Así nació el Real Valladolid hace 90 años

De la fusión del Club Deportivo Español y la Real Unión Deportiva surgió el equipo blanquivioleta, hace nueve décadas

Foyaca, Castro, Pipi Pombo, Barbáchano, Alcántara, Pedro San Miguel, Garrote, Platko, Evaristo San Miguel, Martín y Enrique en la temporada 1928-1929./Archivo J. M. Ortega
Foyaca, Castro, Pipi Pombo, Barbáchano, Alcántara, Pedro San Miguel, Garrote, Platko, Evaristo San Miguel, Martín y Enrique en la temporada 1928-1929. / Archivo J. M. Ortega
JOSÉ MIGUEL ORTEGAValladolid

20 de junio de 1928. Ocho de la tarde. En el local que había sido sede social de la Real Unión Deportiva, piso principal del inmueble número 4 de la calle Duque de la Victoria, encima del popular Café Valladolid, se reunían directivos y socios de la Real Unión Deportiva y el Club Deportivo Español para oficializar el paso que durante meses se había estado gestando.

Casi tres horas después, la asamblea constituyente del nuevo club ponía el colofón a meses de negociaciones en los que hubo que limar no pocas asperezas, dada la tremenda rivalidad vivida entre los dirigentes y aficionados de la Real Unión Deportiva y el Club Deportivo Español, los dos gallitos del fútbol local y regional en la década de los años veinte.

En las semanas previas a la fusión, los dos clubes eligieron una representación de personajes con peso específico en la ciudad, vinculados a sus colores. Santo Rodríguez Pardo, Gregorio Merino, José Lomas, Manuel Valls, José Cilleruelo y Julio Alonso, por la R.U.D., y Vicente de Andrés Bueno, Luis Enciso, Alfredo Queipo, Jesús Rivero, Luis Valdés y José Guillén, por el C.D.E.

No hubo mucha discusión, porque todo estaba hablado y concertado, y solo se facilitó información sobre temas de tipo económico, como las deudas que arrastraban los dos clubes en sus respectivas tesorerías: 20.695, 63 pesetas la Real Unión y 28.424,18 pesetas el Español. Los números rojos han sido, desde el principio, un lastre en la historia blanquivioleta.

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La persona que desempeñaba en la asamblea el papel de secretario, Luis Valdés Calamita, redactó en uno de los folios del libro de actas de la Real Unión, una síntesis de los acuerdos adoptados: «En la ciudad de Valladolid, a las diez de la noche del día veinte de junio de mil novecientos veintiocho, y en el local que ocupó la Real Unión Deportiva, se reunieron bajo la presidencia conjunta de don Santos Rodríguez Pardo y don Ángel Cuadrado García, presidentes que fueron de la Real Unión Deportivo y el Club Deportivo Español, con numerosos socios de los dos clubes, al efecto de aprobar el proyecto de Reglamento en la nueva Sociedad que se ha de constituir por la fusión de los dos citados, y dar cuenta de la lectura articulada de tal proyecto por el que suscribe, se aprobó por unanimidad, haciéndose votos por la prosperidad del nuevo club, y autorizando a don Santos Rodríguez Pardo y al que suscribe para hacer presentación en el Gobierno Civil de dicho Reglamento y para practicar cuantas gestiones sean necesarios y convenientes para constituir el nuevo club, con la denominación del Real Valladolid Deportivo. Y con el mayor entusiasmo por parte de todos y no habiendo más cosas de que tratar, se levantó la sesión a las once y media de la noche y se extiende la presente acta que firmarán los dos presidentes conmigo, secretario provisional, que certifico. Fdº: Luis Valdés Calamita».

Curiosamente, los dos expresidentes renunciaron a gobernar los designios del nuevo club, e incluso otras personalidades relevantes a quienes se les propuso hacerlo declinaron la posibilidad de optar a la presidencia. El doctor don Vicente de Andrés Bueno, vinculado al Español, y el industrial, propietario de la fábrica de pastas 'La Isabelita', don Julio Alonso de Ilera, prefirieron asumir el papel de aficionados y bendijeron la elección de don Pedro Zuloaga Mañueco, que no estaba vinculado a ninguna de las dos sociedades, como mandatario del flamante Real Valladolid.

Dos días después de la constitución del nuevo club se configuró la nueva directiva con el mencionado Pedro Zuloaga, prestigioso ginecólogo y abuelo del pianista del mismo nombre, de presidente y Santos Rodríguez Pardo, vicepresidente 1º; Ángel Cuadrado, vicepresidente 2º; Luis Valdés Calamita, secretario; Norberto Sánchez Barbadillo, vicesecretario; Enrique Gutiérrez Poncio, tesorero; Jesús Rivero Meneses, contador, y Eduardo López Pérez, Filemón Arribas, Lucio Benito Voces, Antonio Igea, Gregorio Merino Pineda y José Cilleruelo Zamora, vocales.

Pedro Zuloaga
Pedro Zuloaga / Archivo J. M. Ortega

Camilo Barcia, clave

No estuvo en la asamblea constituyente, ni ostentó cargos directivos en ninguno de los dos equipos, ni siquiera en las crónicas de entonces se hacía referencia a la importancia que tuvo en la fusión, pero no es justo olvidar a una de las personas que fueron claves en el enterramiento del hacha de guerra entre luisistas y españolistas, y su definitivo acercamiento para la fundación del Real Valladolid. Me refiero a Camilo Barcia Trelles, catedrático de Derecho Internacional en la Universidad de Valladolid y una de las personalidades académicas de mayor prestigio internacional de entonces. De origen asturiano, creó en 1924 la Sección de Estudios Americanistas y la Biblioteca de Estudios Americanos en la Facultad de Derecho, fue un prolífico autor de tratados sobre Derecho Internacional, y conferenciante en ciudades como Paris, Nueva York, México y La Habana.

Fue una carta suya, publicada en El Norte de Castilla, la que rebajó la tensión futbolera entre los seguidores de la R.U.D. y el C.D.E. e hizo ver los beneficios de aunar fuerzas para crear un nuevo club, más poderoso y representativo, de la ciudad de Valladolid.

Católicos y liberales

La Real Unión Deportiva, que en sus orígenes se llamó Unión Deportiva Luises, fue fundada el 28 de octubre de 1922 al amparo de la Congregación de Luises y Kotskas, de inequívoca confesión católica. Unos meses después, en abril de 1923, un grupo de industriales y aficionados que frecuentaban el gimnasio de Ordax, en el Pasaje Gutiérrez, alumbraron el nacimiento del Club Deportivo Español, de corte más liberal.

No fue una sorpresa que los Luises escogieran los colores azul y blanco para su camiseta y el Español se decantara por el rojo, sin imaginar entonces que éste iba a ser uno de los pocos asuntos de discusión años después, al plantearse la fusión.

¿Cómo debería ser el uniforme del recién creado club? Azul, pidieron los seguidores de la R.U.D. Rojo, replicaron los del C.D.E. Y en mitad del debate, alguien propuso la solución: violeta, que es el resultante de mezclar el rojo con el azul.

En la imagen de arriba, el primer escudo del Real Valladolid; debajo, los escudos de los clubes que se fusionaron para dar vida al equipo blanquivioleta.

Resuelto de manera tan sencilla y equitativa el engorroso asunto, le fue encargado al señor San José la creación de un escudo que, además de llevar las listas blancas y violetas de la camiseta, recogiera algún símbolo representativo de la ciudad, inclinándose por las llamas que recuerdan el pavoroso incendio sufrido en 1541. Aprovechando que Alfonso XIII había concedió a la Unión Deportiva Luises el título de Real, también se incluyó en el diseño la corona, que únicamente desapareció durante la II República.

Las insignias, que ahora se llaman pins, se vendieron como churros en el Bazar Arenillas, de la Fuente Dorada, que inicialmente tuvo la exclusiva, y la euforia fue adueñándose de la ciudad balompédica a medida que llegaban noticias de los fichajes del nuevo club, empezando por el entrenador, Esteban Platko, de origen húngaro y hermano del célebre portero del Barcelona. Avalado por su trabajo en clubes catalanes como el Tarrasa y el Gracia, el Valladolid apostó por él y, junto al secretario técnico, Ángel Rodríguez 'El Feo', fue el encargado de configurar una plantilla en la que figuraron los mejores de los equipos fusionados y otros fichajes de ciertas garantías, como el medio ala Tomás Echevarría, procedente del Arenas de Guecho, y Martín, zaguero cedido por el Barcelona.

Por aquel entonces, la Federación Española estaba organizando las categorías del recién creado Campeonato de Liga y hubo que mover influencias para que al Real Valladolid se le incluyera en 2ª División, ya que la Primera la ocupaban los equipos participantes en la Copa de España. El doctor de Andrés Bueno, y el redactor de El Norte, Eduardo López Pérez, consiguieron hacer valer ante los federativos el peso específico de la ciudad y del club que la representaba en el ámbito futbolístico.

Fue un verano agitado, de gran actividad en la sede del recién creado Pucela que, tras unas apresuradas sesiones de entrenamiento, hizo su presentación en sociedad durante las ferias y fiestas de la ciudad, el 22 de septiembre de 1928, en el campo de la Sociedad Taurina, con un partido amistoso frente al C.D. Alavés, al que los blanquivioletas ganaron por 2-1, con goles de Sáinz y Sierra por el bando local y Unamuno por el visitantes. Comenzaba la leyenda…

Partido contra el Alavés, en la presentación oficial del Real Valladolid.
Partido contra el Alavés, en la presentación oficial del Real Valladolid. / Archivo J. M. Ortega

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