Multiplicar por tres

Míchel Herrero y Mata en el partido ante el Lugo. /Ramón Gómez
Míchel Herrero y Mata en el partido ante el Lugo. / Ramón Gómez
JOAQUÍN ROBLEDOValladolid

Una de las primeras cosas que aprendimos en la escuela fue que las matemáticas nunca fallan. Otra, que supimos más tarde, es que esta ciencia de la exactitud combina mal con las proyecciones que pretenden aventurarse en los terrenos de lo científicamente desconocido. Precisamente debido a este mal casamiento, y dado que nada hay más ignoto que lo que está por venir, con demasiada frecuencia las predicciones económicas o sociales se asemejan poco a la realidad que trae ese futuro cuando se convierte en presente. En estos casos no son las matemáticas las que yerran sino la creencia de que se puede medir lo que aún no existe como si fuera a ser idéntico a lo que ya conocemos, como si el día a día del mañana no tuviera capacidad de sorprendernos. Realizar ejercicios matemáticos para proyectar crecimientos económicos a años vista o para intentar conocer cómo estarán las pensiones en el 2025 puede ser útil para hacerse una idea de los efectos de las políticas del presente, pero poco más.

Precisamente debido a este mal casamiento, y dado que pocas actividades existen más impredecibles que el fútbol, las previsiones que sobre este terreno balompédico se realizan se empeñan en tropezar con resultados diferentes a los esperados. A pesar de esto, en las cabezas de algunos entrenadores se realizan operaciones aritméticas que el balón se empeña en contradecir.

Así, ayer, a Luis César Sampedro se le encendió la calculadora. Si con un delantero centro mi equipo tiene ‘x’ posibilidades de anotar un gol, la ecuación resulta sencilla:poniendo en el campo a tres a la vez, las probabilidades pasarán a ser ‘3x’. Pero las matemáticas no respondieron a esa llamada porque no funcionan así. En realidad, el centro del campo pucelano se debilitó y el Lugo, aun con un hombre menos, estuvo a punto de dar un susto. En realidad, los tres delanteros se veían abocados a pelear por el mismo espacio o a buscarse la vida fuera de sitio. A Chris Ramos le vimos extendiendo su largas piernas por la banda izquierda. Al no ser lo suyo, la línea de fondo se le quedaba demasiado cerca y el gaditano terminó alguna carrera cerca del territorio de la afición. Desde allí, apocado, observa a un Mata que, manos abiertas de desesperanza, le reclama una acción que requeriría una pericia que (aún) no ha adquirido. Jugar con más delanteros no significa que vayan a llegar más goles. Es cosa del juego, no echen la culpa a las pobres y sufridas matemáticas.

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