Real Valladolid

El Rey ha muerto, ¡Viva el Rey!

Toni Villa, en el partido contra el Oviedo. /MARIO ROJAS
Toni Villa, en el partido contra el Oviedo. / MARIO ROJAS

A BANDA CAMBIADA

JESUS MORENO

Una de las pruebas más palpables del paso de la juventud a la vejez suele ser la acumulación de aquellos recuerdos que nos remontan a los primeros amores y a los últimos, a las vivencias y experiencias, a los nacimientos y a las muertes, a las sonrisas por el éxito y a las lágrimas por las decepciones. A unos que llegan y a otros que se van, habría cantado Julio Iglesias.

El ejemplo más prosaico, evidente y terrenal, quizá también un poco disparatado, de lo que vengo comentando, es contemplar el paso del tiempo a través del discurrir de los deportistas profesionales -y por aquello de tener una carrera más limitada en el tiempo- desde su eclosión hasta su decadencia. La marcha de Andrés Iniesta del fútbol profesional español a otro menos exigente obliga a echar la vista atrás en un ejercicio de nostalgia para rememorar dónde estábamos hace casi dieciséis años, cuando un joven de Fuentealbilla debutaba con el primer equipo en un partido de 'Champions League', y a dónde hemos llegado después de haber compartido su nacimiento deportivo, su evolución, su cénit y, ahora su adiós. Después, en definitiva, de habernos hecho partícipes de una carrera a la que debemos agradecerle, al menos, el mejor de los legados: los recuerdos.

En una mueca del destino, en un ciclo vital que daría para formar parte de la banda sonora de 'El Rey León', su adiós coincide con la aparición de un diamante en bruto que parece haber bebido el mismo brebaje que aquel. Toni Villa, todavía en proyecto de lo que puede ser un futbolista excepcional, de aspecto pequeño y frágil como de porcelana, heredero de esa estirpe de locos bajitos que, en contra la evolución en deportista de aspecto atlético y cuerpo musculado que dictaba la lógica, dominaron Europa y el mundo entero durante un buen puñado de años, comienza a despuntar en Valladolid con ese fútbol rápido e inteligente que genera expectación por lo que pueda pasar cada vez que la jugada pasa por sus botas. Su presencia en el campo empieza a evocar en los seguidores esa sensación, casi olvidada desde que Víctor -otro antihéroe del fútbol más físico- abandonó la disciplina del Real Valladolid, consistente en experimentar qué se siente cuando el mejor futbolista juega en el equipo del que uno es aficionado.

Se va Andrés y llega Toni. Es la vida. El rey ha muerto. ¡Viva el rey!

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