Real Valladolid
David Luguillano / Henar Sastre

Cuando alma y arte ocupan el banquillo de San Pedro Regalado

  • A David Luguillano, defensor a ultranza de lo vallisoletano, también le apasiona el fútbol. Y tres equipos: al lado del Pucela, el Real Madrid y el Atlético«por José Luis Pérez Caminero»

Como si fuera Iker Casillas en un encuentro de liga del Real Madrid. Así se siente, aunque por prudencia no lo manifiesta, el vallisoletano David Castro Luguillano ante los rumores que se vislumbran de la próxima Feria del patrón de los toreros y de la ciudad, San Pedro Regalado. En los carteles oficiosos, que no oficiales, no aparece su nombre ni el de ningún paisano de toreo a pie. ¿Entrará al final en alguna suplencia? Hace dos años, Luguillano fue triunfador en la Feria y el próximo 13 de mayo se cumple la fecha redonda de los 25 años de su alternativa, con Roberto Domínguez de padrino; Ortega Cano, de testigo, y toros de Los Guateles. Razones más que de peso.

De herencia taurina, el camino le fue marcado pronto. «Desde niño tuve una relación vital con el toro. Mi padre (Clemente), mis tíos (Santiago y Juan Carlos) y mi hermano (Jorge) han sido toreros. Con 8 años ya iba a tentar vacas y con 12 toreaba en público», señala David, apelando a que fueron los celos de hermano los que le condujeron al ganado bravo. «Yo no pensaba en ser torero. Me encantaba la caza. Vi que a mi hermano todo el mundo le decía ‘qué guapo, qué bien torea’, y me vi como el patito feo». Así que con la primera vaca que le soltaron en la plaza, se quedó tan quieto tan quieto que se lo llevó por delante dos veces y su padre llegó a pensar que no valía para eso. Sin embargo, no paró hasta su debut en Madrid en una novillada con picadores, ya con 16 años.

«Como cualquier chaval, he jugado al fútbol, aunque más al rugby, y he hecho atletismo», declara. En el fondo eran otras maneras de prepararse físicamente para el mundo taurino. Jugando al oval de ala e intentando evitar los golpes, o en pruebas de velocidad y resistencia como los 800 metros, David demostraba que no se le daba nada mal. «Aunque no participaba en campeonatos, ganaba a algunos que luego eran los mejores de Castilla y León», apunta. Su espíritu competitivo, de rebeldía y de no dejarse superar por nada ni nadie y querer ser el mejor ya se estaba forjando.

Si su edad, como la de las artistas, a veces puede ser una incógnita, lo que sí se conoce es que procede de Mojados y de la Virgen de Luguillas, por su padre, aunque David resalta también: «Yo nací en Valladolid y en la plaza de San Juan, donde también lo hizo Vicente Escudero. Un barrio de artistas». Artistas locales, bailarines, muchas veces incomprendidos, «como Marienma», en este arte castellano de no valorar lo cercano y ensalzar lo extraño y en esta dura tierra donde es tan difícil sembrar y recoger.

El nombre de la ciudad

Más allá del número de corridas toreadas en esta amplia trayectoria que no se acaba aquí, Luguillano muestra su manera de pensar: «Yo lo veo desde una perspectiva artística. Los toros conllevan un acoplamiento de la fiera y el hombre. Es escultura en movimiento, magia, arte. Influye mucho el alma y la colaboración del animal. Eso es lo que cuenta, más allá de los morlacos que has estoqueado y los trofeos cosechados. Esto no es el fútbol, que se mide por el número de partidos o victorias. En mi forma de entenderlo, prevalecen más las sensaciones que las orejas cortadas. Te puedes encontrar a gusto no solo en la plaza, también en el campo con una vaca e incluso toreando ‘de salón’ en el garaje de mi casa mientras escucho flamenco». Si el día 13 de mayo de hace 25 años vio cumplido su sueño tras la alternativa, en Valladolid otras ocasiones como el día del Centenario del coso vallisoletano o la tremenda cogida del año 96 que casi acaba con su vida son momentos marcados a fuego en su vida. «He llevado el nombre de la ciudad por España, Francia e Hispanoamérica, por eso si me ponen en San Pedro, fenomenal; si no, habrá que seguir trabajando».

Esta temporada ya ha triunfado en Ajalvir, al lado de Madrid, y el 12 de mayo lidiará en Santo Domingo de la Calzada. La experiencia del paso de los años le ha dado, junto a un sello personal que le ha grajeado que le comparen con Curro Romero o Paula, quizá una mayor regularidad y técnica para enfrentarse a todo tipo de toros o sacar adelante momentos complicados. Eso, y unas condiciones físicas que sigue cuidando día a día en el gimnasio con constancia y disciplina. Pesa ahora menos que cuando debutó. «Lo importante es seguir ilusionando a los aficionados. Me encuentro en el mejor momento y lo que hago lo hago con pasión. Aquello en la vida que no se haga con pasión, con alma, no merece la pena. Hoy en día, ante la falta de valores, si pusiéramos más alma y sentimiento, todo nos iría mejor», proclama asintiendo.

Con balón redondo o picudo

Pero en una plaza de toros hay muchos factores que influyen: la suerte y la materia primera con la que te enfrentas. «En el fútbol el balón es redondo, pero en el toro son muy importantes las ganaderías. De matar una a otra es como jugar con un balón redondo o uno picudo». Y lo dice un diestro que percibe unas sensaciones muy especiales mientras se enfrenta a una bestia: «Te pasa toda una vida en pocos minutos: ilusión, miedo escénico, timidez, gallardía, fracaso, miedo a la muerte. Es muy duro. Te marca».

Bautizo futbolístico

David, que vio su primer partido en directo y su bautizo futbolístico en un bonito feudo, La Catedral, es fundamentalmente «del Real Valladolid, al que hay que apoyar para quedarnos en Primera», y luego del Real Madrid y del Atlético de Madrid («por mi amigo José Luis Pérez Caminero, con el que he disfrutado de grandes momentos porque es un artista»). Solo hay que rememorar el famoso quiebro que le hizo a Nadal en el área del FC Barcelona. Dando la vuelta y ofreciendo el engaño como si fuera una gaonera por la espalda. Eso, «como los regates de Onésimo»,que también pueden encuadrarse en la categoría de arte. Todo lo que emociona.

En el fútbol, a David le gustan los delanteros estrellas, pero también aquellos que hacen labor de brega en el centro del campo y la defensa, como dando el peso necesario que tiene toda cuadrilla. Es torero «25 de las 24 horas que tiene el día», serio, comprometido. Le dicen chulo, aunque para él es solo «torería»; es humilde aunque competitivo, un privilegiado por hacer lo que más le gusta en el mundo, distinto con los cercanos, los amigos de verdad, «más loco». Y con mano izquierda (al natural), la misma que usa para dejar claro pero sin decirlo que debería estar en la próxima Feria de San Isidro. De titular.