Real Valladolid

Órdago perdido, partida nueva

  • Rubi se lo jugó todo a una carta. Y le ganaron

La derrota en Montilivi es algo más que un partido perdido. Y no lo digo porque sea el tercero consecutivo, ni porque con la pérdida de los puntos el ascenso directo quede ya demasiado lejos como para confiar en alcanzarlo. No. Es algo más porque ha supuesto la escenificación de una ruptura. La misma ruptura que se produjo el año pasado, por cierto. Ahora toca esperar a ver si hay enseñanzas que se aprendieron de lo que ocurrió la temporada anterior.

Rubi, por las razones que sean que tampoco se trata de desgranarlas ahora, decidió que la manera de variar la mala dinámica del grupo era echar un órdago al vestuario. Y se quitó a los tres capitanes de en medio. Y se rodeó de su guardia pretoriana: Timor, Leao, Chica, Mojica... Y se encontró con que el rival tuvo mejores cartas.

Rubi ha perdido una partida en la que no es el único responsable. Los jugadores, muchos de los cuales acumulan ya dos años muy flojos, tienen bastante que ver. Pero como, dice Javier Yepes, a los entrenadores les contratan para que den criterio y hagan jugar a un grupo de profesionales que saben de que va esto. Y ese es el agujero en el que está Rubi. Y del que no sale. Y no sale, probablemente, porque ha barajado tanto las cartas, ha provocado tantos descartes, ha jugado tanto a contrarrestar al rival, que ha terminado por no saber ver las cartas que tiene en la mano.

El error, el grave error, de Rubi ha sido empecinarse en que el equipo se adaptara al rival. Somos Valladolid, que tiemblen los otros. Ese es el mensaje que debe lanzar un equipo como el pucelano en Segunda División. Pero hemos lanzado justo el contrario. Y así ha terminado por irnos.