Real Valladolid

La rana y el escorpión

Muchos conocerán la historia. «Una rana está sentada a la orilla de un río, y se le acerca un escorpión que le dice: —Amiga rana, necesito cruzar el río ¿Podrías llevarme en tu espalda? —No. Si te llevo me picarás y moriré. —No seas tonta —le responde el escorpión—. Si te picase, me hundiría contigo y me ahogaría. Ante esta respuesta, la rana accede. El escorpión se coloca sobre la espalda de la rana y comienzan a cruzar el río. Cuando han llegado a la mitad del trayecto, el escorpión pica a la rana. Ésta, al sentir el dolor y darse cuenta de que iba a morir, le pregunta: —¿Por qué me has picado, escorpión? ¿No te das cuenta de que tú también vas a morir? A lo que el escorpión responde: —Lo siento, rana. Es mi naturaleza, no lo pude evitar».

La moraleja también la expresa un refrán más castizo: «la cabra siempre tira al monte». Pero al final es la misma idea. El escorpión, por mucho que quiera esconder su verdadero yo, acabará picando a la rana. Y Omar Ramos seguirá haciendo tres regates preciosos mirando a la grada para acabar perdiendo el balón. Y Óscar seguirá sintiéndose incómodo jugando en banda. Y Sastre seguirá más cerca de los defensas que de los mediapuntas. Y Valdet Rama seguirá siendo un «tuercebotas» que no da el nivel de la liga española. O eso dicen.

Yo espero –humildemente- que me disculpen. Pero creo que en fútbol casi todo se puede corregir con trabajo y esfuerzo. Yo confío en que Omar pronto será capaz de elegir bien al destinatario del pase, estoy seguro de que Óscar sería capaz de hacer daño al rival en cualquier lugar del campo, no tengo duda de que Sastre es un mediocentro capaz de levantar la mirada y colocar un pase medido a la bota de los delanteros. Y por supuesto confío en la capacidad de Rama para desbordar desde el costado y sorprender a la defensa rival, como hizo el lunes en Elche.

Pocos confiaban hace dos temporadas en Jesús Rueda como central. Casi ninguno imaginaba que Manucho acabaría marcando ocho dianas la temporada pasada. Menos aún que Víctor Pérez, que no jugaba como titular en el Huesca en segunda, era una pieza imprescindible para nosotros en primera. Todo ello nos demuestra que en este deporte no todo está escrito. Que con entrenamiento y motivación casi cualquier cosa es posible. Y que el escorpión, en otra vida y con un balón en las patas, puede hacerse amigo de la rana. O eso quiero creer.