El Norte de Castilla
Real Valladolid

PUERTA 17

Deporte como valor

Tengo por costumbre leer las sanciones que impone la Federación de Fútbol de Castilla y León en el fútbol provincial y regional. Y si se fija uno especialmente en las categorías de los primerizos, la mayoría de las amonestaciones van dirigidas a delegados y entrenadores. Creo que el objetivo principal por el que los padres toman la decisión de inscribir a sus hijos en alguno de los diferentes clubes de la ciudad, en estas categorías de fútbol 7, es para que sus hijos practiquen un deporte, se diviertan en entrenamientos y partidos y aprendan el significado de la palabra equipo. La mejor definición de este último término creo que la hizo Phil Jackson, laureado entrenador de baloncesto, que dijo: «Los buenos equipos pasan a ser grandes equipos cuando sus integrantes confían tanto los unos en los otros como para renunciar al yo por el nosotros».

Pero más allá del pensamiento colectivo que se desarrolla con la pertenencia a un grupo humano, creo que el deporte y en concreto el fútbol debe tener también un objetivo educativo y social de respeto, compañerismo y diversión. Hay un pequeño porcentaje de padres y entrenadores que no conciben más allá de la competición, que nos lleva a la peligrosa relación de derrota y fracaso.

Hace poco más de un mes, nuestro compañero Jesús Domínguez contaba que en un partido alevín un portero dejó el campo llorando ante los constantes insultos de un padre rival. Y esto quizá sea un hecho aislado y radical, pero uno que pasa los fines de semana de campo en campo y ve cómo es casi socialmente aceptado que los campos y estadios son escenarios de improperios, faltas de respeto y violencia verbal.

También el árbitro, tan fundamental en el fútbol como el resto de protagonistas, es convertido en enemigo público. No se le perdonan posibles errores y cada fallo es magnificado pero nunca se pone de relieve el acierto de sus decisiones.

El primer culpable de estos comportamientos es el que firma esta columna, puesto que no soy más que entrenador, que tiene la oportunidad de expresarse en el decano de la prensa vallisoletana. Pero creo que tenemos el deber y la obligación educativa, ya que compartimos mucho tiempo con niños y adolescentes que son esponjas y a los que tenemos que servir de ejemplo de conductas. Esto es un deseo utópico: convertir al deporte rey en un espejo de valores humanos y didácticos.

Para despedir, solo una cita más para mis compañeros y posibles padres lectores de estas palabras: «El mundo cambia con tu ejemplo, no con tu opinión».