Real Valladolid
Javi Varas, en el estadio José Zorrilla.
Javi Varas, en el estadio José Zorrilla. / G. VILLAMIL

El precinto de Javi Varas

  • El meta encadena tres partidos sin encajar goles, pero aún se nota «un poco reservón» en algunas acciones

Hay futbolistas que prefieren recluirse en sus burbujas y otros que disfrutan del trato con los aficionados. Javi Varas (Sevilla, 1982) es un hombre educado y de carácter serio, al que le gusta sentir el latido de la ciudad y relacionarse con el entorno. Por eso, no resulta raro verle pasear junto a su familia por el casco histórico de Valladolid. «No soy una persona que se esconda en casa. Prefiero vivir el día a día de la gente. Conozco a futbolistas que no lo llevan bien, pero a mí me verás mucho por el centro. Si la gente quiere charlar conmigo, yo me paro. En ese sentido, me considero una persona bastante normal».

Además de un tipo sociable, Javi Varas es también un gran portero de fútbol. Después de su accidentado debut con el Real Valladolid frente al Racing (penalti y expulsión tras un clamoroso error), el guardameta sevillano ha ido precintando su arco. Durante los tres últimos partidos de Liga, los rivales no han conseguido marcarle un solo gol y Varas ofrece cada vez más seguridad. «El equipo está sólido y tiene muy trabajados los aspectos defensivos y la presión. Los rivales nos hacen pocas ocasiones. Y, cuando la portería se queda a cero, se va generando confianza en el equipo».

La confianza aparece como un concepto intangible, que no puede ser compilado por la estadística, pero que va convirtiendo al Real Valladolid en una roca de autoestima. Varas llegó a Zorrilla con la temporada iniciada y la necesidad de recuperar su mejor nivel. «Evidentemente, aún tengo que alcanzarlo», desliza. «Hay jugadas en las que arriesgas más cuando te ves con confianza y quizá ahora me note un poco más reservón. Sin embargo, creo que lo voy corrigiendo. Siempre digo que para construir la confianza, lo mejor es empezar por aquello con lo que te sientes bien y, a partir de ahí, ir arriesgando».

Los reproches a Javi Varas, portero felino, le llegan en dos frentes: el juego aéreo y los centros cruzados, que suele optar por rechazar de puños en lugar de atrapar la pelota. «Salvo uno, ante el Betis, el resto han sido balones fuertes. Hay que asumir que cometí un error el primer día, con la lluvia, cuando traté de coger el balón, pero en Soria salí y bloqué la pelota. En otra ocasión, el balón venía fuerte y opté por despejar de puños. Son decisiones que, salvo la primera que quise coger, no nos han costado goles ni puntos y que me sirven para ganar confianza».

El fallo de su debut se esfumó rápidamente. Los porteros siempre tienen la lupa encima y sus errores se observan con una lente distinta a la del resto de compañeros. «Evidentemente, me afectó ese día porque no quería comenzar así en el Real Valladolid. Pero, con todo el recorrido que llevo, lo grave habría sido que me hubiera afectado durante más tiempo, algo que no sucedió. Lo superé rápidamente y sentí la confianza del cuerpo técnico, de los compañeros y de la gente».

La fría salida del Sevilla

Javi Varas observó el pasado verano el lado más glacial del fútbol cuando rescindió su contrato con el Sevilla, el club de su vida. Después de una década en Nervión, se marchó del equipo hispalense sin ningún tipo de agradecimiento.

«No se trataba de reconocer lo que hice», explica. «Fui honrado, no tuve una palabra de más con nadie y acepté todas las situaciones. Pero sí que esperaba que el último día me diesen un abrazo y me deseasen suerte. Sí lo sentí de mis compañeros, fisios, empleados del club, pero la manera en la que salí de las oficinas no fue la mejor. Llegué con mis agentes y me metieron en un despacho con un abogado al que no conocía y que llevaba unos papeles ya firmados. Fue un poco frío. Eso no quita para que yo esté eternamente agradecido al club a nivel general, a la afición y a mis compañeros».

La vida futbolística de Javi Varas, el mediano de tres hermanos, se inició a los nueve años en el periférico barrio sevillano de Pino Montano. «Yo era de los más pequeños del grupo y a todos les gustaba meter goles. Así que me dijeron: ‘ponte tú de portero’. Y así empecé».

De la Escuela Deportiva Pino Montano, pasó a la peña sevillista Pablo Blanco (que hoy se denomina Javi Varas), luego al Nervión (una especie de filial del Sevilla), el San José (en preferente sénior) y el Sevilla Atlético, que le cedió un año al Alcalá, antes de dar el salto al primer equipo. «Soy un trotamundos de las categorías inferiores», dice con una sonrisa.

A Javi Varas se le recuerda mucho por el penalti que paró a Lionel Messi en el Camp Nou en octubre de 2011 y que impidió que el Barcelona ganara al Sevilla. «Para mí no es el mejor momento de mi carrera. Me quedo con el título de Europa League y la Copa del Rey conseguida con el Sevilla aunque yo no participara. Todo eso está muy por encima del penalti de Messi, que tengo completamente olvidado. Ni me he hundido con los momentos malos, que los he tenido, ni me he beatificado por aquel instante. La gente le concede importancia porque se trataba del Barcelona, pero da pena que, con la trayectoria que tengo en Primera, se me recuerde por eso. Yo, por ejemplo, me acuerdo de un Sevilla-Sporting muy bueno y de otros choques en Valencia, Oporto, Mallorca...».

Ahora, Javi Varas aspira a cuajar partidos del mismo nivel con el escudo del Real Valladolid y que los aficionados vayan guardando esas actuaciones en el recuerdo. «Voy a dar lo mejor de mí. Sabemos que en el fútbol puede pasar de todo, pero mi idea es estar aquí muchos años».

El objetivo del ascenso

Para que el compromiso se amplíe, debe ascender a Primera con el Pucela al término de esta temporada. «Es mi único objetivo. No hacerlo sería un fracaso. Creo que todos estamos mentalizados para conseguirlo. El Real Valladolid no puede estar más tiempo en Segunda».

Su inmersión en la ciudad es total. Varas disfruta de una vida tranquila y hogareña. «Mi mujer se ha adaptado muy bien y el chico, de tres años, también. Me gusta pasar mi tiempo libre con mi familia. Los futbolistas somos privilegiados y, aunque les robemos los fines de semana, tenemos las tardes a diario para estar con ellos. Yo vengo de una familia humilde y recuerdo a mi padre llegar de trabajar a las diez de la noche para darnos el beso antes de que nos fuéramos a dormir. Siempre se ha tenido que ganar la vida como ha podido, como corredor de seguros, en empresas de muebles, viajando en camiones. Aprecio mucho todo lo que ha hecho».

Javi Varas, gran aficionado al tenis («casi veo más partidos de tenis que de fútbol») y a la lectura antes de dormir, ha ido dándose cuenta de la importancia de dedicar más tiempo a sus seres queridos. «Antes era muy fatigas, acababa los entrenamientos y ya estaba viendo fútbol. Al final, te centras tanto en tu profesión que descuidas cosas que no hay que descuidar. Ahora, intento disfrutar al máximo de mi familia».