Real Valladolid

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Jesús Rueda rescata el látigo

Rueda se dispone a lanzar la falta que supondría el primer gol del Real Valladolid el pasado domingo ante el Tenerife junto a Chica y Óscar González.
Rueda se dispone a lanzar la falta que supondría el primer gol del Real Valladolid el pasado domingo ante el Tenerife junto a Chica y Óscar González. / Ramón Gómez
  • El central vuelve con éxito a su faceta como lanzador de faltas, con la que ya brilló en el Promesas

Los futbolistas del Real Valladolid protagonizan una competición informal, que se desarrolla dos o tres días a la semana al final de los entrenamientos. Los lanzadores diestros del equipo se colocan en el lado derecho del área. Los tiradores zurdos se ubican en el flanco izquierdo. Unos y otros someten a los porteros a un bombardeo incesante en busca de un premio de consumo interno. Los de la derecha contra los de la izquierda. Así expresado podría tratarse de una cuestión política, pero solo se trata de botas golpeando balones para establecer la primacía de la lateralidad entre los mejores lanzadores de la plantilla blanquivioleta.

«Competimos para ver qué grupo marca más», explica Jesús Rueda, uno de los látigos del Real Valladolid en el disparo de faltas, ubicado siempre en el grupo de los diestros. El nivel de la plantilla es alto. Además de Rueda, brillan arcabuceros como Óscar Díaz o Timor, cuyas piernas encuentran portería con mucha facilidad.

«Timor la pega muy bien, desde luego, y Óscar Díaz, por supuesto. Óscar la coloca más que yo, que utilizo un golpeo más duro. Amí me vienen mejor las faltas más alejadas y a él, las más cercanas», añade el central blanquivioleta.

El Real Valladolid fracturó la portería del Tenerife el pasado domingo con dos misiles que Jacobo Sanz no pudo interceptar. Los goles de falta de Rueda y Timor demostraron que el Real Valladolid dispone de alternativas a balón parado por si los partidos se enquistan.

Joan Francesc Ferrer ‘Rubi’ tiene muy claro quiénes son los designados para lanzar los libres directos. Antes de los partidos, designa a los encargados y los jugadores ya saben a qué atenerse. «Normalmente nos lo dice, sí», corrobora Jesús Rueda. «En el caso de la primera falta ante el Tenerife, me venía bien a mí. La pelota estaba en el perfil derecho y yo estaba bien para lanzarla. No pudo salir mejor», subraya Rueda. «La segunda falta, en cambio, encajaba mucho mejor para un jugador de perfil zurdo y Timor la lanzó muy bien».

Los dos goleadores del Real Valladolid observaron bien la posición de Jacobo Sanz. Rueda saludó efusivamente al portero del Tenerife antes del partido. A los dos les une su pasado como canteranos en los Campos Anexos, y recuerdos compartidos en los vestuarios de filial y primer equipo blanquivioleta.

Atento al portero

«No pensé en que se trataba de Jacobo, pero sí observé que estaba demasiado escorado hacia su izquierda, tal vez dejando mucho hueco por encima de la barrera. Yo me encontraba lejos y tenía que pegarle fuerte para que el balón llegase bien. Al final, entró. Eso es lo importante», relata Rueda.

Jacobo se quedó rumiando ese gol y en la segunda parte se encontró en una tesitura parecida. Esta vez, fue Timor el que preparó el fusilamiento. «Creo que en esta falta, Jacobo intentó adivinar el lanzamiento por encima de la barrera y quiso tapar un poco más. Le sorprendió el disparo por el otro lado», apunta el central.

Los secretos del tirador

En el año 2005, Jesús Rueda alcanzó el Real Valladolid B después de ir escalando por las categorías inferiores del club blanquivioleta. Entonces, se desenvolvía como mediocentro y se encargaba de lanzar penaltis y faltas con gran efectividad. En la temporada 2009-2010, Rueda fue cedido al Córdoba y allí también ejecutó esta suerte esporádicamente.

Cuando llegó al primer equipo del Real Valladolid, se encontró con especialistas como Nauzet Alemán y, ya posteriormente, con un alemán de botas prodigiosas y cabeza cortocircuitada que respondía al nombre de Patrick Ebert. «Yo no me animaba, pero la temporada pasada ya lancé algunas faltas. Creo que las pegué bien, así que seguiré trabajando y, si hay faltas buenas para mí, no dudaré en tirarlas».

Ejecutar un libre directo de forma efectiva requiere de una mecánica depurada. Los lanzadores liman su técnica con continuos ejercicios de ensayo y error. «No sé si hay secretos o no», se encoge de hombros Rueda. «Supongo que el secreto pasa por practicar mucho y, sobre todo, ir puliendo los defectos que vas observando en cada lanzamiento:la inclinación del cuerpo, pegarle más fuerte, más despacio, con más o menos rosca... Vas probando y, según vaya saliendo la falta, te vas quedando con el golpeo».

Jugadas de estrategia

El Real Valladolid de Rubi aspira a trenzar un fútbol combinativo que permita continuas finalizaciones, pero, obviamente, no renuncia a las jugadas de laboratorio. «El balón parado permite sumar muchos puntos», observa Rueda. «No solo las faltas directas, sino también las jugadas de estrategia, a las que, de momento, no estamos sacando mucho partido, pero que pronto darán sus frutos», pronostica.

El pasado domingo, Mari Carmen, la novia de Jesús Rueda decidió llevar por primera vez al estadio José Zorrilla a la pequeña Noa, la hija de ambos. Noa es aún un bebé, pero, a sus 24 días de vida, recibió la primera dedicatoria procedente de un campo de fútbol. «Sí, el gol fue para mi niña y para mi novia. Marqué y dio la casualidad de que ellas estaban allí».

Rueda disfruta de un momento muy dulce en el plano profesional y personal. Se le ve contento, ilusionado y goza de mucha jerarquía en el vestuario. A su condición de central titular, indiscutible hasta ahora para Rubi, une su recién estrenada faceta de goleador como lanzador de faltas.

El sano pique seguirá al final de los entrenamientos del Real Valladolid. El bando de los diestros contra el escuadrón de los zurdos. «Podemos estar tranquilos, hay buenos golpeadores. Y, por cierto, también buenos porteros. ¡Ellos influyen mucho en nuestra competición!».