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EN BLANCO Y VIOLETA
Escultor, pintor, ceramista, investigador... Todo nace del espíritu de superación que le dio el deporte y el atletismo
23 de marzo de 2014
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El salto de pértiga del artista Andrés Coello
Andrés Coello. / H. Sastre
SANTIAGO HIDALGO CHACEL | VALLADOLID.-

Cuando uno se acerca a la Residencia de Jugadores del Real Valladolid, en su sala de recepción se puede contemplar un amplio mural que, bajo la firma de Coello (en este caso obra de su hijo Gonzalo), con un libro y un balón se representa la doble función de esta entidad: que los futbolistas sean capaces de formarse en el terreno deportivo y también en el académico. Sin embargo, no es esta la única vinculación deportiva de Andrés Coello con el deporte. Hay una más relevante.

Tampoco es esta una referencia de la amplia producción de Coello que va más allá de 2.000 obras tocando muchos palos. Y es que, con 78 años, José Andrés Coello sigue aprendiendo y experimentando. «Llevo toda mi existencia intentando conseguir un resultado estético, los valores artísticos ya los dejo al criterio de cada uno», indica, mientras confiesa sentir envidia de los catalanes por «cómo cuidan de lo suyo y a los suyos». Incluso, se ha empeñado en dar «una nueva vida» a materiales de madera, de aluminio, trapos y telas y convertirlas en renovadas colecciones que, desde hace poco tiempo, ya enumera con su año y con su edad. Como para darle más calado.

Obras en medio mundo

Si por ser en esta vida prudente ha perdido muchas cosas, declara, ha mantenido una relación «regular», ni buena ni mala, intermitente, con las instituciones. Posee un cuadro en el Museo Olímpico de Laussane ('Olimpia') y otro que recientemente regaló el Ayuntamiento de Cabezón al papa Francisco ('El cartonero de Puertomadero') y que descansa en el Vaticano, pero no por ello deja de lado exposiciones en los pueblos pequeños, humildes y cercanos como Pozaldez o Rueda, en los que contribuye a culturizar poco a poco al paisanaje. Los anillos no se le caen y si ha expuesto en medio mundo, este de aquí al lado puede ser el otro medio. Su naturalidad le brota a raudales: «En la recepción que nos hizo el papa Paco, me miró desde lejos posando con el cuadro y dándome la bendición. A mí no se me ocurrió otra cosa que tirarle un beso».

Un buen día se topó con el barro artesano convertido en cerámica en Arrabal de Portillo. El decorador, como allí le llamaban cuando aparecía por los talleres de los alfareros de botijos y cazuelas, añoraba sin duda esa época en la que su tía Manola, maestra del pueblo, le mostró con cinco años cómo se forjaba la materia prima. Luego llegó la oportunidad de hacer un mural de cerámica por encargo de la familia Villaverde. «Ahí es cuando me fui a Portillo para ver cómo se trabajaba, compré libros, estuve entendiendo un oficio que te captura y te transforma», señala. De aquellos barros llegó en forma de evolución una producción que retuerce el material, desafía a la gravedad, impacta, modela con dominio y técnica, le hace crecer hacia arriba, le fusiona con otras almas y logra dar un nuevo sentido que da una nueva perspectiva artística mucho más avanzada. Así ha sido su aportación en cerámica, pero también en escultura, en pintura...

El recuerdo de los tiempos de Uruk, lugar donde se produjo la invención de la escritura, o las acuarelas de tauromaquia, sobrevenidas de un paseo a la luz de la luna en una ganadería granadina junto a su primo, a lomos de un caballo, contemplando a los toros bravos en el campo cuando Andrés, Chanés, era un infante de ocho años. «Es lo que se me ha quedado grabado en el culo», dice mientras se toca y apunta a las sienes. Son maletillas, peones de brega que no han triunfado y deambulan tristes por las plazas o en escenas de cogidas y sangre roja y albero naranja.

Esculturas de aluminio que representan la evolución humana, blasones como escudos de armas (el propio Ángel Nieto quiso un día ver representada su moto en uno de ellos), paisajes como ecos del silencio, arte en color, en blanco, por supuesto también, «como composición, equilibrio, mensaje, donde cada uno puede pensar lo que quiera», matiza como en un retazo. Grabados, murales, crucificados que duelen como duelen las causas que representan: la inmigración, la riqueza más rica y la pobreza más pobre, los niños soldado o los atentados terroristas. Mártires de tela, quince ciudades de América, bronces, palomas y palomares, el tragaldabas, retablos de iglesia, murales que engalanan nuestras viviendas y calles y recuerdan el pasado si el presente se lo permite...

El Frente de Juventudes

Todo quizá parta de un momento. «Nunca dejé de agradecerme a mí mismo las experiencias vividas en el deporte. La superación para aprender a nadar o hacer atletismo. En nuestra época había que formar parte del Frente de Juventudes para hacer deporte o para ir a nadar a la 'Deportiva', así que me preguntaron si era adicto al Movimiento: Yo les dije que me sabía 'Montañas Nevadas' hasta la mitad y me incluyeron», apunta risueño.

Lo relata el propio Andres: «Éramos cuatro jóvenes entusiastas. Los Enciso, Allúe, Sagarra, Elías Reguero... Nosotros nos encargábamos de hacer las jabalinas, cavar el foso de arena, así como hacer la pértiga que era un árbol, una caña de bambú. Si esta era débil, corrías el riesgo de partirla y descalabrarte. Nos entrenaba Giovanni Battista Mova, un deportista italiano que fue medalla en salto de altura en los JJ OO de Berlín y que había llegado rebotado de León, donde le hicieron el vacío. Estábamos en el Águilas, donde saltaba pértiga casi tres metros. Un día el propio Mova me retó cuando él contaba con 55 años. Yo pensé que aquello iba a ser fácil, pero el italiano tenía una buena técnica y elasticidad».

Un mundo algo extraño para el común de la gente el de estos pioneros deportistas: «Cuando íbamos por la carretera del cementerio camino de las pistas, escuchábamos a los labradores de las fincas cercanas: 'Allá van esos que se quedan en calzoncillos y se ponen a correr. Pues serán maricones', decían», ríe Coello.

Resulta que este Mova luego estuvo como preparador físico en el colegio San José y después fue un visionario como José Luis Saso, cuando ocupaba el puesto de entrenador del equipo en 1958, el que le incorporó a las filas del Real Valladolid. Mova se mostraba siempre contrariado por la poca importancia que se le daba a la preparación en el fútbol. Decía, en palabras de Coello, que «el problema de España es que Italia diseña y España copia. Aquí no hay fondo ni técnica ni nada. Era un tío un poco raro, aunque tenía conocimientos». Lo que es cierto es que fue el primer preparador físico que se incorporaba a un equipo de fútbol de Primera División. Innovador.

«Cuando me dio el ataque»

La imagen de la pértiga y el salto de obstáculos han sido constantes en la vida de Andrés Coello («cada día un centímetro más, y otro más»). Con apenas veinte años, a punto de firmar un contrato con Dragados y Construcciones que le iba a conducir a vivir cinco años en la frontera de Portugal y casi en un desierto, al final declinó tras aprobar la oposición de delineante de vías, obras y construcciones civiles de la Diputación Provincial. Luego llegaría «cuando me dio el ataque», como define el propio Andrés. Renunció a ese puesto fijo para ocuparse de una representación de artículos de decoración. Un pequeño desengaño le condujo después a estas en las que estamos y, cuando, a comienzos de los setenta, Antonio Corral Castanedo le impulsó para dedicarse al arte de forma profesional, Coello no lo dudó mucho más.

Con una santa mujer sufridora de sus ocurrencias y cinco hijos («todos han pasado por el taller menos la segunda»), ahora se apoya en Gonzalo, «el artista», según remarca. «Hacemos un buen tándem. Yo tengo facilidad para captar el mensaje, y él, para plasmarlo». Una Escuela Taller de cerámica, 'Tierras del Valid', que ha contado con más de una centena de alumnos, y la Fundación que lleva su nombre y nace en 2001 para dinamizar las obras de otros muchos artistas son parte también de un legado que no descansa. Sigue avanzando, pese a los lamentos cotidianos de crisis. Pero siempre habrá un poco más y otro poco más. Otro centímetro.

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