Real Valladolid

Rubi y el factor Pereira

Pereira hace un signo de aprobación durante el encuentro de ayer en Palma.
Pereira hace un signo de aprobación durante el encuentro de ayer en Palma. / Joan Lladó
  • El técnico acertó al colocar al delantero gallego como 'nueve' con libertad de movimientos

A Joan Francesc Ferrer 'Rubi' le deben de zumbar los oídos cada vez que se anuncia públicamente una alineación del Real Valladolid. El coro de opinión se moviliza pronto en Internet. Ayer, tocaba piar contra la decisión del entrenador de dejar fuera del once inicial a Álvaro Rubio. El mediocentro es un faro para el equipo, sus compañeros le adoran, pero el técnico prefirió apostar por la pareja Timor-André Leão, un dúo más físico. Como los entrenadores no acostumbran a explicar antes de los partidos sus decisiones tácticas, Rubi recibió las invectivas habituales: tuits airados, anuncios de negros presagios y exabruptos que mandaban al entrenador blanquivioleta a tomar los vientos mallorquines. Rubi cometía un sacrilegio: abandonar en Son Moix el 4-3-3, retornar al 4-2-3-1, sacrificar a Álvaro Rubio y jugársela en punta con un delantero como Jonathan Pereira, al que por su altura se le adjudican más condiciones de 'diez' ratonil que de 'nueve' rematador.

El inicio del partido mantuvo caliente al coro de críticos. El Mallorca, sin hacer nada del otro jueves, se vio por delante en el marcador en un fallo defensivo del Real Valladolid. El gol de Marco Asensio suponía una primera losa para el Pucela. La pifia de la defensa blanquivioleta resultaba evidente, casi grosera. Pero el Real Valladolid no se puso nervioso ni acusó el golpe. Tampoco la alternancia de sistema táctico. Rubi aspira a que este equipo pueda mudar de piel, del doble pivote al 'trivote', sin despeinarse. Y el técnico ve a Jonathan Pereira más encaje como hábil delantero con una línea de tres detrás y el apoyo de Óscar González en la mediapunta. Eso sucedió ante el Alavés: el 4-2-3-1 llevó al delantero gallego a la titularidad, con Óscar como enganche. El 4-3-3 de Palamós le privó de un hueco en el once inicial, en detrimento de Óscar Díaz, al que se le han ido agotando las oportunidades.

Determinadas preguntas suenan chistosas tras la exhibición ofensiva que efectuó ayer Jonathan Pereira. ¿Es realmente un delantero puro? ¿Tiene gol? ¿No es acaso otro 'diez' que se solapa con Óscar González en el juego entre líneas? Sí, Pereira es un delantero de 1,66 metros, que obviamente no dominará el juego aéreo, pero que se mueve como una cobra sobre el césped. Y sí, es capaz de dar el último pase como un mediapunta, pero tampoco se ofusca cuando se encuentra frente al portero. El primer gol que marcó ayer fue una obra de arte digna de figurar en el museo del fútbol. Además, demostró un preciso entendimiento con Óscar: ahora te doy un gol, ahora me lo das tú a mí. Y, con tres dianas en el hatillo, dos asistencias en el zurrón y el balón del triplete a buen recaudo, demostró que Braulio Vázquez ha vuelto a cuadrar el círculo con un refuerzo de campanillas. Jonathan Pereira es un lujo (otro más) para el Pucela. Los buenos delanteros no se miden por su estatura, sino por su capacidad para crear peligro y marcar goles. Pereira anda sobrado.

Rubi acertó con la tecla en la alineación inicial. ¿Quién puede discutir ahora las decisiones del técnico tras la remontada y el 1-5 final? El 4-3-3 causó una oleada de críticas apresuradas antes de que el Pucela pulverizara al Barça B a finales de diciembre con el recordado 7-0. Luego, parecía el sistema perfecto, una formación invariable, pero ayer volvió a quedar de manifiesto que 4-2-3-1 también le sirve a este Real Valladolid convertido en un tifón ofensivo en Mallorca. Lo mejor de este esquema de dos mediocentros es que ofrece mucha libertad a los futbolistas y eso siempre trastoca a los rivales.

Jonathan Pereira no tuvo el día rematador ante el Alavés, pero su exhibición de ayer desmiente las impresiones de su debut. Con el delantero gallego en la punta del ataque, Rubi dispone del goleador que le faltaba en este patrón de juego.

Y Álvaro Rubio, un seguro, un jugador que ya forma parte de la leyenda blanquivioleta, fue reservado para los 23 minutos finales. Como el técnico se distingue por aprovechar sus recursos, el mediocentro riojano volverá a tener papeles estelares en próximos compromisos. Ayer, hasta los más críticos acabaron satisfechos.