Real Valladolid

Tocar fondo

Seguramente, el del 10 de enero fue uno de los peores partidos que le recuerdo al Real Valladolid en mi vida. Y eso que fui a Granada con toda la ilusión; la misma con la que los aficionados nos doblamos el nudo de la bufanda en el cuello cada partido, por mucho frío que haga en Zorrilla.

Pero no. Allí deambuló un equipo fantasma vestido con nuestra camiseta que se parecía como un huevo a una castaña al que nos hizo soñar, al que subió a primera hace un par de años o al que se salvó holgadamente antes de que acabara la liga. Nuestros jugadores, pese a ser casi los mismos, parecían alevines contra profesionales, peces de feria contra pirañas en un bidé.

Pues bien, consumado el ridículo y pasado el justo y lógico cabreo o decepción iniciales de quien reserva media nómina de agosto para pagar religiosamente su carné de abonado cada año, el aficionado tiene dos opciones: dar por muerto al equipo, enterrarlo, incluso romper su carné y dejar de sufrir; o seguir al pie del cañón y apoyar, apoyar y apoyar a esta plantilla, tanto como un amante no correspondido por su amada, demostrando que su amor a estos colores va mucho más allá que el de aquellos que incluso cobran por defender el escudo. Una pasión que es tan grande como para perdonar y olvidar el mayor de los desprecios de su amado club.

De otro lado, los jugadores y el entrenador también tienen dos opciones: persistir en el error, lamerse las heridas, hacer la guerra cada uno por su cuenta y negociar un buen contrato fuera de este barco. O analizar por qué nos pasa lo que nos pasa, reforzar la actitud defensiva de todo el equipo, tener la posesión, multiplicar el esfuerzo, luchar cada balón, comprender que si el compañero no llega, todos deben ayudarle, creer en la victoria en todos los campos, luchar hasta desfallecer y, en definitiva, ser honrados con los aficionados y con quien te paga la nómina.

Elija usted. Yo me quedo con estos jugadores, con el frío y con los desplantes que muchas veces nos suelta esta novia esquiva que es el Pucela. Y los chavales, si tienen dos dedos de frente, creo que también sabrán lo que tienen que hacer. Y si el bodrio que el equipo perpetró en Granada sirve para que algo cambie por fin, bienvenido sea el bodrio de Granada.