Real Valladolid

fútbol | liga adelante

El 'método Rubi'

Joan Francesc Ferrer ‘Rubi’, en la Plaza Mayor de Valladolid.
Joan Francesc Ferrer ‘Rubi’, en la Plaza Mayor de Valladolid. / Gabriel Villamil
  • El técnico blanquivioleta detalla su trabajo, basado siempre en un exhaustivo análisis del rival

Suena el despertador. Son las ocho de la mañana de un lunes y Joan Francesc Ferrer ‘Rubi’ se levanta de su cama en el barrio de Covaresa. El entrenador del Real Valladolid no tardará mucho en llegar a su pequeño despacho del estadio José Zorrilla, junto al vestuario del primer equipo. «Entre las 8:30 y las 9:00 estoy allí. El entrenamiento ya está programado así que lo que hago es ver el último partido», explica Rubi. Manel González, uno de sus ayudantes, se ha encargado de grabar el choque desde la grada y las imágenes han sido editadas: «Cortamos cada vez que el balón sale fuera. El partido se queda en 30 minutos por parte, así que en una hora ya lo he repasado entero», indica el técnico.

Rubi quiere analizar de nuevo el encuentro porque en una hora y media llegarán los jugadores al vestuario y les dirigirá una charla, que será más o menos breve en función de las circunstancias. «Hay días que en diez minutos lo tienes hablado. Otras veces, como sucedió después de perder en Leganés, dura 50 minutos». Rubi profundiza en aspectos del juego, corrige pautas del encuentro anterior y explica a los futbolistas la planificación de la semana.

Después de la sesión de un lunes (recuperación para los titulares, equilibrio de cargas para suplentes y no convocados), Rubi y sus ayudantes vuelven al vestuario-despacho del cuerpo técnico. Xabi Gil es el preparador físico y se encarga de coordinarse con los médicos del equipo. Gil transmite al entrenador las cautelas con jugadores que han recibido golpes. El técnico se reúne con sus ayudantes colectiva e individualmente. En el vestuario permanecerá muchas horas de la semana que entra.

«Algunos días incluso almuerzo allí», explica Rubi. «En el vestuario del primer equipo hay una mesa con sándwiches, jamón y queso. A principios de semana voy menos cargado de faena: me centro en los entrenamientos mientras parte del cuerpo técnico ya está profundizando mucho en el rival».

Como es lunes, Rubi tendrá tiempo de pasar por su casa de Covaresa para comer, pero no tardará mucho en retornar al estadio. «En hora y media ya he vuelto. Una vez que he acabado con la parte de los entrenamientos, o a veces interrelacionado, miro bastantes partidos del rival. Independientemente de que mi cuerpo técnico esté seleccionando imágenes y esquematizando el juego de los contrarios, a mí me gusta ver los partidos enteros».

Como la mayoría de los clubes profesionales españoles, el Real Valladolid trabaja con las imágenes que sirve la Liga de Fútbol Profesional a través del programa Media Coach. La empresa Mediapro se encarga de recopilar todo lo que sucede en los terrenos de juego con 16 cámaras fijas en cada estadio. Los técnicos pueden observar los movimientos de las líneas rivales, aislar tipos de jugadas y muchas otras funciones a golpe de clic. «Es suficiente para nosotros», subraya Rubi. «Aunque a veces hemos ido a grabar algún partido, sobre todo a Miranda, porque cogemos los rivales que deja el Mirandés». Al margen de estos datos, Xabi Gil y Rubi recopilan mucha información numérica en sus ordenadores. Entrenador y preparador físico forman un minidepartamento estadístico blanquivioleta.

Entre las siete y las ocho de la tarde, Rubi abandona el estadio José Zorrilla. Suele aprovechar este momento para correr durante unos 50 minutos, oxigenarse y ordenar sus pensamientos. El martes tocará jornada de descanso, pero el entrenador blanquivioleta no desconectará del todo. «Soy un poco inquieto: si veo que no tengo la planificación muy al día, dedico este día de ‘fiesta’ a trabajar». Rubi empleará al menos entre cuatro y seis horas del martes de descanso a asuntos relacionados con el equipo.

Diferentes cargas por semana

Las semanas de entrenamientos son diferentes. Algunos técnicos optan por sesiones casi calcadas, pero Rubi y sus ayudantes varían las cargas de trabajo. «Hay momentos en la temporada en los que vale la pena apretar. Aunque lo pagues a corto plazo, acabará dando resultado. Vamos haciendo esas curvas. Algunas semanas toca trabajar más físicamente y en otras, las estándar, incidimos en tareas tácticas».

El trabajo de diseccionar a los rivales empieza pronto, durante cualquier fin de semana en el que el técnico y sus ayudantes observen un partido por televisión. El preparador físico, Xabi Gil; el segundo entrenador, Jaume Torras, y el propio Rubi elaboran un ‘dossier’ de cada encuentro de Segunda que ven. Los informes están muy esquematizados –se emplean los mismos códigos– y quedan guardados en carpetas. Sin necesidad de reunirse todos (aunque también lo hagan), les basta con echar un vistazo a los documentos para tener una visión global del contrincante. Esto les servirá para preparar los entrenamientos: «Hay tres o cuatro tareas a la semana que van orientadas al partido, en función de cómo juega el rival, ya sea para atacar o para defender».

Las sesiones de vídeo

Existen tres maneras de que los jugadores del Real Valladolid vayan entendiendo qué tipo de contrincante se encontrarán y el modo más efectivo de plantarle cara. «Una es la puramente verbal», desgrana Rubi. «Les digo: ‘que sepáis que estamos entrenando esto porque nos enfrentamos a un equipo que hace esto y lo otro...’. Luego están los ejercicios de campo: ‘hacemos esto porque por aquí podréis entrar por la banda y entonces...’. Y posteriormente está el vídeo. Se hacen las tres cosas cada semana. Así, cuando ven las imágenes, ya lo tienen todo muy fresco».

Las sesiones de vídeo tienen lugar en la sala de prensa de Zorrilla y también en los hoteles de concentración. El montaje se divide en dos: por un lado, la parte ofensiva y defensiva del rival (incluyendo el balón parado en las dos facetas); por otro, las individualidades. Rubi trata de que el vídeo no supere los 20 minutos en su conjunto, pero no siempre resulta posible. Las acciones colectivas del equipo contrario suman invariablemente 16 minutos (ocho la parcela atacante, ocho la parcela defensiva), pero las individualidades pueden alcanzar los quince minutos. «Si nos vamos a un vídeo de media hora, lo desglosamos. El viernes pasamos las individualidades, y el sábado, la parte ofensiva y defensiva». En estas sesiones, los futbolistas del Real Valladolid ya saben qué tipo de rivales se van a encontrar. Durante la semana, algunos jugadores pueden recibir indicaciones sobre su propias acciones para reforzar lo que hacen bien o corregir lo que hacen mal con imágenes personalizadas de los últimos partidos.

Ordenar las imágenes

Los jueves y los viernes, los días que Rubi suele comer en el estadio Zorrilla, el técnico anda cargado de trabajo. Sus ayudantes le presentan un vídeo del rival que suele durar unos 40 minutos. A Rubi le toca expurgarlo para que se quede cerca de los 20 minutos ideales. «Soy yo el que va a trasladar las ideas a los jugadores y necesito ordenar yo mismo las imágenes», apunta. El cuerpo técnico trabaja con ordenadores Mac y el programa iMovie de Apple. «En esto somos muy sencillos. Le damos más prioridad a recopilar la información. La presentación es correcta, pero no buscamos una primera producción de cine...».

El director deportivo del Real Valladolid, Braulio Vázquez, baja prácticamente cada día a hablar con Rubi y a intercambiar opiniones sobre posibles fichajes. El técnico observa los nombres propuestos por Braulio a través de WyScout, un completísimo programa que permite acceder a una base de datos, imágenes en vídeo y partidos de 220.000 jugadores de todo el mundo. La suscripción a esta plataforma cuesta 290 euros al mes en su versión más completa.

«Braulio no se mete en nada de lo que respecta a las alineaciones. Es más, muchos días baja al vestuario media hora antes del partido y no saca el asunto de si juega este o el otro. Sin embargo, a mí sí me gusta darle explicaciones para que comprenda por qué hacemos las cosas. Entiendo que él, que es la figura más importante a nivel deportivo, debe saberlo», expone Rubi. El técnico y el director deportivo van de la mano en este proyecto. «Siempre me ha hecho partícipe a la hora de traer a un jugador. Yo me siento tan responsable como él de los fichajes».

Concentraciones

El día previo a un partido, se percibe la seriedad en el ambiente. Los futbolistas matan las horas en los viajes con sus iPads y auriculares, o jugando a las cartas. El tiempo de la película en el autocar ha quedado atrás. «Alguna vez se hace, pero pocas veces ya», constata Rubi. En estas concentraciones, el cuerpo técnico presta especial atención a la dieta. «Intentamos garantizar que en los días en los que estamos juntos no coman productos de bollería, fritos... Lo demás pasa por cumplir los horarios y mantener una actitud de respeto entre todos».

Los futbolistas siguen pautas de alimentación durante toda la temporada, asesorados por el nutricionista Fernando García. «Es el que nos ayuda con esos cuatro o cinco jugadores que pueden tener más necesidad. Regularmente, se les toma a todos los pliegues de las grasas. Hay unos límites que no pueden pasar. La primera vez, les damos una oportunidad. A la segunda, hay una sanción económica», desvela el entrenador.

El código de Rubi en el vestuario no difiere mucho del de otros técnicos, pero sí presenta algunas particularidades. «Fijamos una norma que es un poco extraña: no se pueden chutar balones entre los ejercicios de los entrenamientos. Ponemos una pequeña multa al que lo haga para evitar que el recogepelotas tenga que estar detrás de todos los balones o para evitar que un futbolista reciba un pelotazo sin que se lo espere. Esto nos funciona muy bien porque nos da orden. Entre ejercicio y ejercicio hay que recuperarse, beber agua si se quiere y prepararse para el siguiente. Nuestra idea del régimen interno no viene de nuestras ganas de sancionar a nadie. En un grupo, siempre hay tres o cuatro que son buena gente, pero que si les das un dedo, te cogen el brazo. Por ellos viene el régimen interno. Con el dinero de las multas, hacemos una comida o cena cada dos meses».

Día de partido

Las charlas en los días de partido permiten romper con la espera. Si el encuentro es a última hora, se desarrollan por la tarde. «Se trata de sesiones con vídeo. Les hago una pequeña explicación de lo que van a ver o incido en aspectos motivacionales, que no están en el vídeo, para tocar la fibra a algún jugador. Normalmente, conocen la alineación en este momento». En función de los casos, Rubi ofrece explicaciones o no a un futbolista que ha perdido la titularidad. A veces, le utilizará como recurso desde el banquillo y quiere que se encuentre preparado y no sumido en la decepción.

El equipo se encamina hacia el estadio antes de lo que el técnico desearía. «Si por mí fuera, llegaría al campo con una hora y diez o una hora y cinco minutos de antelación. Pero entiendo que los jugadores necesitan acondicionarse, y los fisioterapeutas y masajistas, hacer su trabajo. Al final, llegamos hora y media antes».

El entrenador, en uno de los vestuarios del estadio Zorrilla.

El entrenador, en uno de los vestuarios del estadio Zorrilla. / Ricardo Otazo

Lo primero que hace el técnico cuando accede al estadio antes de un encuentro es recordar a los futbolistas por escrito cómo deben atacar y defender las acciones a balón parado. «Les colgamos dónde va cada jugador en cada córner y en cada falta lateral. Una hora antes nos llega la alineación del rival. Hago una pequeña charla de cinco, diez, máximo quince minutos, para reforzar lo que nos interesa, detallando la información del contrario y buscando el punto de motivación para que el equipo salga concentrado».

Los descansos de los partidos también están pautados. Los primeros cinco minutos, un miembro del cuerpo técnico (nunca Rubi) permanece con los futbolistas mientras bajan las pulsaciones, se recuperan y beben agua. Mientras, Rubi estructura un breve discurso para corregir situaciones negativas y reforzar las positivas. Le suelen acompañar Xabi Gil y Jaume Torras. «Me dicen: ‘yo he visto esto, yo lo otro’. Saco conclusiones. Luego entro y hablo con los jugadores durante cinco o seis minutos».

El paso por el vestuario después de un partido suele ser «un momento muy delicado», expone Rubi. «La gente está afectada, para bien o para mal. Si es para bien, todos contentos, pero cuando las cosas no han salido, es el peor momento para ir allí y decirle algo a un jugador. Hay que esperar al día siguiente para corregir errores».

En la sala de prensa

A Rubi aún le espera la comparecencia en la sala de prensa y dispone de un periodo estipulado para poner en común ideas con sus ayudantes. «Fuera de casa, contamos con 12 minutos desde que acaba el partido hasta que nos tenemos presentar ante los periodistas. En Zorrilla tenemos más tiempo porque primero comparece el técnico rival. Me junto con Jaume y con Xabi para no decir algo que solo haya visto uno: ‘oye, Rubi, que tú has visto esto, pero nosotros pensamos que ha pasado otra cosa...’. Buscamos unificar criterios para entrar con fuerza, entre comillas, en la sala de prensa. A partir de ahí, yo siempre intento ser honesto. A veces me sabe mal, porque se hace un corte por allí, un corte por allá y da pie a un titular que no me gustaría leer, porque no era la intención. Pero intento responder siempre a lo que me preguntan, incluso si eso supone reconocer que algo no ha salido como yo quería».

El ánimo en los desplazamientos de vuelta cambia en función del resultado. El abatimiento es absoluto tras las derrotas y el viaje se hace muy pesado. «Pero este año tengo suerte, porque Valladolid queda bastante cerca de todos los sitios. Cuando vuelves en autocar de Huelva a Gerona o de Lugo a Gerona o de Vitoria a Gerona y no has ganado, todo es mucho más duro».

Pensar en las decisiones

Rubi llegará a casa después de un partido y podrá dormir mejor que en la víspera. A veces le reconcomen las decisiones que ha adoptado. «El día anterior, sí tengo alguna intranquilidad cuando estoy siendo un pelín injusto con algún jugador o cuando no estoy al cien por cien seguro de que aquello será lo mejor. Pero nunca por el resultado. No pienso: ‘si perdemos mañana...’. No, porque nos hemos vaciado durante toda la semana para llegar con confianza. Pero hay veces en que, ostras, voy a dejar fuera a este futbolista que estaba jugando... Es la situación que más me cuesta llevar. Tras un encuentro, le doy muchas vueltas: si hubiera hecho esto o lo otro... Pero luego sé parar. Hasta aquí y mañana sigo».

Suena el despertador. Son las ocho de la mañana del lunes y Rubi se levanta de su cama en el barrio de Covaresa. El entrenador del Real Valladolid no tardará mucho en llegar a su pequeño despacho del estadio José Zorrilla...