Real Valladolid

Malas costumbres

Hace un par de semanas salía Jesús Rueda a los medios de comunicación para lamentarse por el aumento en el nivel de exigencia que, hacia el equipo, se percibía entre periodistas y aficionados y para recordarnos que estábamos mal acostumbrados pues veníamos de dos años muy buenos y que éste tocaría sufrir. Desconozco qué puede entenderse, en un equipo con la historia del Real Valladolid, por tener dos años muy buenos más allá de que cumpliera con el mínimo exigible en forma de un ascenso vía play off y una permanencia, pero lo que tengo claro es que ese mensaje arrastra el vicio del conformismo -que John F. Kennedy consideraba el enemigo del crecimiento- y la pereza a partes iguales, y se acompaña de la ausencia de ni siquiera una pizca de afán de superación, inconcebible ya no solo en el deporte sino tampoco en ningún aspecto de la vida.

Independientemente de lo grosero que esas palabras le puedan resultar a un aficionado al que le duele el Pucela igual que a Unamuno le dolía España como para recordarle que el recreo se ha terminado y, como Sísifo, toca desandar lo caminado y volver a subir la montaña, esas declaraciones premonitorias de que se va a pasar mal o, lo que es lo mismo, que vienen a poner como objetivo máximo una permanencia sufrida puede hacer que el equipo salga a buena parte de los partidos pensando en que no son de su liga y no tiene la obligación de ganarlos. Una autocomplacencia del que no tiene la obligación de salir a triunfar en todos los estadios traicionando las esencias del propio deporte que quedaban resumidas, según Luis Aragonés, en ganar y ganar y ganar y volver a ganar.

Si el equipo no empieza a tomar conciencia de que el objetivo, en palabras del himno, es únicamente la victoria ante quien esté delante olvidándose de potencial y presupuesto propio y ajeno, y como no deje de distinguir aquellos partidos en los que se cumple con solo saltar al campo y no cosechar una derrota humillante de aquellos partidos que por su trascendencia se marcan en rojo y se debe ganar para sellar tan escuálido logro quizá no nos dé tiempo ni siquiera a experimentar un año más ese sufrimiento del que hablaba Jesús Rueda pues estaremos sentenciados a vagar en otra categoría antes de tiempo. Que nos estamos acostumbrando a perder y esa sí es una mala costumbre.