando que somos mejores que ellos, pero los proyectos nos duran más o menos lo mismo. Aún recuerdo lo que se decía de Djukic por dejarnos por el Valencia.

Esto solo lo arregla el perdón colectivo. Que Luis cesar pida perdón y reconozca que se equivocó en esa rueda de prensa y que en el vestuario parta de cero con todos los jugadores como si no hubiese pasado nada. El club debe pedir perdón al entrenador por su falta de apoyo y no saber parar tantos rumores. La prensa entrar más en su papel de informadores haciendo crítica partiendo de la base de que «solo» son la prensa. Y César a ver el vaso medio lleno, que es como está, a no cacarear que es imposible lo que es posible y a animar. Con todos estos mimbres se hace el cesto.

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