Real Valladolid

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Retorno a Palamós

Caminero y Rocha, rodeados de aficionados tras el ascenso de 1993.
Caminero y Rocha, rodeados de aficionados tras el ascenso de 1993. / Ramón Gómez
  • El equipo blanquivioleta se mide el domingo al Llagostera en el mismo estadio donde ascendió en 1993

El nombre de Palamós flota en el imaginario blanquivioleta asociado a un episodio de máxima alegría. Aquí, en esta localidad de 18.000 habitantes del Bajo Ampurdán, el Real Valladolid logró el 20 de junio de 1993 culminar el retorno a Primera División y garantizar una subsistencia amenazada un año antes por la caída al pozo de Segunda. Desde entonces, el estadio de Palamós es sinónimo de éxito. Ahora, 21 años y medio más tarde, el Pucela vuelve al mismo escenario para medirse al Llagostera, un club cuyo recinto de juego no cumple los requisitos de la Liga y que se ha visto obligado a mudarse temporalmente al campo de la localidad vecina.

«Es exactamente el mismo estadio de entonces», explica Albert Dalmau, secretario del Palamós. «Básicamente, sólo se han reformado los banquillos, se han acondicionado un poco los vestuarios y la zona de las pruebas antidopaje. Aún no se han instalado tornos y los espectadores que se ubican en la zona de los goles [detrás de las porterías] tienen que permanecer de pie porque no se han colocado asientos. Si coges una foto de entonces y la comparas con la actualidad, verás que el estadio no ha cambiado».

El Real Valladolid retornará el domingo a este escenario, donde sólo jugó aquel lejano mes de junio de 1993. El Nou Estadi Palamós-Costa Brava, inaugurado en 1989, vive ahora sometido a una utilización extensiva que afecta a la calidad del césped. «Ya estaba estropeadillo a inicio de la temporada y ahora se resiente al entrenar y jugar aquí el Llagostera y nosotros...», apunta Dalmau. Los dos clubes gerundenses tienen asignado un día para trabajar en él durante las semanas que juegan como locales. Del mantenimiento, se encarga el Ayuntamiento de Palamós, ya que el campo es de titularidad municipal. Palamós y Llagostera se coordinan para no interferir en los tratamientos que recibe el césped.

De la desilusión a la euforia

«¡Cómo no acordarse de Palamós!», exclama Onésimo Sánchez, uno de los futbolistas del Real Valladolid que formó parte del once inicial en aquel partido del ascenso en junio de 1993. «Atravesábamos una época muy mala, con muchas situaciones heredadas del año anterior. Veníamos de la temporada de los colombianos, de sufrir impagos, del descenso a Segunda División un año antes... Todo el mundo se había desilusionado un poco y los aficionados volvieron a engancharse con un gran equipazo en el que estaban jugadores como Amavisca o Caminero», apunta el exfutbolista.

El alcalde, Tomás Rodríguez Bolaños, sube al tren que llevaba a los aficionados pucelanos a Palamós.

El alcalde, Tomás Rodríguez Bolaños, sube al tren que llevaba a los aficionados pucelanos a Palamós.

Onésimo recuerda que el estadio del Palamós «era casi blanquivioleta» después de una semana cargada de motivación y alimentada por el tren del ascenso que viajó hasta la Costa Brava abarrotado de aficionados pucelanos, entre otros Tomás Rodríguez Bolaños, a la sazón alcalde de Valladolid, quien no dudó en pasar la noche en la litera del ferrocarril para apoyar al equipo al día siguiente.

«Fue muy famoso aquel tren», rememora Javier Yepes, quien entonces entrenaba al equipo sub 19 del Real Valladolid y que acudió a Palamós como espectador. «Se desplazó mucha gente joven, con camisetas, bufandas, banderas... A un evento como éste se apunta todo el mundo. Reinaba un gran ambiente y existía la sensación de que el partido se iba a ganar sí o sí».

La lesión de Onésimo

El Real Valladolid se jugaba en Palamós el ascenso directo y no pasar por la tortura de la promoción. Dependía de sí mismo y le acechaban Racing de Santander y Mallorca. «El ambiente era el de una final», evoca Onésimo. El Palamós, obviamente primado para que opusiera resistencia, comenzó pegando fuerte. «El portero me hizo un penalti clarísimo nada más empezar, pero el árbitro no lo pitó», prosigue Onésimo. «Era mi último partido con el Real Valladolid, el equipo de mi vida, y me lesioné de gravedad. Yo no solía meter el pie, el valiente era Alberto, pero nos jugábamos la vida y en aquella jugada sí lo hice. Estábamos supermotivados. Se trataba de ganar o ganar».

La Plaza Mayor, abarrotada, rindió homenaje a los jugadores.

La Plaza Mayor, abarrotada, rindió homenaje a los jugadores.

El colegiado del partido, Carmona Méndez, pitó un primer penalti dudoso a favor del Real Valladolid en el minuto 8. Iván Rocha marcó el 0-1, pero nueve minutos más tarde, el Palamós empató con un gol de Jordi tras un despiste de Caminero. Antes de llegar al descanso, Horcajada zancadilleó a ‘Cami’ y Rocha rubricó el 1-2 final, de nuevo desde el punto de penalti. «Uno de los dos penaltis fue muy dudoso para todo el mundo, excepto para el árbitro. Luego, el Palamós estuvo a punto de aguar la fiesta con una falta lanzada por Eduardo Vílchez, un futbolista que la campaña anterior había jugado con el Real Valladolid. No fue un partido sobresaliente. El Valladolid miraba de reojo al marcador y aguantaba el balón. Caminero hizo cosas buenas e Iván Rocha rompió la pelota en los dos penaltis que tiró. Los futbolistas del Palamós estaban primados, pero se veía claro desde el principio que no iban a poder...», dice Yepes.

Con Mesones en el banquillo

Felipe Mesones era el entrenador del Real Valladolid. El técnico argentino había tomado el testigo de José Luis Saso en una temporada que comenzó con un fugaz Marco Antonio Boronat en el banquillo blanquivioleta. Mesones tiene ahora 78 años, vive en Murcia y su memoria no llega tan atrás. «Le deseo al Valladolid toda la suerte del mundo. Mi familia y yo lo pasamos muy bien allí. Ya sólo me acuerdo de algunas personas contadas de aquella época. A Onésimo, por ejemplo, tuve ocasión de saludarlo recientemente en Murcia».

Palamós ha sido durante los últimos 21 años y medio una localidad que evoca un ascenso. El Real Valladolid no ha vuelto a aquel estadio y, ahora, de nuevo en Segunda, la historia le cita en la localidad gerundense, en un capítulo intermedio de una temporada con idéntico objetivo: retornar a la élite por la vía rápida.