Real Valladolid

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El presidente de la salvación

La empresa Dorna jugaba con la baza de quedarse como adjudicataria de la publicidad estática del estadio José Zorrilla, cuya cesión gratuita para su explotación había solicitado el club al Ayuntamiento, a cambio de un aval de 253 millones, que eran justamente los necesarios para entrar en el Plan de Saneamiento. Y mientras, tanto Dorna como el propio Consistorio le iban dando largas a Gonzalo. Tan es así, que llegado el momento de la verdad, y como quiera que Dorna no veía garantías de poder explotar una publicidad que el Ayuntamiento no había liberado a favor del club, optó por realizar una oferta impropia. Más que oferta, aquello era un abandono. Y ahí Gonzalo terminó por claudicar.

Con este panorama y las fechas de los plazos para la entrada en el Plan de Saneamiento prácticamente agotadas, hace acto de presencia el segundo grupo actor de este enredo. Se trata del Consistorio, con Tomás Rodríguez Bolaños al frente, y su fiel escudero económico, Pascual Fernández, a la sazón concejal de Hacienda, a un costado. El tercero, es decir el grupo de empresarios ajenos a Andrés, es el que se encarga de reclutar el propio alcalde. Y ese, aunque llevaba tiempo fraguándose, tardará unos pocos días en salir a escena. Pero volvamos con el Ayuntamiento y su papel capital, lógico por otra parte, en toda esta historia.

El último día de septiembre de 1991, el alcalde, acompañado de Pascual Fernández, se reúne en su despacho municipal a las cuatro y media de la tarde con Gonzalo Gonzalo y Andrés Martín. Objetivo único: desbloquear la situación y encauzar el deseo de ambos de relanzar el club; Gonzalo, dejando vía libre, y Andrés, asumiendo el reto, ambos con los munícipes como fedatarios de excepción.

Tan claras estaban las cosas con aquel pacto de caballeros ya relatado en el capítulo anterior, que tras aquella reunión y con unas pocas horas de por medio, de nuevo alcalde y el concejal de Hacienda se volvían a reunir a las nueve y media de la noche con el grupo de empresarios que promovía Andrés Martín junto con Luis Real. Eran los mismos que semanas antes, y en la cafetería Brasilia de Huerta del Rey, había convocado el propio Real para presentar a Andrés como principal valedor de aquel proyecto, y que todos terminaron por aceptar. Días antes, Jesús López, el gerente del Logroñés de Marcos Eguizábal y amigo personal de Andrés Martín, había acudido a las oficinas del estadio Zorrilla para censurar las cuentas y de esta forma poder presentarle un informe claro acerca de la situación real.

Como entre ambos habían sacado diez empresarios a 25 millones per cápita, y en aquella reunión se le pedía al alcalde que sacase al menos otros diez, se esperaba que con los 500 a recaudar se pagase el oxígeno para seguir respirando. Y Bolaños, que ya tenía una idea muy aproximada de la ‘alineación’ que iba a presentar, cumplió. De la misma forma que lo habían hecho Andrés Martín y Luis Real. ¡Vaya si cumplieron!

Al aparecer ante la opinión pública como factótum salvador, aglutinando los deseos del club con los del propio Ayuntamiento –como máximo representante de los intereses ciudadanos–, la figura de Tomás Rodríguez Bolaños adquiere en ese momento una dimensión inusitada y tremendamente valorada por todos los vallisoletanos. Su afición por el fútbol, que le viene desde muy atrás (habrá que hacer una retrospectiva suya con el San Carlos como telón de fondo), le hacía profundo conocedor del mundillo futbolístico, al tiempo que su amistad con varios jugadores del club, algunos como Antonio Santos ya retirados entonces, facilitaba la cercanía y el contacto.

La prensa, muy preocupada ya por entonces, tomó partido rápidamente por la vía de la ‘entente cordiale’ que salvase el club, y a tal efecto Javier González escribía en este periódico el día siguiente, 1 de octubre: «El momento ya no es delicado, ni siquiera caótico. Se trata de una situación histórica. Aquí, o se arrima el hombro o el Real Valladolid dejará de ser real y club de Primera, para reaparecer con otro nombre en categoría regional». El periodista narraba cómo uno de los asistentes a la reunión le confesó que «había visto muy optimista al alcalde, en el sentido de conseguir reunir un grupo lo suficientemente amplio como para evitar que desaparezca la entidad». ¿Se puede decir mejor y más claro?

En aquella pugna meritoria, gracias a la cual el club no desapareció, por salvar al Real Valladolid nadie –menos aún los políticos– quería quedarse fuera de la foto. Y a tal efecto, Adolfo García Díaz-Faes, portavoz entonces del Grupo Popular en el Ayuntamiento, convocaba una rueda de prensa en la mañana del jueves día 3 de octubre. El tema: ‘La ayuda económica del Grupo Popular Municipal al Real Valladolid Deportivo’. En dicha rueda de prensa, Díaz-Faes; León de la Riva, como presidente del grupo municipal; Gonzalo y Andrés hicieron una evaluación de las posibilidades que existían para ayudar al Real Valladolid. Los representantes populares entregaron un talón por valor de 840.000 pesetas, suma de las mensualidades del mes de septiembre de los trece concejales del partido.

Al mismo tiempo, abrieron en Caja España la cuenta 300.100.8674.9 para que los ciudadanos pudiesen ayudar. Como contrapartida: entradas infantiles para repartir entre los niños de los colegios de Valladolid y provincia. Me abstengo de relatar los comentarios políticos realizados por no hacer favor alguno al caso. Sin embargo, es de justicia resaltar el generoso y ejemplarizante gesto del Partido Popular en ese momento. Paralelamente, la vida deportiva corría idéntico peligro y el encuentro frente al Albacete del domingo día 6 de octubre se antojaba decisivo.