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PRETEMPORADA del real valladolid
Delantero y centrocampista, máximos anotadores la pasada temporada, recuerdan el sufrimiento que supuso el 'play off' de ascenso
6 de agosto de 2012
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Javi Guerra y Óscar, goleadores en la misma habitación
A. G. ENCINAS | .-

Metidos de lleno en la fase de ascenso, los cimientos del Real Valladolid se tambalearon. Óscar no estaba para jugar. Con todo el mundo pendiente del hombro de Sisi, los problemas de los demás jugadores quedaron un poco ensombrecidos. También por no dar pistas a los rivales que, a esas alturas, estaban tan fundidos como los blanquivioletas. El salmantino jugó, marcó ante el Córdoba y justo después se marchó del campo. Había dado todo lo que tenía. En parecidas circunstancias estaba Javi Guerra, el goleador, que tenía que infiltrarse continuamente para poder jugar. «Yo el tobillo lo tenía mal. Javi Guerra cada vez que le metían la aguja para infiltrarle le preguntaba '¿pero ya no te duele?'. Víctor Pérez llevaba ya mucho tiempo con problemas en la planta del pie...», relata ahora Óscar, ya superados aquellos días tremendos.

Son algunos de los pequeños detalles que en esos momentos, entre la tensión y la euforia, pasaron inadvertidos para el público, pero que forman el meollo de lo que vive un vestuario en ebullición. Un vestuario que fue proclamado por muchos entrenadores rivales como «la mejor plantilla de Segunda», pero que terminó ascendiendo con un zurdo en el lateral derecho, un centrocampista convertido en central, un extremo con morriña, otro con el hombro colgando, un baluarte como Rubio lesionado y los dos de arriba medio muertos. «Había gente con el hombro tieso, otro cojo, yo estaba muerto porque no descansaba nada, Óscar igual... y al final sabíamos que dependíamos de nosotros mismos. No teníamos otra solución, lo pusimos todo y al final se consiguió», se felicita Javi Guerra.

En Mondariz comparten habitación. Y algo más también. Muestran una conexión parecida a la que tienen dentro del terreno de juego. Y son, a ojos de los muchísimos chavales que trabajan con el primer equipo, dos referencias ineludibles.

No es para menos. Sus goles llevaron a un ascenso que la plantilla vivió como vital para el futuro del club. «Nosotros lo sabíamos», admite Óscar. «Si no subimos no vamos a cobrar. Lo primero es eso. Lo segundo también. Y lo tercero es que el club no sé si iba a desaparecer o no, pero había posibilidades de que estuviera cerca. Y que muchísima gente de las oficinas, del campo...», y entonces Javi Guerra le interrumpe. «Sobre todo empleados. Mucha gente dependía de nosotros. Empleados, nuestras familias, incluso el presidente. Y ha sido algo excepcional, parecido a lo que hizo el Rayo hace dos años y al final ha sido posible por la unión del grupo. Siempre lo hemos dicho, que ha sido lo más importante. Se ha dado un vestuario de muy buena gente, buenas personas, de gente humilde y trabajadora, y ha dado sus frutos».

Y el delantero no se olvida de Djukic. «Y luego el 'míster', que desde que vino nos transmitió su ilusión, es un tipo cercano y la filosofía que ha querido imponer en el equipo nos iba de lujo con los jugadores que teníamos».

Un gol sin celebración

Tanta era la presión que tenían encima que el gol del ascenso tuvo un colofón de lo más sosaina. «Cuando Óscar hace la jugada y me da el balón a mí para que la empuje, si me ves la cara... Estoy descompuesto. No quiero ni celebrar el gol, solo quiero que pite el final el árbitro», recuerda Guerra. «No me dio tiempo ni a celebrar el gol, solo dije 'venga pita ya, que nos estamos jugando la vida'. Y sobre todo los últimos minutos de partido fueron... Cada vez que rondaba el balón cerca de nuestra área, y nosotros que jugamos arriba, decías 'madre mía'». Mientras todo el equipo se partía la cara -literalmente en el caso de Rueda y Valiente- defendiendo los últimos achuchones del Alcorcón, Óscar y Guerra eran incapaces de quitarse los nervios de encima. «Había mucha presión, nos jugábamos mucho. Y, de hecho, no fuimos nosotros mismos. No fue el mejor partido. Estuvimos con ese miedo», confiesa Óscar. Un miedo que brota de una temporada atrás, de aquella infausta tarde en Elche. «La Segunda es larguísima, es una liga muy competitiva donde tienes que darlo todo no ya solo para jugar bien, sino para ganar algún partido, así que imagínate con el 'play-off' con todo lo que conlleva, con la presión, con el mal sabor de boca del año anterior en Elche. Y lo teníamos el partido ese en mente, ¿te acuerdas?», le pregunta Guerra a Óscar. Y su socio pone cara de «cómo olvidarlo».

«Sabes que tienes una mala tarde, como nos pasó allí, y se va todo al carajo. Da igual lo que hayas hecho durante el año y los puntos que hayas sumado, que si no subes, nadie se acuerda. Gracias a Dios el fútbol ha sido justo con nosotros».

La permanencia, más fácil

El reto, ahora, cambia por completo. Por delante 38 jornadas, nada de las 46 que marcó la absurdamente larga Segunda División la temporada pasada, incluido el 'play-off'. Y un objetivo muy diferente, la permanencia en lugar del ascenso. Algo que a juicio de los dos futbolistas blanquivioletas es más sencillo de conseguir, a pesar de la entidad de los rivales. «Es más fácil permanecer en una categoría que subir», sentencia Javi Guerra. Pero Óscar añade un matiz. «En Segunda estás obligado a ganar, y en Primera tienes que estar obligado también. Tengo la sensación de que los equipos de mitad de la tabla van fuera de sus estadios, pierden y dicen 'bueno'. No. Hay que tener la mentalidad de ganar, en casa y fuera», explica.

Para eso, sin embargo, es imprescindible que la plantilla se complete. Y eso incluye que salgan los que están pendientes de salir y dejen hueco a los que deben ser sus relevos. «Dicen que queda mucha gente...», se ríe Óscar. Javi Guerra sabe por experiencia propia lo difícil que es salir, incluso con un buen cartel. «Hoy en día está el mercado como está, se buscan jugadores libres, cedidos y ya está. Y los jugadores buenos, que dan el nivel, no están libres, están jugando en sus equipos. Pero esperemos que al final se haga un bloque compacto», dice. Y Óscar apostilla: «Y que los que vengan, vengan cuanto antes, porque si no...». Y en cuanto a los que tienen que salir, tiene una queja. «Para mí no es agradable. Son jugadores que tienen ficha, que son de la plantilla y no sé si es cuestión del míster o de arriba, pero si quieren que se vayan a lo mejor las formas tienen que ser otras». En su habitación guardan la treintena de goles que sirvieron para lograr el ascenso. Su objetivo: marcar otros treinta para que el equipo siga adonde tanto costó llegar.

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