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Alberto López: «Mi idea pasa por arriesgar poco»

Alberto López, durante un partido con el Alavés de esta temporada.
Alberto López, durante un partido con el Alavés de esta temporada. / Jesús Andrade
  • El entrenador del Alavés, y exportero de la Real Sociedad y del Real Valladolid, aspira a que el equipo vitoriano sea «pesado»para los rivales

Los aficionados recuerdan a Alberto López Fernández (Irún, 1969) como aquel legendario portero de la Real Sociedad que acabó su carrera en el Real Valladolid, club con el que logró el ascenso a Primera en 2007 como ‘trofeo Zamora’. Ahora, dirige desde el banquillo los designios del Alavés.

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–¿Cómo ha sido su evolución profesional desde que abandonó el fútbol en activo tras la última etapa en Zorrilla?

–Terminé en el Real Valladolid con 40 años y me planteé lo mismo que la mayoría de futbolistas que cuelgan las botas: ¿por dónde tiro? Entonces decidí sacarme el título de entrenador. De alguna manera, quería ver si esto me iba a llenar o no. En los últimos años como portero ya le estaba dando vueltas porque quería seguir enganchado al fútbol. Ir obteniendo los diferentes niveles de entrenador sirve para saber si es algo que te atrae realmente o, por el contrario, se queda como una oportunidad para otro momento.

–¿Y le atrajo?

-Sí, sí. Empecé a entrenar una plantilla de cadetes en el Real Unión mientras me sacaba los cursos. En seguida, me llamaron para dirigir al segundo equipo del club. Después, seguí haciendo camino. Aparecí en el Alavés como segundo entrenador y me tocó hacerme cargo del banquillo la pasada temporada en unas circunstancias complicadas, una situación límite. Nos salvamos en el último minuto del último partido, pero eso me permitió empezar la temporada gestionando los fichajes del equipo, los jugadores que se quedaban...

–¿Por qué tenía dudas de si encajaría como entrenador?¿Temía gestionar un grupo?

–No, no, no. Yo terminé mi carrera como futbolista con 40 años y eso significa que estuve más de 20 sometido a la máxima exigencia. El fútbol me encanta y la primera pregunta era: ¿sigo en lo mismo o no? Y había otra cosa. Todo el mundo asocia a que un portero solo puede ser entrenador de porteros. Era una frase recurrente. ‘Tú quieres entrenar, pero a porteros, claro’. Parecía que debía derribar una barrera y no entendía muy bien por qué. No dejaba de haber sido un jugador más dentro de las plantillas, con las mismas vivencias que el resto.

–E incluso con más visión del juego, por la posición sobre el césped.

–Eso es, con una capacidad de análisis diferente a la de un jugador de campo. El hecho de dirigir a un grupo suponía un reto que me atraía muchísimo.

–Lógicamente hay menos porteros que deriven en entrenadores por una cuestión numérica... Los guardametas son siempre minoría en las plantillas. ¿Qué le decían otros porteros?

–Frases del estilo: ‘¿primer entrenador? ¿Por qué? Te vas a meter en un lío...’. Parecía que se trataba de una cuestión de comodidad, pero yo tenía claro que buscaba el lote entero. No quería entrenar únicamente a porteros. Eso sí que habría sido más de lo mismo y me apetecía cambiar.

–¿Cuál es el aspecto más complicado con el que debe lidiar un técnico?

–Uno debe estar muy convencido de lo que hace cada día. Los jugadores desean aprender, pero el nivel de repeticiones es continuo. Hay que tener muchísima paciencia. Hablamos de jugadores profesionales, pero cada tres o cuatro semanas, hay que volver a empezar el ciclo para recordar situaciones si quieres que las cosas salgan. Hay conceptos que deben ser generales para el equipo. Algunas personas que están alrededor te dicen: ‘es que así no avanzamos’. Ya, pero sucede que los conceptos se van perdiendo. Otro punto es la gestión de grupos: cada uno es como es y asume su situación de una manera. Llegar a tocar la tecla de cada jugador resulta complejo. Se trata de mantener a todo el equipo vivo y no sólo a los que juegan habitualmente.

–¿Cuál es su ideal futbolístico?

–Partimos de un concepto de trabajo alto, de un concepto defensivo alto, de una buena organización. La idea pasa arriesgar muy poco, muy poco. Y ser un equipo sólido, pesado para los rivales, de esos contra los que no apetece jugar.

–¿Ha encontrado receptividad en el vestuario del Alavés?

–El tiempo lo dirá, pero por el momento estamos bien.Entiendo que el futbolista que no juega no se mostrará tan contento y los que tienen más minutos se encontrarán mejor. Pero veo a los futbolistas con ganas de hacer las cosas y quieren agradar siempre al entrenador. Estoy contento con el grupo de trabajo.

–¿Cómo califica hasta el momento la temporada de su equipo?

–Generamos unas expectativas muy altas en pretemporada. Jugamos contra equipos de Primera y les ganamos. No perdimos ningún partido de los siete que disputamos entonces y el inicio de la campaña fue muy bueno. Luego, hubo dos factores que nos hicieron retroceder. En dos partidos, fallamos dos penaltis. Uno en el minuto 92 que habría supuesto el empate tras ir perdiendo 0-3, contra el Barça B. Y un penalti que fallamos también en el minuto 92 frente al Alcorcón en un empate a uno. Eso hizo dudar al equipo, a pesar de los buenos partidos y el esfuerzo. Ahora, nos están costando más los encuentros de casa que los de fuera. A domicilio, jugamos mejor, con más chispa y alegría.

–¿Qué objetivo tiene el Alavés?

–El club ha permanecido en Ley Concursal hasta el pasado mes de diciembre. El equipo está bien, saneado y crece poco a poco. Trabajamos muy fuerte para mantener la categoría como primer objetivo. Luego, habrá dos, tres o cuatro equipos que se irán para arriba y otros diez o doce, que, dependiendo del ‘rush’ final, estarán mejor o peor. Veremos si somos capaces de meternos en ese grupo. La Segunda es larga y difícil y los equipos pasan rachas de todo tipo. Debemos mantener la calma y las ideas claras. Por ahora, lo vamos consiguiendo.

–¿A qué equipos ve más fuertes?

–Esto puede cambiar mucho, pero los que están ahora arriba: Las Palmas, Real Valladolid, Sporting... Hay otros conjuntos que estéticamente me gustan mucho, pero pasan por rachas de mejor o peor juego. El Zaragoza parecía que estaba mal, empezó a subir y ahora se encuentra un poco más justo. Hay equipos que por potencial se engancharán por arriba a poco que hagan. El Mallorca estaba en descenso, tuvo una racha buena y luego se volvió a parar. Va a ser difícil bajar a los que están en la cima desde el principio.

–¿Qué le parece más específicamente el Real Valladolid?

–Lo está haciendo muy bien, a pesar de las bajas de larga duración. Óscar se encuentra a un nivel espectacular y ves a jugadores rapidísimos como Mojica. Me encanta observar a Álvaro Rubio de nuevo ahí, corriendo, dando pases, llevando la manija del equipo. Le aprecio y le quiero mucho, hemos sido compañeros y me alegra que siga así. Independientemente de los resultados, se ve que el Real Valladolid es un equipo importante en la categoría.

–¿Mantiene el contacto con excompañeros como Álvaro Rubio?

–Sí, sí. Nos felicitamos las fiestas, nos llamamos. No es lo de antes, en el vestuario, aquel día a día, pero seguimos hablando. También con Alberto Marcos, con el presidente, Carlos Suárez, con el que he coincidido varias veces. Pasamos años juntos y es gente que está ahí para ayudar. De vez en cuando nos llamamos para otro tipo de cosas, más profesionales, hablamos de jugadores... Se trata de una relación muy cercana.

–¿Qué aspiraciones tiene como entrenador?

–Seguir haciendo camino. No sabes dónde irás, así que hay que seguir trabajando. Se trata de meter muchas horas, estar encima, apretar a los jugadores, vivirlo 24 horas al día. Mientras alguien confíe en mí, aquí seguiré.

–¿Valora más ahora a los técnicos que le han dirigido?

–Cuando uno es joven, se pregunta cómo puede alguien dedicarse a ser a entrenador. Luego, maduras y te das cuenta de que una salida preciosa para continuar en el fútbol.