Real Valladolid

Pablo Machín: «Ojalá pueda igualar lo que consiguió Rubi»

Machín, durante un partido con el Girona esta temporada
Machín, durante un partido con el Girona esta temporada / Lluís Serrat-El Punt
  • El técnico del Girona no esperaba que su equipo liderase en solitario la tabla de la Liga Adelante tras diez jornadas

Pablo Machín (Soria, 1975) sigue obrando el nuevo milagro del Girona. La pasada campaña, salvó al club catalán del descenso a Segunda B y esta temporada le ha aupado al liderato de la Liga Adelante. El domingo se juega el primer puesto con el Real Valladolid.

–¿Le ha sorprendido el fulgurante inicio del Girona?

–Sí, la verdad. Mi intención era empezar bien para no pasar los apuros de la temporada anterior. Siempre es importante un buen inicio para la confianza y tener un colchoncito de puntos, pero no esperaba ser líder en solitario en la décima jornada.

–Se marcó como objetivo inicial la permanencia. ¿Ha cambiado?

–Me considero una persona cabal y sensata. Por todos los condicionantes que tenemos, desde lo mal que lo pasamos la campaña anterior al bajo presupuesto con el que contamos, lo lógico es que sigamos con el objetivo de la permanencia, el de lograr 52 puntos que darán viabilidad al club. Pero como profesional soy el más ambicioso del mundo: cuando consigamos el objetivo, tenemos que ver dónde estamos y a lo que podamos optar.

–¿Cuáles son los factores del éxito del Girona esta campaña?

–Haberlo pasado mal la temporada anterior es importante y se lo recordé mucho a los jugadores durante la pretemporada. Además, conocía a los futbolistas del año pasado y he tenido mucha implicación en los fichajes. A partir de ahí, la constancia, el trabajo, la búsqueda de futbolistas que quieran mejorar, que tengan hambre, que quieran demostrar que su sitio no es la Segunda B... Con esos valores hemos conseguido hacer un equipo sólido y solidario. Todos tenemos claro qué hacer.

–¿No han notado los refuerzos el salto de Segunda B a Segunda?

–La valía se demuestra en el verde. Primero, en los entrenamientos y después, en cada partido. Estos futbolistas me han demostrado desde el primer momento que estaban a un nivel alto. Podíamos tener dudas, porque la pretemporada suele ser engañosa, pero conforme avanzan las jornadas se han asentado. Me ofrecen total confianza y me demuestran que son tan válidos como cualquier otro para Segunda División.

–El esquema 5-3-2 o 3-5-2, según cómo se mire, ¿es fruto de la confección de la plantilla o una apuesta suya como técnico?

–Es un sistema con el que había jugado como futbolista. En el Numancia, lo empleé como alternativa a una línea de cuatro, aunque nunca lo había llevado a la práctica hasta el año pasado. Cuando llegué al Girona, habían pasado dos técnicos que jugaban de la misma forma y creía que debía cambiar muchas cosas: desde los entrenamientos hasta el sistema. Los futbolistas tenían que percibir el cambio y creí que se adaptarían. Este año hemos buscado fichajes para ese esquema. Pienso que hemos acertado. Los jugadores confían en esta forma de jugar y los resultados nos dan la razón.

–Con esa idea, logra mucha superioridad en el centro del campo y por ahí se ganan los partidos...

–El equilibrio se consigue desde el medio. El que domina el centro del campo, domina el partido. Nuestra idea es que el sistema se parezca más a un 3-5-2, porque será señal de que mandamos. Queremos futbolistas cerca de nuestra portería cuando defendemos y cerca de la portería rival cuando atacamos. Esto nos los aporta el potencial físico de los carrileros.

–¿Fue un reto personal dejar Soria, donde se había desarrollado toda su carrera, y llegar a un Girona al borde del precipicio?

–Sí. Era uno de los alicientes que tenía para salir de casa. Mucha gente no sabía si darme la enhorabuena o el pésame. Se me podía encasillar como un entrenador que había hecho bien las cosas en Soria, pero solo allí. Quería demostrarme a mí mismo que podía lograr lo mismo en otros sitios. Arriesgaba mucho, pero desde casa no se consigue nada. Gracias al trabajo de los futbolistas y a todo el entorno, logramos mantener la categoría.

–Ha demostrado que no es entrenador de un solo club y ya despunta en Segunda. ¿Ve cercano el salto a Primera?

–Quizá el carácter nos lleva a los castellanos a ser demasiado sensatos, pero yo nunca he tenido como reto, ni a corto ni a largo plazo, entrenar en Primera División. Empecé por vocación, porque me encanta el fútbol. Mi objetivo era dirigir al Numancia, el equipo de toda mi vida. Lo conseguí. Siendo segundo entrenador, ya viví la experiencia de estar en Primera. Me considero un privilegiado y disfruto de cada día. Sería prematuro decir ahora que el objetivo a corto plazo es entrenar al Girona o a cualquier otro club en Primera. Si tiene que llegar, llegará.

–¿Qué diferencias hay entre el Numancia y el Girona?

–En lo personal, es totalmente diferente para mí. En Soria conocía todos los rincones del club y a todo el mundo, y todas las personas me conocían. En algunos aspectos, eso es positivo, pero en otros no. En el Girona tuve que ganarme el respeto y la confianza. En otros aspectos, el Numancia es un club ejemplar, con una infraestructuras que están a años luz de la mayoría de entidades de Segunda. El Girona tiene déficit de infraestructuras, aunque ahora está tratando de cambiar las cosas y de optimizar recursos con mucha ilusión.

–¿Se sigue recordando a Rubi en Girona o ya solo se habla de Machín?

–De Rubi se hablará siempre. Ojalá pudiera igualar lo que logró él, ya no digo superarlo. Es verdad que mis números en el Girona hablan de una buena línea, pero Rubi consiguió estar en una final para ascender a Primera y Pablo Machín lo más parecido que ha hecho es salvar al Girona de caer a SegundaB. ¡Ojalá me sigan comparando con él hasta final de temporada!

–¿Tienen buena relación?

–Existe un gran ‘feeling’ porque somos entrenadores semejantes y, siempre que coincidimos, mantenemos conversaciones amenas. Además, colaboradores suyos de esta temporada estuvieron conmigo la pasada campaña.

–¿Cómo ve al Real Valladolid?

–Lo más real son las cifras y los números hablan de un Valladolid muy bueno y equilibrado. Es un equipo al que le generan pocas ocasiones, que domina a partir de la posesión y con futbolistas de muchísima experiencia y calidad. A la larga, hay más posibilidades de ganar partidos que se decidan por el aspecto individual. Y todo eso lo sabe conjugar un gran entrenador como Rubi.

–¿Es lógico pensar que el Girona puede desinflarse?

–Si el fútbol fuese como el baloncesto, balonmano o voleibol, los equipos con mayores presupuestos siempre estarían arriba. Pero la grandeza de nuestro deporte es que los presupuestos ayudan, pero no garantizan conseguir el objetivo final. Por presupuesto, nosotros deberíamos estar penúltimos, pero nos encontramos arriba. Se lo pondremos difícil a todo el que quiera superarnos, en Montilivi y fuera.

–¿Cómo espera el partido del domingo?

–En cuanto a sistemas, será parecido al de Copa, pero los sistemas los hacen los futbolistas y la calidad individual suele decidir. Serán los mimos esquemas, pero no los mismos jugadores. Espero que sea diferente, sobre todo en el resultado.

–¿Echa de menos Soria?

–Como profesional, más del 75% del tiempo lo invierto en hacer mi trabajo. Queda poco tiempo para el resto. Pero es verdad que mis hijas pequeñas lo pasan un poco mal por la distancia. Me he encontrado con una ciudad muy acogedora, que me ha tratado de manera fenomenal y, cuando las cosas van bien, todo merece mucho más la pena.