Real Valladolid

Mus visto

Jugando a pensar que ayer no jugamos; solo así se puede entender el mal sueño de una noche abrileña, en la que el Pucela llegaba al casino de Balaídos dispuesto a ganar por necesidad y del cual se volvió perdedor por obligación.

En ese devenir de la partida, ni repartió cartas ni cortó el juego ni mucho menos acertó en envite alguno. Jugando con las cartas al revés, enseñando las figuras al contrario y observando los naipes por el reverso, todo le resultó absurdo. De la presión inicial, de un equipo motivado, sudoroso a reventar en el calentamiento, y agresivo en el túnel de vestuarios, cuando se accede a la bocana que te deja enfrente de los leones del circo, el equipo salió andando, triste, frío y desmotivado o acongojado por no haber encontrado ese punto de incentivo que tanto buscamos los entrenadores cuando acompañamos a los futbolistas, tras el calentamiento, hasta la misma línea del terreno de juego. Ahí es donde se empieza a intuir lo que va a ocurrir en breves momentos.

Ayer el Pucela no trasmitía esas sensaciones cuando se sentó asustado sobre el tapete celtiña a jugar una partida presumiblemente a vida o muerte. Jugó con las cartas al revés, enseñándoselas al contrario jugada tras jugada, y quedándose con el reverso absurdo e ininteligible de unas figuras borradas. Fue un mus visto en el cual no hacía falta ni guiñar el ojo, ni subir las cejas ni sacar morritos para anunciar duples bajos. Los llevaba Nolito pegados a la bota y se los enseñó a Jaime depositándolos en su red.

Fue una partida trepidante en la que el Celta cortaba, envidaba y hasta se echaba algún órdago que otro en forma de tiros al palo apenas iniciada la primera mano. Los celestes, con tres reyes en el ataque y manejando toda la baraja a sus anchas, hicieron diabluras.

La imagen de Bergdich, desconsolado tras su inoportuna sustitución, resume el desenlace final de un equipo que, hoy por hoy, no existe como tal. La idea de un grupo compacto, sabedor de un sistema aceptado, en el cual cada hombre conoce su papel en el equipo y en la plantilla actualmente es impensable. Han pasado ocho meses de competición y no sabemos si es con uno o con dos nueves con los que hay que jugar, si son falsos extremos o bien juegan a pierna cambiada, si es Rossi o Pérez el ocho, si Mitrovic es la dupla de Rueda o de Valiente, o si este es el alter ego de Rubio o lo es Sastre. ¡Ah, sí!, que Heinz no juega nunca es seguro. Con estos aditamentos, se me hace poco menos que imposible pensar en la salvación. ¡Ojalá!