Real Valladolid

Ser y parecer

Todos conocemos a alguien empeñado en ver la botella casi vacía, aunque más bien esté llena. En el trabajo, en la universidad, en el grupo de amigos... En cada esquina las personas negativas y poco ambiciosas proliferan, contagiándonos su pesimismo constante. Debemos tener cuidado, pues se apoderan de nuestra energía cual mosquito en busca de sangre fresca. Son capaces de hacer parecer mediocre al mejor de un grupo de trabajadores e incluso pueden ponerte a las puertas de una depresión.

Por el contrario (esto es más difícil de encontrar), hay seres humanos a los que seguirías hasta el fin del mundo, dispuestos a ver siempre, como decía el título de aquella película, el lado bueno (o práctico) de las cosas. Ahora se les llama motivadores o 'coaches', pero lo cierto es que siempre han existido personas que te aconsejan y te hacen mejorar. Sus palabras no siempre son profundas o dulces, pero sí sinceras y constructivas; buscan llegar a un objetivo aunque sea desde la sana crítica. Cada lector pensará en alguien distinto en este apartado: su pareja, un familiar, un profesor e incluso una persona famosa, que con sus canciones o frases te alegra el día.

En el deporte actual se habla de Guardiola o Simeone como los grandes gurús del fútbol; tipos que saben motivar y exprimir a su plantilla al máximo. Especialmente significativa es la irrupción del Cholo esta temporada, que con su discurso templado de 'partido a partido' se ha ganado a prensa, afición, y lo más importante, a sus jugadores. Avalado por los resultados, también Pep ofrece un método que convence; capaz de reconvertir a un lateral (Lahm) en centrocampista y que la máquina alemana no chirríe.

¿Y en Valladolid qué tenemos? Pues la sensación de que Juan Ignacio no ha calado entre casi ningún sector de Pucela. Sin pretenderlo, el alicantino se ha convertido en ese mosquito al que culpar de toda nuestra falta de sangre. Un técnico con el que parece que tipos como Óscar, antaño brillantes, son actualmente espíritus que vagan por la banda. Sin un motivador, alguien que ofrezca tácticas lógicas acompañadas de discursos carismáticos, el Valladolid se instala en el pesimismo del que se conforma siempre con tristes empates. No tengo conocimientos de entrenador para afirmar que Martínez es mal técnico, pero, desde luego que no ofrece ese aura positiva a la que el Valladolid tiene que aferrarse. Como la mujer del César, a veces hay que ser y parecer para convencer.